Rateros

El padrino de bodas de mis papás fue joyero por mucho tiempo, así que aunque éramos pobres yo siempre tuve una que otra joya “valiosa”. Esas las guardaba en un lugar especial y casi no las usaba. En otra cajita tenía mis cosas de uso común, igual, regalos y compras especiales. Cuando cumplí 16 unos vecinos que traían pleito con mi mamá entraron a la casa a “robar”. Se llevaron la tele más vieja, un nintendo (o lo que sea) viejo que mi hermano ya ni usaba y mis accesorios queridos. Ese episodio desembocó en que por fin salimos del barrio horrible aquel y nos cambiamos de casa. Más tarde, en la nueva casa unos albañiles se robaron mis joyas “valiosas”. No volví a aceptar regalos de cosas así.

También sirvió para (según yo) perderle el cariño a las cosas materiales. A partir de ahí pude tirar y deshacerme de cosas sin parpadear. De hecho adquirí la costumbre de que cada que me daba migraña deshacerme de cosas, liberar peso.

Pero hace como 4 años un taxista me robó mi maletita saliendo de un show. No había NADA de valor. Dos vestuarios y las cosas que usé para esa presentación (mi computadora, teléfono, ipod y hasta mi maquillaje los llevaba en mi bolsa, por lo mismo).

Pasé dos horas llorando a grito pelado en la calle, esperando a que regresara y otras tantas horas en mi casa, de plano berreando al recordar cada cosa que se me fue en esa maleta. No recuerdo haber llorado tan duro por nada en años y años.

Pero mis botas de niño que hace ballet con las que empecé a trabajar. Mi set de bra y fajo que hice en df con retazos de saris que compré en mi breve paso por los Hare Krishnas. Mi falda amarillo chillón que traía puesta cuando me corrieron de un festival. Mi plancha de 10 dólares que compré en mi primer viaje a USA, 12 años antes. Mi chunchito bordado que me compró mi ex en un centro comercial y después terminé usando para eventos por todo el país. Accesorios, ropa, vestuarios regalados, que fui coleccionando a lo largo de los años, objetos sin sentido ni significado para nadie más que para mi, cosas, simples cosas, pero a fin de cuentas COSAS que usé para crearme esta vida que no será la que yo imaginé pero sí es la que elegí.

No le he vuelto a llorar tan duro a nada.

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