Oquei

Estaba sentado escuchando la lluvia mientras leía y de repente al leer sobre un personaje recordé con mucha nitidez las visitas que hacía Oquei a la casa de mi abuelita. Oquei era un gringo de mediana edad que había emigrado a Costa Rica en la década de los 80 quizá (esto es un aproximado, lo digo porque yo nací en el 87) y había ido a dar a un pueblito pequeño en Turrialba donde por muchos años alquiló un cuarto a una familia del lugar.

Oquei vestía siempre un traje entero que ya estaba desgastado de tanto uso y zapatos negros con medias blancas, andaba siempre además una valija llena de chucherías y su oficio consistía en ir de casa en casa vendiéndolas. Cuando abría su valija y para mí era como un cofre lleno de tesoros porque traía cosas de las cuáles nunca supe su nombre, ni para que servían… Lo que sí tengo claro es que abuelita siempre le compraba hilos de colores, agujas y elástico, recuerdo además que la tijera predilecta de ella para coser se la había comprado a Oquei.

En casa de mis abuelos siempre se le recibió con mucho cariño y creo que por eso siempre le guardé aprecio a este personaje que realmente para nosotros no era un desconocido, sino un amigo. Recuerdo verlo sentado en el sillón de la sala, hablando con abuelito un español macarrónico del que poco se le entendía, pero que al menos le servía para comunicarse con los demás. Lo recuerdo también sentado a la mesa tomando café con pan casero del que hacía abuelita, dos bollos de pan fresco y una jarra de losa con café humeante. Recuerdo el confite que sin falta me daba en cada visita y recuerdo el sonido dulce que lograba sacar a la armónica que siempre andaba en un compartimento su valija.

Oquei era un personaje del pueblo, todos lo conocían por lo que hacía, pero no sé si hubo más gente que llegó a conocer el lado amable y humilde de ese sujeto solitario. Tenía un carisma increíble, siempre me sacaba las carcajadas sin mucho esfuerzo, y es que yo sé que soy de risa fácil, ¡pero quisiera verlos a ustedes frente a una figura como la que les he descrito mientras toca la armónica usando su nariz en lugar de su boca! Definitivamente esa escena es una que nunca en mi vida voy a olvidar.

Para el momento en que me percaté de que el apodo Oquei venía del OK que usaba con regularidad para despedirse, ya hacía años que no lo veía con frecuencia. Sé que en algún momento su familia trató de comunicarse con él usando el número de teléfono de la casa de mis abuelos, pero las barreras del lenguaje impidieron todo, menos entender que la persona que llamaba era el hermano de Oquei y estaba buscándolo. Si mi memoria no me falla escuché a los adultos decir que él no quería comunicarse con su familia. Años después el hermano se presentó personalmente a la casa de mis abuelos pidiendo información sobre él, pero lamentablemente para ese entonces nadie sabía a ciencia cierta del paradero de Oquei y se tuvo que devolver tal como vino.

Oquei falleció cuando yo estaba en el colegio, recuerdo que mientras estuvo enfermo fuimos a visitarlo al cuartito donde vivía y yo no podía reconocer al alegre personaje que recordaba en el hombre famélico que yacía en la cama. Tengo entendido que tuvo una muerte tranquila… Oquei fue un hombre humilde que vivió siempre con muy poco, pero que a pesar de eso mantuvo una chispa constante de alegría que me hace pensar que realmente llegó a entender de que se trata la vida.


¿Es raro como funcionan los recuerdos, no? Al menos a mí me pasa que hay ciertas cosas que logran una reacción en cadena que termine en una memoria fresca como la del famoso Oquei.

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