Me puedo resistir a todo menos a la tentación

Por Mario Abbagliati

Imagine el siguiente escenario: un niño de cuatro años debe esperar sentado a solas durante quince minutos frente a un malvavisco y tiene dos opciones, comérselo o esperar a que termine el periodo para así recibir otro como recompensa.

Rebecca Freeman

Lo descrito forma parte de una serie de estudios que realizó el psicólogo Walter Mischel[1] y su equipo a más de 550 niños entre 1968 y 1974. Los participantes pertenecían al jardín infantil de la universidad de Stanford y la finalidad era investigar los procesos que les permitían resistir la tentación para así recibir dos dulces como recompensa. El diseño del experimento fue cambiando para explorar las distintas respuestas de los niños. En algunos casos el malvavisco quedaba claramente a la vista, en otros se sustituía por una foto del mismo, o se retiraba pero se le pedía al niño que se imaginara comiéndoselo, etc.

Caliente y frío

Se descubrió que centrar la atención en la recompensa hacía prácticamente imposible resistir la tentación, mientras que el uso de estrategias de distracción resultaba muy beneficioso. Según Mischel, la respuesta a un estímulo depende de dos sistemas mentales paralelos, el sistema emocional caliente y el sistema cognitivo frío, aquel que se active determinará la conducta.

El primero está representado por el sistema límbico, que son estructuras cerebrales primitivas que se desarrollaron tempranamente durante la evolución de la especie. Su función es regular impulsos y emociones esenciales para la supervivencia. Dentro de este sistema, la amígdala juega un papel clave, moviliza rápidamente al cuerpo para la acción, no se detiene a pensar o reflexionar sobre las consecuencias a largo plazo. De ella dependen las respuestas frente a una amenaza, el comportamiento sexual y el apetito.

El sistema cognitivo frío está conectado con el córtex prefrontral, que desde el punto de vista evolutivo es más tardío, y se encarga de las decisiones orientadas al futuro y de los esfuerzos de autocontrol. En él residen las capacidades cognitivas de orden superior que nos distinguen del resto de los animales. Entre sus funciones está inhibir acciones inapropiadas.

Los dos sistemas están en interacción constante, cuanto más activo es uno, menos es el otro. La capacidad para resistir una tentación y ejercer el autocontrol reside en la capacidad del córtex prefrontal para enfriar el sistema. Una mala decisión tomada en caliente significa que su acción ha sido neutralizada.

Y pasaron los años…

Lo interesante del caso fue el seguimiento en el tiempo que se hizo a esos niños. Los resultados son realmente sorprendentes y hasta el día de hoy se sigue recopilando información. Aquellos que lograron resistir la tentación durante más tiempo han mostrado a lo largo de los años mejores indicadores de calidad de vida en multitud de ámbitos. Como adolescentes tuvieron mejor desempeño académico, mayor autocontrol y capacidad para concentrase, tolerancia a la frustración, en general estaban lejos del estereotipo del adolescente difícil. Como adultos alcanzaron un mayor nivel educacional, experimentaron menos con drogas, su índice de masa corporal es más bajo, han mostrado más éxito en las relaciones personales, etc.

¿Significa esto que la suerte está echada y que es poco lo que el individuo puede hacer para corregir el rumbo? Apoyándose en los últimos avances sobre genética, Mischel afirma lo siguiente:

Walter Mischel

El ambiente determina qué partes de nuestro ADN se expresarán y qué otras quedarán ignoradas. Lo que hacemos y la manera de controlar nuestra atención al servicio de la consecución de nuestros objetivos deviene parte de nuestro ambiente, que nosotros contribuimos a crear y que a su vez influye en nosotros. Esta influencia mutua determina lo que somos y lo que llegamos a ser, desde nuestra salud física y mental hasta la calidad y duración de nuestra vida.

Planes si/entonces

La capacidad para autorregular la conducta y resistir las tentaciones, así como perseguir un objetivo de largo plazo[2], requiere aprender a enfriar el sistema. Uno de los métodos más efectivos para ese cometido son los planes si/entonces[3] , consistentes en visualizar un obstáculo y elaborar una respuesta de antemano: si tengo hambre a media mañana, entonces comeré una fruta.

Guiar la acción con un plan si/entonces permite especificar cuándo y dónde se actuará (la parte del si), y cómo se hará (la parte del entonces). Esta organización establece una asociación muy fuerte entre la situación -si tengo hambre a media mañana- y la respuesta -entonces comeré una fruta-, favoreciendo la automatización del proceso. Esto se traduce en una mayor inmediatez y eficacia, vuelve innecesario el esfuerzo consciente para controlar la respuesta.

Esta técnica tiene más de veinticinco años de investigación que le dan sustento empírico, se ha demostrado que posee un efecto medio/alto[4]. Recientemente, su estudio con fMRI (resonancia magnética funcional) ha confirmado la hipótesis de la automatización de la respuesta.

Acción

Los rasgos de la personalidad son muy sensibles al contexto, una persona que muestra mucha responsabilidad en su vida laboral puede carecer de ella para sus finanzas personales. El primer paso requiere explorar los puntos débiles, los aspectos de la conducta que se quieren modificar.

Por ejemplo, supongamos que un individuo quiere ejercitarse 30m en la bicicleta estática, pero siempre llega cansado, se le hace cuesta arriba y termina echándose en el sillón a mirar el celular . Para estas situaciones lo mejor es elaborar una respuesta del tipo si/entonces: si llego a la casa a las 7pm, entonces me pondré el buzo e iré al gimnasio.

Esta técnica es una herramienta, y como tal necesita práctica para ir conociendo su funcionamiento. Cuanto más se repite, mejor es su rendimiento. El ejercicio requiere concentración, así que es recomendable estar libre de distracciones al momento de aplicarlo.

Referencias

[1] Mischel, Walter, (2014). The Marshmallow Test: Mastering Self-Control.

[2] Hattie, John; Yates, Gregory C. R. (2014). Visible Learning and the Science of How We Learn.

[3] Implementation Intentions es su nombre técnico en inglés.

[4] Gollwitzer, Peter; Oettingen, Gabriele (2012). Goal Pursuit. The Oxford handbook of Human Motivation.