La izquierda mexicana ante la crisis de Venezuela

Hace un par de semanas la izquierda de México ayudó a detener reformas llamadas de “seguridad interior”. El país entero dio un respiro. La propuesta pretendía normalizar el estado de excepción y aumentar las competencias de la fuerzas armadas de México. En su origen, la idea dentro del engañoso concepto de ‘seguridad interior’ –que confunde la ‘seguridad nacional’ con la ‘seguridad ciudadana’–, viene de un gran país de nuestra región: Venezuela.

No te preocupes, yo también me rasqué la cabeza con esa. ¿Es decir que la propuesta de seguridad defendida por los partidos de derecha en México se inspira en el país de izquierda radical con la gobernabilidad más débil del hemisferio? Así es, aunque usted no lo crea. De hecho, en su Informe sobre la situación de los Derechos Humanos en Venezuela 2003, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dice que:

Es fundamental la separación clara y precisa entre la seguridad interior como función de la Policía y la defensa nacional como función de las Fuerzas Armadas, ya que se trata de dos instituciones substancialmente diferentes en cuanto a los fines para los cuales fueron creadas y en cuanto a su entrenamiento y preparación. La historia hemisférica demuestra que la intervención de las fuerzas armadas en cuestiones de seguridad interna en general se encuentra acompañada de violaciones de derechos humanos en contextos violentos, por ello debe señalarse que la práctica aconsejo evitar la intervención de las fuerzas armadas en cuestiones de seguridad interna ya que acarrea el riesgo de violaciones de derechos humanos.

La violencia que hoy sufre Venezuela es en parte explicada, precisamente, por el rol que las policías y fuerzas armadas desempeñan en la seguridad del país. De hecho, de las 21 mil 752 personas que fueron asesinadas en 2016 en la república bolivariana, 4 mil 667 ocurrieron a manos de la policía. Es decir, casi un cuarto de los asesinatos en Venezuela ocurren por acción de la policía militarizada. Una policía, dicho sea de paso, que se ha adjudicado todo tipo de poderes que originalmente la Constitución de Venezuela prohibía. Como querían hacer en México.

Quizás una de las fuerzas militarizadas más polémicas en el país del sur son las llamadas OLP (Operación de Liberación del Pueblo), un verdadero escuadrón de la muerte que, utilizando el estado de excepción en el que se encuentra el país, puede entrar a todo recinto privado, usualmente utilizando la fuerza, a cualquier hora del día. La cantidad de familias de las que he escuchado son interrumpidos a las dos o tres de la mañana, a gritos y disparos, es simplemente desconsolador. Muchas de estas intervenciones terminan, lamentablemente, con alguna persona sin vida.

De hecho, un repunte importante de la violencia letal en Venezuela, que creció 30% de enero a septiembre de 2016, coincide en el tiempo con el nacimiento de las OLP. Originalmente creadas para desarticular a las organizaciones criminales armadas, su actuar no tiene sustento. No hay ningún documento oficial y público que explique la metodología o metas de estas “fuerzas del orden”. Casualmente, algo muy similar a una de las propuestas que recientemente se debatieron en México.

Pero la violencia letal y las ejecuciones extrajudiciales no son el único problema. La economía de Venezuela se contrajo 18% el año pasado y el desempleo se estima sobrepasará el 25% este año (FMI). La predicción de inflación de hecho se redujo y hoy es de 720%. Muchísimos observadores refieren una crisis humanitaria. Según el Council on Foreign Relations, hay un desabasto de 85% de medicamentos básicos, que no se encuentran disponibles o son de muy difícil acceso.

Un nuevo estudio encontró que en el último año, 74.3 por ciento de la población ha perdido peso — ¡un promedio de 8.7 kilogramos por persona! Las mujeres que no pueden encontrar suministros estables de control de la natalidad recurren cada vez más a la esterilización para evitar embarazos. Las tasas de mortalidad infantil y materna se han disparado, al igual que la incidencia de malnutrición infantil.

Las protestas de las últimas semanas demostrando inconformidad con esta situación, así como contra el pobre desempeño del presidente Nicolás Maduro, han resultado en 37 muertes, 717 heridos y 152 personas en arresto. Esta criminalización de la protesta –que también se encontraba a debate en México bajo el concepto de “seguridad interior”– es tan solo el principio de la crisis democrática y de gobernabilidad que sufre Venezuela.

El intento de Maduro de romper el hilo democrático constitucional hace algunas semanas, la intención declarada de renunciar a espacios multilaterales como la Organización de Estados Americanos, o la intención de convocar a una nueva Asamblea constituyente en este contexto deben ser alertas claras. La suspensión del calendario electoral no puede ser tolerado por nadie que se diga demócrata, pero mucho menos por la izquierda de México y América Latina.

Uno de los grupos mejor remunerados por su fidelidad al gobierno de Nicolás Maduro han sido los militares. De hecho, una editorial del Christian Science Monitor dice que “un momento de conciencia por parte de las fuerzas de seguridad puede estar llegando a Venezuela”. Y es que, como defiende Benigno Alarcón, la evolución de la crisis actual depende en gran medida de los militares, que deben decidir si continúan apoyando a la administración de Maduro y reprimiendo a los manifestantes, o recurriendo a la neutralidad institucional.

Hace algunas semanas, la izquierda mexicana votó en contra de la política de seguridad que, en Venezuela, contribuyó a permitir lo que hoy se vive. Es decir, lejos del común sonsonete que busca asustar de votar por Andrés Manuel con la amenaza de lo que sucede en Venezuela, Morena y la izquierda de México han buscado prevenir que la crisis de inseguridad escale a lo que hoy vemos en el sur. Justamente por eso, la izquierda mexicana debe condenar la suspensión de Maduro del calendario electoral y llamar a restablecer el orden constitucional de transferencia pacífica del poder.

¡Libertad y democracia para Venezuela!

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.