La Misión De La Vida

El evangelismo personal, un deber de todo cristiano

Antonio Mávil
Aug 22, 2017 · 7 min read

«Todo cristiano es un misionero o un impostor». — Charles H. Spurgeon

Una de las cosas que más disfruto es tomar tiempo de retiro personal. Para tener este momento busco lo sencillo, usualmente algún lugar donde pueda sentarme para tomar un buen café (o dos), leer mi Biblia y continuar con la lectura de algún otro libro con música tranquila de fondo. Y fue un día mientras tenía uno de esos momentos a solas con Dios, cuando leí la porción en las Escrituras sobre la vida de una mujer que se había encontrado a Jesucristo y había tenido una reacción muy peculiar. Esta historia se encuentra en el capítulo 4 del Evangelio de Juan, donde se relata que Jesús venía pasando por la ciudad de Samaria, ella estaba en un pozo sacando agua, Él acerca y se sienta junto a ella.

No se cuál habrá sido la reacción o los pensamientos de esa mujer al ver que Él se acercaba, porque las relaciones sociales entre los judíos y los samaritanos eran tensas. Jesús siempre fue determinante al romper protocolos, a él no le importó el “qué dirán” de los demás, pero la mujer se llevaba una sorpresa al ver que un varón judío se sentaba junto a ella sin prejuicio alguno. Incluso aparte de ir y sentarse al lado de la mujer que trabaja para obtener agua, Él le dice: “Dame de beber” (Juan 4:7). La sorpresa era mucha, ahora Él no solo se acercaba sino que también le dirigió la palabra. Esta samaritana en su impresión e incredulidad le dice “yo soy samaritana, usted es judío ¿por qué me está pidiendo algo a mí? ¿por qué me pide agua? su gente y mi gente no se llevan así” (Juan 4:9 paráfrasis). Pero Jesús le contesta “¡Ay mujer! Si supieras quien soy, serías tú la que me pediría agua a mí y yo te daría agua de vida” (Juan 4:10 paráfrasis).

La mujer seguía sin entender incluso lo cuestionó por lo que Él había dicho, tanta fue su incertidumbre que con soberbia le preguntó si era más que Jacob porque él había dejado preparado ese pozo del que ella estaba sacando agua en ese momento. Pero Jesús sabía que la mujer no comprendía aún de que hablaba.

“Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.” Juan 4:13–14

Esa fue la respuesta de Jesús, diciéndole a ella que Él le podía dar agua de vida eterna para no tener sed jamás. Después de esto, la mujer le pide de esa agua porque estaba cansada ya de caminar y cargar su cántaro con agua, ella seguía sin entender la ilustración de Jesús. Pero Él quería darle pistas para que llegara al punto donde ella pudiera entender a que se refería.

Jesús conocía el corazón de la mujer. Él sabía que ella tenía tanta sed en su alma y que había estado intentando saciarse en relacionarse con hombres, porque había tenido cinco esposos y en ese momento vivía con uno más que no era oficialmente su marido, estaba echando su balde al pozo incorrecto, un pozo donde no había agua. Jesús se lo dice y ella se sorprende creyendo que Él era un profeta más, y afirma convencida que vendría el Mesías que explicaría cosas aún más grandes. Jesús en su amor contesta “Yo soy, el que habla contigo” (Juan 4:26).

En este momento quiero que visualices la situación, la mujer sabría que vendría el Mesías, Aquél que revelaría las Verdades de Dios, pero ya estaba con Él, revelándole la verdad, es aquí donde su mente se aclara porque estaba teniendo una conversación con alguien que la conocía desde antes y a pesar de todo no la condena.

Imagina, vas caminando por por la calle y de la nada sale un presentador de algún concurso televisivo, se acerca a ti y grita con euforia: ¡Felicidades has ganado 1 millón de dólares! ¿Cómo reaccionarías sabiendo que nunca compraste un boleto de lotería, nunca entraste a un concurso y jamás diste tu nombre? Simplemente ibas pasando por ahí y fuiste seleccionado al azar. Comenzarías a sudar frío, estarías en shock, no sabrías si reír o llorar de tanta felicidad. La mujer samaritana tuvo este episodio, experimentó esa reacción, ella no podía contener la emoción, y nos enseña la misión de vida que todo cristiano debe tener:

· Vive para contarle a otros de Jesús

“La mujer dejó su cántaro junto al pozo y volvió corriendo a la aldea mientras les decía a todos: 29 «¡Vengan a ver a un hombre que me dijo todo lo que he hecho en mi vida! ¿No será este el Mesías?».” Juan 4:28–29.

Tanta emoción no cabía que la manera de manifestar esa adrenalina fue salir corriendo a su ciudad y contarle a todos los de ahí cerca sobre Jesús, El Mesías. Muchas veces entramos a una falsa comodidad donde empezamos a perder lazos con gente no creyente, nos aislamos y entramos en una esfera impenetrable. ¿En tu trabajo/escuela/casa/club deportivo saben que eres cristiano? ¿Tu vida realmente demuestra a Jesús? Vivir una vida religiosa no es demostrar a Jesús. Puede que estés rodeado de no creyentes y te guste poner música cristiana, hables de todas tus actividades eclesiásticas para “evangelizarlos” y a pesar de esos intentos fallidos tu actitud hace que los demás den la media vuelta. Jesús nos dejó el ejemplo claro con la samaritana, Él jamás se limitó a acercarse, no le habló religiosamente, no se puso a orar por sus necesidades, ni comenzó a exclamar al cielo “¡Gracias Padre por todo lo que haces en mí!” mucho menos la condenó, solo le pidió agua. La conversación fluyó sola. Estoy convencido que para que una persona conozca el amor y perdón de Dios debe entender la necesidad de Él mismo, el juicio de Dios y el pecado en el humano. Pero para hablar de esto tenemos que tener un corazón conectado con Dios donde fluya amor, la misericordia y no voces religiosas que condenen al infierno, eso no nos corresponde. Recordemos el amor, del que no somos dignos, con el que Dios nos atrajo.

· Cuéntales a otros para que se acerquen a Jesús

“Muchos samaritanos de esa aldea creyeron en Jesús, porque la mujer había dicho: «¡Él me dijo todo lo que hice en mi vida!». Cuando salieron a verlo, le rogaron que se quedara en la aldea. Así que Jesús se quedó dos días” Mateo 4:39–40

El objetivo de la samaritana en ir y contarles a los de su casa era que conocieran a Jesús, lo que Él le había mostrado. Solo eso. Ella no llegó a imponer, intentar cambiar vidas tampoco a rechazar si había incredulidad. Es probable que muchas veces hayas invitado a alguien a la iglesia y el intento no haya dado fruto, pero para invitar a la iglesia a alguien tienes que hablarle primero de Jesús, tenemos que cumplir nuestro deber, acercarnos, anunciar de Él y dejar que Él haga su obra. Solo Él puede preparar los corazones, nosotros jamás podremos porque no es obra humana.

La consecuencia tal acto tan frenético de la samaritana provocó en los vecinos un deseo que venía del corazón, querían que Jesús se quedara en la aldea, ella no forzó nada solo anunció con felicidad lo que había encontrado en Jesús. La meta de contarle a la gente sobre Jesús no es ganarnos un agradecimiento público, un diploma, un aplauso o tener la mejor foto de perfil en facebook predicando.

· La misión no es solo para misioneros

“Luego le dijeron a la mujer: «Ahora creemos, no solo por lo que tú nos dijiste, sino porque lo hemos oído en persona. Ahora sabemos que él es realmente el Salvador del mundo»” Juan 4:42

Amo las misiones, admiro a los misioneros que salen a predicar el evangelio fuera de su tierra, pero ellos no están para trabajar solos. Es una tarea de todo verdadero cristiano ¿A cuántos les hablado de Jesús? ¿Ha llegado gente de tu trabajo o escuela a la iglesia por lo que les has enseñado? ¿Has orado por los que te rodean? La samaritana no fue enviada a una nación lejana, tampoco recibió algún cargo para poder predicar de Jesús en su aldea, ella solo regresó a su ciudad de origen para decirles todo lo que había visto en Jesucristo, ella fue a enseñarles a aquellos que aún no le conocían. Su testimonio y sus palabras eran sencillas, creíbles y no religiosas, a tal grado que ellos pronunciaban convencidos “ahora sabemos que Él es realmente el Salvador del mundo”. La consecuencia fue eterna, vidas fueron impactadas por lo que Jesús había hecho en la mujer de Samaria. No te olvides de que tu misión en la vida es anunciar de Él hasta fin. No te olvides de relacionarte con la gente que tienes al lado, ellos necesitan a Jesús tanto como tu y yo. Que nuestras palabras y hechos sean flechas que apuntan visiblemente a la fuente de agua de vida eterna.

“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.” 2 Corintios 5:20

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