Seiscientas palabras

Algo que contar, un formato y varias referencias

Anxo López
Jul 2 · 3 min read

Las líneas que siguen a continuación son el equivalente al calentamiento en el mundo del deporte. El estiramiento necesario antes de salir a la pista. Cada comienzo requiere una preparación y a mí me apetecía compartir la mía, al igual que cuando trabajo en un proyecto de diseño, me gusta compartir el plan de trabajo con las personas con las que estoy colaborando.

Llevo tiempo queriendo retomar la práctica de la escritura. Hace casi dos años me doctoré y la redacción de la tesis, sin duda, afectó a mi relación con las palabras, especialmente con las escritas. Desde entonces me he planteado muchas veces volver a escribir sobre diseño —tema que ocupa mi día a día y disciplina en torno a la que giró mi tesis— además de otros temas. En todas estas ocasiones, la rigurosidad del método científico se ha apoderado de mí, y la parálisis por análisis ha terminado haciéndose con el control de la situación.

No hace mucho, leí un artículo de Cap Watkins titulado Why You Should Share (en español: Por qué debes compartir), y ése fue el detonante para dar paso a la acción. En el artículo, el autor arranca con tres pensamientos que si alguna vez te has planteado crear algo para compartir, aunque sea con una única persona, seguro que te han rondado la cabeza, a saber: no hay nada que yo pueda contar y no se haya contado antes, seguro que no gusta, va a ser aburrido… No hace falta seguir, ¿verdad?

Es cierto que durante este tiempo he escrito sobre diseño, principalmente en formato e-mail o presentación de diapositivas, pero salvo que trabajemos juntos o hayamos colaborado en un proyecto, poco conocimiento hemos intercambiado. Quizás sí, pero en ese caso no ha habido reciprocidad, pues puede que yo sí haya disfrutado de algo que tú has creado, y por eso te doy las gracias por tomarte el tiempo de compartirlo con todo el mundo.

Así que necesitaba un plan para desbloquear la parálisis y por eso te estoy contando todos estos porqués y cómo les estoy poniendo fin, al menos, por el momento.

Como me gusta planificar, antes de empezar a hacer algo quiero saber qué formato va a tener. Así que lo primero, fue hacer frente a la extensión del texto. Siempre me he sentido próximo a todo lo relativo al periodismo y a la prensa escrita, y en particular, disfruto de la capacidad de síntesis alrededor de un tema que se produce en las columnas de opinión. Así que decidí calcular qué extensión tenían las piezas de profesionales a los que admiro como Elvira Lindo o Manuel Jabois. Concluí que en promedio suelen tener una extensión de seiscientas palabras, que más o menos se leen en unos tres minutos. Así que con esta decisión, me siento aliviado de no tener que redactar un paper cuando hay un tema sobre el que me interesa escribir.

Si bien, no quería descartar totalmente el método científico, decidí que todas mis “columnas” deberían contener referencias a otras páginas que permitieran a quien las lea profundizar en el contenido presentado. Seré un nostálgico, pero así es como Ted Nelson se imaginó el hipertexto en 1965 que luego daría lugar a Internet, tal y como lo conocemos hoy.

Y así es como he llegado hasta aquí, sobrepasando el límite de las seiscientas palabras y habiendo compartido cuatro referencias y las columnas de dos grandes profesionales del periodismo.

¿Y a ti? ¿Hay algo que te gustaría compartir y no has dado con la forma o la vía para hacerlo?

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