La decisión de Vara

Recogía la prensa días atrás declaraciones del Secretario Regional del PSOE de Extremadura en las que, en calidad de tal, pedía que “no le coloquen en pandillas, en grupos ni en nada, que no pertenece a ninguna”. Tiene derecho Fernández Vara a suscribir las etiquetas que estime oportuno, a coincidir con otros compañeros/as de partido en temas de importancia, incluso a coordinar las acciones de carácter interno que a su juicio crea necesarias. Tiene igualmente derecho a lo contrario, a ir de por libre, a no identificarse con ninguna corriente, ni a tener que actuar en inteligencia con otros secretarios regionales para alcanzar tales o cuales consecuencias orgánicas, políticas o de programa. Tiene, pues derecho a ser de todos y de ninguno… con el único condicionante de que este propósito sólo lo puede aplicar a partir de ahora, pues el pasado ya no tiene remedio, no es posible cambiarlo. Podemos interpretarlo, reescribirlo o como en la vieja enciclopedia distinguir entre los tres Juanes: el que él cree ser, el que los demás dicen que es y el que realmente será, aun cuando esta última perspectiva sólo la concede el paso del tiempo.

Suscribió Fernández Vara la etiqueta “Madina” en su momento, y nada se le puede reprochar por esta toma de posición, era su derecho y su elección. Prometió lealtad a Pedro Sánchez, vencedor de aquella pugna, e hizo bien, pues estaba obligado a ser leal con su secretario general. Después de la elecciones de junio y a la vista de los resultados, cuando el No era No, pudo plantear en el posterior Comité Federal un cambio de rumbo estratégico que permitiera condicionar los movimientos del PP y de su líder, pero eligió no hablar, como tampoco lo hicieron otros secretarios regionales en coincidente silencio con el de Susana Díaz. Encabezando una posición coincidente con otros dirigentes regionales y no expresada en el máximo órgano entre congresos, reclamó Fernández Vara libertad de expresión dentro del partido para debatir, ahora sí, la posibilidad de abstenerse para que Rajoy gobernara haciendo caer al PSOE en la trampa de que la gobernabilidad y evitar terceras elecciones era responsabilidad de los socialistas y no del PP; incluso abogó por una abstención técnica de 11 diputados. Esta posición política abortó cualquier posibilidad de gobierno alternativo a Rajoy, pues convertido el nacionalismo en el diablo y Podemos en el enemigo, no quedaba más salida que aceptar como presidente al Rajoy que Rubalcaba y Sánchez ligaron a la corrupción.

Luego vino el golpe de mano con el bien del país como argumento. Es fácil colegir que la dimisión de una vocal extremeña en la ejecutiva nacional no se produce sin la aquiescencia del secretario regional. Y que la toma de partido (y nunca mejor dicho) por la abstención fue apoyada por casi todos los representantes extremeños, situándose en el bando que obligó a dimitir al secretario general que había votado mayoritariamente la militancia. Aquellos episodios vergonzosos sí que parecieron a la ciudadanía una cuestión de pandillas. Y la cosa acabó con una Comisión Gestora que en lugar de convocar el congreso correspondiente, desde octubre se viene dedicando a dirigir el partido como si fuera una Ejecutiva, algo que no contemplan los estatutos. Esta Gestora, por lo demás, actúa a instancia de parte, toma represalia y castigo contra los diputados que votaron No a Rajoy más allá de lo que contempla el reglamento del grupo parlamentario y retrasa injustificadamente la convocatoria del congreso. Y siendo el resultado de la victoria de un sector del partido sobre otro, dice representar al conjunto. Hay dos dirigentes extremeñas en esa Gestora que evidencia la actuación como parte interesada del secretario regional extremeño en un problema muy gordo que por lo visto no lo ha tenido el PSOE, sino el país.

Como secretario regional, Vara ha participado en una guerra cruenta de socialistas contra socialistas con la víctima propiciatoria de la credibilidad del partido. Seguramente pretendiendo evitar un problema ha contribuido a crear otro mayor. Y cuando se forma parte de un problema se puede contribuir a su solución, pero no se puede ser la solución. No es posible en política encarar el futuro obviando el papel que se ha jugado en la crisis más impresionante que ha tenido el partido socialista desde 1977. Permitir la elección de un presidente del gobierno que ha roto el consenso social de la transición y ha sido incapaz de atajar la corrupción supone un coste político del que hay que liberar al partido en Extremadura. Por ello, es tiempo de reflexión y de generosidad.

Creo a Vara cuando formula el deseo futuro de no formar parte de grupo, corriente o

pandilla, pero para que ese deseo pueda convertirse en realidad y ser el referente político de todos que él merece, debería auspiciar que crezcan las alternativas, que la militancia extremeña decida por sí misma inaugurar una nueva etapa con nuevos o nuevas dirigentes que supongan la superación de un conflicto al que nunca se debió llegar. La generosidad es el ejemplo máximo que un dirigente político puede ofrecer a los militantes y a la ciudadanía . Afortunadamente, en Extremadura tenemos ejemplos de ella. Soy de los que confían en el buen sentido y del buen sentido esperan.