Ligeras variaciones.

Hubo un vals en Viena que ya olvidaron las 100 personas que atendieron. El origen de la pieza, del baile y de esos 20,600 huesos que se movieron al bailar, es eterno hacia atrás, infinito en reversa.

Había violines reproduciendo vibraciones más antiguas que la raza humana. Las piedras que las sintieron se volvieron polvo y piedra unas diecisiete veces. En promedio había 12 personas con las uñas de los pies extremadamente largas, un par de docenas de rechazos y 9.33262 x 10 elevado a la 157 posibilidades de encuentros.

Esa noche nada peculiar, de notas y pasos como cualquier otra, hubo varias miradas al reloj, varias miradas a la puerta e incontables miradas a miradas.

Las notas trazaban abstractos y era imposible imaginarse que la nada y el sonido tuvieran tanto en común. Cada quién tenía sus propias preguntas sin respuestas, la mayoría hubieran cambiado sus cómos por por qués.

Si escucháramos las plegarías de los demás, sabríamos que no somos distintos.

La música sonaba para todos, indeseables incluidos. Cuántos términos ahora inexplicables se usaron esa noche para describir los sentimientos de siempre.

A la mayoría de los adultos les sudaban las manos. Las razones variaban de individuo en individuo, ligeras e insignificantes variaciones inmutables.

La sinfonía número 20 en d menor sería compuesta una noche de aquellas en las que un evento similar albergaba lo que sea que busquemos albergar.

La melodía se tensa y cesa. Los jardines estarán infestados de plagas en unos años, puede que lo estén ya. El mundo se construye con base en añicos. Ese vals está pasando muchas veces en muchos lugares con ligeras variaciones.

El pianista se ha vuelto loco, o habremos sido nosotros. Los espectadores ya no pueden diferenciar de la locura y el tiempo porque todo luce igual que hace minutos, pero se escucha diferente. Aparecieron más arrugas en las caras y se contuvieron más alientos. El alivio de ser viejo, la responsabilidad de ser joven. El agobio y la gracia.

Quedarse es lo mismo que huir. Escuchas Scherzo №3 mil veces y todo es nuevo hasta que ya no. El Danubio es azul hasta que se hace negro.

Alguien jugó squash esa mañana. Alguien desayunó frutas con desprecio. Alguien comprendió que la verdadera ausencia se presenta cuando se malgasta la promesa, cuando es para siempre.

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