Apple escupe al cielo con su veto a la publicidad ‘online’

Apple escupe al cielo con su estrategia de amparar y permitir el bloqueo de los anuncios ‘online’. Se ha propuesto castigar a Google, el mayor gigante de la publicidad en Internet, pero sin medir los efectos colaterales que provocará la propagación de una nueva tecnología de destrucción masiva de valor y riqueza. Es el AdBlock. Las aplicaciones que ampara y apadrina Apple, a través de la última versión de su sistema operativo, eliminan la publicidad en las webs para que el usuario no se distraiga con mensajes que no sean de su presunto y estricto interés. Según justifica el cambio de rumbo de la multinacional de Cupertino, las páginas webs sin anuncios cargarán más rápido, los lectores se librarán de esos molestos y persistentes banners y animaciones, el consumo de datos móviles será menor. Al mismo tiempo, Google dejará de crecer como la espuma y el marketing ‘online’ dejará escapar ingresos de más de 63.000 millones de euros al año, según fuentes del sector.

Para entender la situación, basta con imaginarse que los fabricantes de papel (proveedores del soporte) y los quiosqueros (distribuidores) unen sus fuerzas para impedir que los periódicos y revistas incluyan publicidad en sus páginas. Poco más o menos, ésa es la fechoría que alienta Apple al promocionar en su tiendas programas como 1Blocker, Adblock Mobile, Adblock plus, Crystal, Peace, VPN in Touch, Blockr, Silentium, Purify Blocker o Block Bear.

Los usuarios serán los primeros damnificados, seguido de las tiendas de comercio electrónico móvil, la prensa ‘online’ profesional y los editores webs independientes. Lo de Apple es una chispa en un polvorín. Que nadie duda de que la agresión contra Google será respondida por el coloso de Mountain View con toda la fuerza de su armamento tecnológico, económico y mediático.

Pensar ingenuamente que todos los anuncios incomodan y que deben erradicarse viene a ser un tipo de totalitarismo impropio de nuestros días. Por muy poderosa que sea la compañía estadounidense, alguien debería decirles que ellos no inventaron Internet y que los movimientos irresponsables acaban como un tiro en el pie. Alguien debería explicarles que la gente enciende sus iPads para consultar webs de calidad, con contenidos gratuitos, que no se financian del aire sino de anuncios que hacen sostenible el tinglado. Alguien debería susurrar a los señores de Apple que la publicidad bien hecha no molesta, sino todo lo contrario. Alguien tiene que dar un golpe en la mesa y recalcar que la prosperidad de la industria de la sociedad de la información, de la que se beneficia Apple, depende en gran parte de la publicidad online. Por ese motivo, el golpe de estado de las aplicaciones que copan el ‘ranking’ del AppStore provocará consecuencias funestas para el ecosistema, es decir, para el espacio construido por el colectivo en el que todos conviven en un sano equilibrio entre la competencia y la armonía.

Según un estudio de Adobe y Page Fair, existen 20 millones de usuarios en todo el mundo de bloqueadores de anuncios en sus navegadores, casi la mitad de ellos en el último año, cifra que ha generado unas pérdidas en inversión publicitaria de 22.000 millones de euros

Apple debería estudiar la Historia para comprender que la censura no es un buen camino y que vetar la publicidad ya lo intentaron otros iluminados de ominoso recuerdo. Pensar que los anuncios son una rémora es de una pobreza impropia de la compañía más rica del mundo.

Pese al éxito de su sistema operativo cerrado, Apple no puede vivir en solitario. Si lo hiciera, acabaría muriendo y no precisamente de éxito ni de aburrimiento. Acabaría con sus días matando de inanición a gran parte de los suministradores de contenidos que fluyen por sus dispositivos a todas horas. Las redes sociales no se alimentan solas. De hecho, la mayoría de los argumentos que generan los debates 2.0 son asuntos destapados en los medios de comunicación tradicionales. Los anunciantes y medios son los primeros interesados en atraer la atención de las audiencias con talento, creatividad y eficacia. Un buen anuncio ayuda a vender mejor y a comprar con inteligencia. Pese a quien pese, se trata de información comercial que garantiza la supervivencia de gran parte de esa sociedad del conocimiento y de la información de la que tanto se beneficia la humanidad, incluida la propia empresa de la manzana.

Alguien puede pensar que quien esto escribe no es parte objetiva. Un periodista cobra a fin de mes gracias a la publicidad que factura su empresa editorial. Los periódicos ‘offline’ y ‘online’ no viven de los ejemplares o descargas que venden, sino de la inversión de los anunciantes interesados en hermanar sus mensajes con otros que informan con rigor, crean opinión y entretienen.

El Internet Advertising Bureau (IAB) dejó claro su malestar ante “el adblocking, recordando que la publicidad es el motor económico que impulsa el acceso gratuito a Internet”. Situaciones como el Adblock ponen de relieve la fragilidad de una sociedad de la información, que se sustenta sobre dos pilares, a cada cual más caprichoso: Google y Apple.

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