Putin en América Latina

Antes de entrar en la política grande Putin (al fondo) era “asistente” del alcalde de San Petersburgo Anatoliy Sobchak, parte de su trabajo era llevar el equipaje de su jefe

Rusia, agobiada desde siempre por los caprichos de sus autoritarios líderes del momento, está pasando por la peor crisis de los últimos 17 años. Desde que Vladimir Putin asumió el poder en 1999 toda su política interior se ha enfocado en la manipulación a partir del populismo y mentiras lo que le permitió terminar con las pocas libertades que existían en aquel país, sin que la masa, acostumbrada a ser manipulada, se diera cuenta.

Desde hace unos años, al perder el apoyo de las potencias mundiales y al ser expulsada del G7, Rusia busca alianzas con los países en vías del desarrollo, entre ellos, con América Latina. Hace dos años, el 24 de marzo del 2015, el ministro de relaciones exteriores de Rusia Serguei Lavrov realizó una visita a cuatro países de América Latina.

Las primeras dos paradas las hizo en los países simbólicos para ver el tipo de relaciones que tiene Rusia con nuestro continente: Cuba y Nicaragua. Después siguieron dos aliados más cercanos del “enemigo eterno” de Kremlin: Colombia y Guatemala. En esta última Lavrov organizó una reunión con los cancilleres del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), que aglutina a 7 países de subcontinente (además de Guatemala, incluye Belice, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá) y la República Dominicana. Se gastó un sinfín de papeles para firmar documentos conjuntos de “intenciones”, sin embargo, han pasado dos años y se hace notorio de que aquella visita del propagandista del Kremlin fue más un viaje turístico y de sondeo lleno de promesas y de juramentos de la “amistad” y de “apoyo”, típicos de toda la política exterior de Rusia en América Latina.

A decir la verdad, no le costó mucho trabajo a Putin convertirse en otro protodictador a los que los rusos ya están acostumbrados. Son tres los factores principales de la actual crisis que se vive en Rusia. Las nefastas políticas económicas del gobierno ruso, basadas en una corrupción de tamaño inimaginable hasta para América Latina, han demostrado la completa incompetencia e incapacidad de Putin y de sus ministros en materia de administración de un estado.

El segundo factor está relacionado con una esquizofrénica idea de Putin, apoyada por la Iglesia Ortodoxa, sobre el papel de ombligo del mundo que, según ellos, juega Rusia en el mundo y, por ende, provoca la envidia del Occidente. Esto, a su vez, repetido miles de veces se ha convertido en una verdad absoluta para la masa rusa.

Así Putin, con el apoyo de la iglesia — que parece más una secta totalitaria — y con la ayuda de su ministro de relaciones exteriores (aunque debería llamarse “de propaganda”) Lavrov ha logrado unir a la gente alrededor de una idea enfermiza fija: todo el mundo, encabezado por los EEUU, desea, ansía y añora borrar Rusia del mapa. Esta estrategia de crear un enemigo para manipular las masas es bien conocida. Y es la misma estrategia — de presentar los EEUU como enemigo — utilizan los Castro, Ortega y Chávez-Maduro con sus súbditos. ¡Qué coincidencia!

El tercer factor, quizá el más importante entre las causas de la crisis social y económica de Rusia, es la constante violación del derecho internacional por parte de Kremlin. Si en 2008, cuando Rusia atacó Georgia y ocupó ilegalmente dos provincias georgianas — Osetia del Sur y Abjasia — el mundo se indignó, pero no hizo absolutamente nada. A los gobiernos del mundo y a la ONU les pareció este hecho aislado, se lo perdonaron a Putin y con esto le dieron la luz verde para seguir atacando a sus vecinos.

En 2014 Rusia invadió a traición, aprovechándose de la crisis interna en Ucrania (país que siempre había sido el aliado más cercano y fiel de Rusia, al igual que lo había sido Georgia hasta que Rusia le clavó el puñal en la espalda), ocupo y anexó ilegalmente y bajo pretextos ridículos si no estúpidos la península de Crimea y, además, desató una guerra en el Este de Ucrania.

Ambos delitos — la invasión militar de Crimea y del Este de Ucrania — fueron negados por Putin y su camarilla, sobre todo por su propagandista y perro guardián más fiel, Lavrov, quien desde hace más de tres año a través del canal televisivo al estilo goebbeliano RT (Russia Today) y la ONU, por medio del recientemente fallecido embajador ruso, Vitaliy Churkin, han mentido al mundo entero sobre la participación de su país en la guerra ucraniana y en el robo de Crimea.

Sin embargo, el propio Putin los dejó a sus defensores en evidencia: la semana pasada uno de los canales estatales de TV rusa emitió un documental en el que Putin, además de aceptar que las tropas rusas invadieron Crimea antes de ser anexionada, aseguró que estaba dispuesto a usar las armas nucleares contra Europa Occidental y contra los EEUU. Y aunque Putin, a pesar de todas las evidencias, sigue negando lo obvio — la participación del ejército ruso en la guerra en el Este de Ucrania — el martes 24 de marzo del 2014, los mismos terroristas rusos en Ucrania difundieron la información de que un alto mando del Estado Mayor de Rusia resultó estar bajo un bombardeo en Ucrania.

Todos estos delitos de Kremlin en Ucrania serán objeto de demanda que el gobierno ucraniano está preparando para presentar ante el Tribunal Internacional de La Haya, así que hay esperanza de ver a Putin en el banquillo de los acusados y condenados por los crímenes de lesa humanidad, aunque la historia ya los ha condenado. Ahora bien, la pregunta más importante hoy es: ¿qué intereses tiene Rusia en América Latina?

Los países y los gobiernos latinoamericanos, que aún no han caído en las garras putinescas, deben pensar bien en las alianzas con un país cuya historia ya ha mostrado que Kremlin es sinónimo de “traición”. Traiciones de sus vecinos y sus aliados más cercanos desde las épocas remotas. Para no ir muy lejos, recordemos la división de Europa que hicieron dos criminales más grandes del siglo XX, Stalin y Hitler, cuando la URSS (cuya heredera es la Rusia actual) invadió a sus vecinos, no olvidaremos las constantes amenazas e invasiones de Finlandia, Hungría, Checoslovaquia, Afganistán, entre otros, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX y de Georgia y Ucrania en el siglo XXI. Y una muestra más: el 23 de marzo del 2015 el embajador ruso ante Dinamarca amenazo a este país con los ataques nucleares.

Vamos a ver qué otra mentira nos presentará Rusia en su afán por dominar América Latina y quién será el siguiente traicionado por Kremlin.

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