La urgencia nacional: toda guerra debe llegar a su fin

Los estragos de una década de guerra en México comienzan hoy a ser visibles. Casi una tercera parte de las municipalidades del país tienen menos habitantes que antes que los homicidios se volvieran una realidad generalizada. La normalización de la violencia nos ha llevado a que el país sea hoy uno de los más letales en la región, e incluso en el mundo.

Apenas durante el mes de enero, México alcanzó una cifra récord: mil 938 personas perdieron la vida en apenas cuatro semanas. Esta es la cifra más alta desde que se comenzaron a registrar los casos de homicidio doloso en 1997. Además, esta violencia se ha esparcido por todo el país. En total, 25 de las 32 entidades del país registran un incremento en los asesinatos durante el último año.

La pregunta obvia ante este contexto es, ¿y para dónde ahora? La respuesta por parte del partido en el poder y la oposición de derecha ha sido más de lo mismo pero con tantita más enjundia. Eso dicen las dos propuestas que legisladores de ambos partidos políticos han presentado ante el Congreso de la Unión, al menos.

En concreto, el conjunto de iniciativas buscan consolidar la militarización de la seguridad del país al legalizar la intervención de las fuerzas castrenses en tareas que le corresponden, según nuestra Constitución Política, a las autoridades civiles. Para ello, proponen crear un marco de operación militar opaco y sin mecanismos de rendición de cuentas.

Esto es, existe la urgente necesidad nacional de poner fin a una guerra iniciada como planteamiento radical para el control de las drogas ilícitas que no nos ha dejado más que muertes, degradación del Estado de derecho e, irónicamente, un mercado ilícito de drogas de mayor pureza, menor precio y mejor disponibilidad. Ante esta crisis, la derecha y el partido en el poder piden más guerra.

Mientras tanto, el conjunto de iniciativas que se han propuesto durante los últimos seis años sobre reforma de política de drogas, incluyendo propuestas de marihuana medicinal e incluso de mercados regulados en su totalidad, han sido desechadas o siguen esperando dictaminación en las cámaras legislativas.

El único poder legislativo que hizo un esfuerzo fue el judicial, a través de su máximo órgano: la Suprema Corte de Justicia con el caso de la Sociedad Mexicana de Autoconusmo Responsable y Tolerante o SMART. Como es bien conocido, en su fallo del cuatro de noviembre de 2015, la Primera Sala del principal tribunal del país no sólo consideró inconstitucionales los artículos que definen la prohibición de las drogas el día de hoy sino, además, en el engrose de la sentencia definió una estrategia específica de cómo podría el Estado mexicano avanzar hacia un nuevo modelo de política de drogas.

Nada de ello pareció importar mucho ni al legislativo ni al ejecutivo que, no conforme con continuar con la criminalización de las personas que usan drogas (4 de cada 10 detenidos por drogas llegan a la cárcel por llevar menos de 500 pesos en sustancias), también desapareció el Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia para este año.

En otras palabras, el partido en el poder ha decidido frenar cualquier avance de estrategias distintas o alternativas de respuesta a la grave crisis de seguridad que vive México el día de hoy. No conformes, en colaboración con la oposición de derecha y su anhelo de regresar al poder, buscan además postergar el final de la guerra y expandir en tiempo la estrategia fallida que impulsaron Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

Todas las guerras deben terminar, y el caso de México no es la excepción. La guerra perdida de Felipe Calderón debe dar paso a nuevas y mejores propuestas. México no se puede permitir repetir sus errores con cargo a la vida de cientos de miles de mexicanos.

Hoy existen alternativas al uso de las fuerzas militares para proveer seguridad a lo largo y ancho de nuestro territorio. Hoy es el mejor momento para traer de regreso al debate público nuestras políticas de seguridad, juzgándolas por sus alcances y resultados, y reformándolas con base en evidencia disponible. Hoy mismo, en la Cámara de Senadores se lleva a cabo un conversatorio al respecto, las propuestas están ahí para quienes estén dispuestos a conocerlas.

Post scriptum: Después de un breve periodo alejado de este espacio, regreso con energías renovadas a compartir con usted, queridx lector. ¡Gracias por su paciencia!

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