¿Cómo practican los expertos y qué se puede aprender de ellos?

Por Mario Abbagliati

Mira el siguiente número:

0 3 2 6 4 4 3 4 4 9 6 0 2 2 2 1 3 2 8 2 0 9 3 0 1 0 2 0 3 9 1 8 3 2 3 7 3 9 2 7 7 8 8 9 1 7 2 6 7 6 5 3 2 4 5 0 3 7 7 4 6 1 2 0 1 7 9 0 9 4 3 4 5 5 1 0 3 5 5 5 3 0

¿Cuántos dígitos podrías recordar si te los leen a uno por segundo? Si lo intentas verás que recordar más de siete u ocho dígitos se vuelve muy complicado. Eso debe a que el número de elementos que se pueden mantener en la memoria a corto plazo no sobrepasa esa cifra, y siempre y cuando el nivel de interacción entre ellos sea bajo[1]. Es por eso que muchos números de teléfono son de siete dígitos.

Anders Ericsson

El psicólogo sueco Anders Ericsson se propuso comprobar si ese hecho era correcto a principios de los setenta. Para ese cometido reclutó a un universitario y empezó a entrenarlo para ver si era capaz de sobrepasar el límite. La sesión de práctica consistía en que Ericsson leyera en voz alta números al azar a una velocidad de un dígito por segundo, empezando siempre por uno de cinco dígitos, después seis, y así sucesivamente, y el alumno tenía que memorizarlos y decirlos de vuelta. Si encontraban una barrera infranqueable, retrocedían dos pasos y volvían a intentarlo. Por ejemplo, si recordar diez dígitos se mostraba particularmente complicado, retrocedía a ocho, luego nueve y se volvía a intentar diez. Este método mantenía al joven motivado, esforzándose siempre en la frontera entre lo que podía y no podía hacer.

Efectivamente, recordar más de ocho o nueve dígitos resultó complicado. Sin embargo, al cabo de cinco días logró recordar diez. En la sesión dieciséis había alcanzado veinte. Cuando ya llevaban cien sesiones el joven lograba recordar cuarenta, y después de doscientas alcanzó ochenta y dos, que es el número que está más arriba. ¡Ochenta y dos dígitos escogidos al azar y leídos a uno por segundo!

Lo que realmente interesaba a Ericsson era explorar la capacidad de la práctica para desarrollar las habilidades. Su investigación se ha centrado en descubrir los métodos que llevan a las personas a convertirse en expertos, independientemente de la esfera o domino del que se trate (científico, humanista, deportivo, artístico, etc.). Las conclusiones a las que ha llegado le han movido a acuñar el término práctica deliberada (deliberate practice), para distinguir las particularidades su formación.

Práctica deliberada

El entrenamiento de un experto tiene siete características[2]:

· Las habilidades se desarrollan sobre un campo donde existe experiencia acumulada y la instrucción es guiada por un profesor.

· La práctica tiene lugar fuera de la zona de comodidad de la persona, obligándola a experimentar con nuevas formas de hacer.

· La práctica se caracteriza por tener objetivos bien definidos y métodos claros para obtenerlos.

· La práctica es deliberada, esto es, necesita toda la atención de la persona y su actuar consciente.

· La práctica requiere un mecanismo de feedback o señales que muestre si el esfuerzo va en la buena dirección o precisa corrección.

· La práctica produce y depende de una representación mental eficiente, que es la estructura mental que corresponde a un objeto, idea, o información, concreta o abstracta.

· La práctica provoca la mejora de habilidades ya existentes o el desarrollo de nuevas.

Según Ericsson la práctica deliberada es la razón principal del éxito de los expertos, no el talento o las facultades innatas[3]. Su tesis no está exenta de críticas, otros investigadores[4] dan entrada a más factores como determinantes — genética, personalidad, oportunidad, etc., además de señalar ciertos problemas de medición en la investigación de Ericsson. En cualquier caso, la práctica deliberada sería condición necesaria pero no suficiente para explicar como alguien se convierte en experto.

Acción

El día a día de los expertos es un laboratorio de pruebas, su experimentación nos permite conocer cuáles son los métodos de entrenamiento más eficaces. Su aplicación al ámbito académico tiene un tamaño del efecto medio alto en el ranking the John Hattie[5], el mayor experto mundial en educación basada en la evidencia, de ahí que sea muy aconsejable seguir sus recomendaciones.

La práctica deliberada es un tipo de estudio muy estructurado. Para ello lo primero que necesitas es establecer objetivos claros, esto te permite fijar la atención y calibrar tu esfuerzo. Emplea estrategias de estudio que favorecen el aprendizaje, como el espaciado o la recuperación de memorias. Tu estudio debe estar guiado por un profesor o instructor para hacer un uso más eficiente de tu tiempo.

La búsqueda de información respecto a la tarea (feedback/retroalimentación) es prioritaria, necesitas saber si te estás acercando o alejando de tu objetivo y conocer cuál es el próximo paso a dar. Las personas que autorregulan mejor su estudio se caracterizan por pedir ayuda cuando lo necesitan[6].

Te mantendrás motivado si te esfuerzas justo en la frontera entre lo que puedes y no puedes hacer, ese es el punto óptimo. Idealmente, tu foco de atención ha de estar en adquirir habilidades, en el proceso en vez del resultado. Si te concentras únicamente en el puntaje en vez de aprender, lo más probable es que actives procesos mentales que te alejen de tu objetivo[7]. Mantén tu atención en el desarrollo de tus capacidades, en poder hacer cosas que antes no podías, el puntaje será una consecuencia de lo anterior.

Referencias

[1] Kirschner, Paul A.; Sweller, John; Clarke, Richard E. (2006). Why Minimal Guidance During Instruction Does Not Work: An Analysis of the Failure of Constructivist, Discovery, Problem-Based, Experiential, and Inquiry-Based Teaching. Educational Psychologist Volume 41, 2006 — Issue 2.

[2] Ericsson, K. Anders; Pool, Robert (2016). Peak: Secrets from the New Science of Expertise.

[3] http://freakonomics.com/podcast/peak/

[4] Hambrick, David Z.; Macnamara, Brooke N.; Campitelli, Guillermo; Ullén, Fredrik; Mosing, Miriam A. (2016). Beyond Born versus Made: A New Look at Expertise. Psychology of Learning and Motivation, Vol. 64.

[5] https://visible-learning.org/hattie-ranking-influences-effect-sizes-learning-achievement/

[6] Zimmerman, Barry J; Moylan, Adam R. (2009). Self-Regulation Where Metacognition and Motivation Intersect. Handbook of Metacognition in Education.

[7] Seijts, Gerard H.; Latham, Gary P. (2013). Learning Goals: A Qualitative and Quantitative Review. New Developments in Goal Setting and Task Performance.