Esta es mi historia: Marcelo…

Tomó asiento, junto las manos y miró fijamente por un segundo. Exhaló profundo y sonrió, un hilillo de voz tembloroso decía: -Tengo 22 años, los cumplí el 17 de marzo pasado, estudio Administración de Empresas en la Universidad Columbia.

La seriedad tomo nuevamente su rostro, pero sin perder el brillo en los ojos y el calor en sus mejillas continúo: — Me caracterizo por ser una persona respetuosa, quizás con sentimientos encontrados hoy y mañana con otros, pero es algo que nos sucede a todos.

Hace una pausa, se contempla un momento y retoma: -Cuando me propongo alguna cosa, lo hago, ya sea un pequeño gesto personal o algo por los demás, finaliza con voz quebrada. Respira y sonríe con más fuerza:- Empiezo por cosas sencillas, como arreglar la casa, ayudar a papá, a mamá y compartir con mi hermano. Pero eso sí, el estudio nunca descuide, es ahí donde con mayor esfuerzo y empeño hago los deberes.

Estallo en el aire una mezcla de sueños y anhelos y con férrea determinación suspiro: -¡Quiero formar mi propia empresa! y en ella brindar la oportunidad a muchas personas a salir adelante, porque mi sueño no se limita a ser un administrador de recursos, sino también del gran valor que hay en las personas.

Estalló en risas, miro el reloj y continúo: — Me gusta mucho el futbol y las películas, pero mi interés particular se inclina en las películas bélicas de la Segunda Guerra Mundial, porque en ellas encuentro el inicio y el fin de un largo sufrimiento.

La mirada seguía fija, y un segundo sirvió para recordar nuevamente: — Me gusta mucho andar en bici, tomar terere, disfrutar de la tarde y escuchar música.

La escena cambio y las anécdotas tomaron protagonismo, había brillo en sus ojos y su sonrisa se robó mi mirada: — Anteriormente recuerdo que en épocas de colegio, miércoles, jueves y viernes era siempre jugar fútbol en el sintético Rino, el que está cerca de mi casa, juntábamos entre los muchachos siete mil cada uno, nos mensajeábamos y cuando eso no tenía todavía WhatsApp y me envían mensajes normales diciéndome Chivo, vamo pue a jugar. A mi conocen ahí en el barrio como Chivo al igual que mis ex compañeros.

-Si llegan a preguntar por Marcelo, muchos no van a reconocerme pero si les dicen Chivo al instante van a reconocerme y entender por quién están preguntando.

Pasó sus dedos por sus cabellos, parpadeó un poco y retomo el dialogo: — También me gusta mucho andar en bici y recuerdo que con mis primos andábamos muchísimo, con mi primo Carlitos, mi primo Franco y mi primo Huguito.

- Cuando tenía mi bici, con mis primos nos íbamos desde mi casa hasta el aeropuerto, recuerdo una tarde que a mi primo Franco se le descompuso la bici, creo que tuvo problemas con la cadena y tuvo que usar la bici de su mamá, que era rosadito. Igual nos fuimos, uno tras otro, para avisarnos si venia un camión o se acercaba un vehículo. Pero en un momento dado, Franco se quedó muy atrás, paramos y mi primo Carlitos a los gritos le decía ¡Dale rosita! ¡Dale rosita! Y se pichaba, mientras nos reíamos de él y seguíamos nuestro rumbo.

Estalló en risas y entusiasmado prosiguió: -Lo que más me gustaba, era que por las tardes, jugábamos futbol con mi primo Franco, mi prima Marian, Regi y Sebas, frente a casa hasta muy tarde. ¡Fueron buenos tiempos que pasábamos ahí la primada frente a casa!

Los recuerdos de infancia se apoderaron de su mente y corazón, y dijo: -Olvide contarte, que al final del día la abuela Antonia compraba galletitas y caramelos, porque jugábamos bingo y aquel que ganaba se llevaba una bolsita de hielo con galletitas y caramelos.

Resonó en toda la sala una fuerte carcajada, tomó aire recordando:- Era demasiado pichado, porque nunca ganaba nada, por eso agarraba cinco cartones para por lo menos ganar uno. Tuve momentos de buena racha y otros en los que no ganaba nada y pichado me iba a dormir.

-También recuerdo que entre los mita’i les decíamos catralla, no sé qué era lo que significaba catralla, nacio así nomás entre nosotros, así le decíamos al que tenía cuatro o cinco cartones, o sea todo el tiempo hacia catralla.

-Una vez me hice del travieso con mi primo Franco y agarramos ese poroto manteca, mientras estábamos jugando el bingo y tenía mi hondita y bajaba hacia abajo y le apuntaba a cualquiera y toditos así miedosos alzaban su pie en la silla y me decían Ani na peicha, pararon los recuerdos, sus ojos se cerraron y comenzó una explosión de risas y carcajadas en todo el lugar.

Ahora tocaba el turno de dejar atrás la infancia y recordar la adolescencia, la seriedad tomo su rostro, y la melancolía se apodero de su corazón:-Fue una buena etapa, solo que ese momento dejaba el San Cristóbal para ir a otro colegio y ahí no conocía a nadie.

Tomó valor y continúo:- Tuve mi amor platónico como todos, pero ella no me correspondió, y no sé cuáles eran las razones. Pero no importaba. La verdad no tengo muchas anécdotas del colegio, era muy tranquilo, buena onda, fui bastante reservado, a lo mejor por eso no tengo muchas anécdotas.

Paró, pensó un poco y volvió diciendo:- Eso si todas querían bailar conmigo, pero no pude conseguir números porque no tenía celular. Era reservado pero eso tenía a mi favor. Bueno, si tuve un amor adolescente, a la que le escribía cartitas diciéndole que era linda, y tenía una compañera que me hacia el engache, justo era su amiga. Fuimos novios un tiempo, pero después las cosas no se dieron.

-Recuerdo mi primer beso fue con una amiga de alguien del colegio, ella era de otro colegio. Era San Juan, cuando le conocí, hablamos toda la noche, después una amiga nos hizo el enganche y en la Kermese del colegio nos dimos un beso, y ese fue mi primer beso.

Sonrió, desvió la mirada y recordó su primer trabajo: -Mi primer trabajo, me dio confianza, me hizo darme cuenta que puedo dar mucho mas de mí, cuando hacia bien las cosas, me llamaban, y eso me demostraba que estaba haciendo bien las cosas, conocí muchas personas y en especial a mi amigazo Pedro, el me ayudo cuando me inicie como aprendiz.

-De mis amigos de la facultad, rescato mucho la confianza y el apoyo que recibo de ellos, me alegra mucho haberlos conocido.

Sonriente, sencillo, y tomándome de las manos reconoció: -Quisiera devolver el tiempo para haber sido más extrovertido para así tener que contarte más. Lo que más me hizo feliz fue que mi familia hizo lo posible para que yo pueda estar donde estoy ahora, hicieron todo por mí y por Sebastián, siempre salimos adelante todos a pesar de todos.

–Y nunca olvido lo que papá me dijo que Dios siempre va estar conmigo en las buenas y en las malas.

El silencio lleno el ambiente y bajo la intimidad de un cálido abrazo, nuestra conversación había terminado.

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