Lo que quedó de la bacha: marihuana en México en 2017

Hace un año por estas fechas, nuestro país estaba emergiendo de una discusión nacional sobre la regulación legal de la marihuana. El debate lo despertó un fallo de la Suprema Corte que, planteando la inconstitucionalidad de la prohibición de las drogas como un mecanismo adecuado para proteger la salud pública, dejaba tarea al poder legislativo de México: quitar esa prohibición y sustituirla con algo más eficaz e inteligente.

Los dos primeros pasos en los que siempre hubo consenso entre legisladores y que además gozan de popularidad entre la opinión pública son la descriminalización efectiva de la posesión en bajas cantidades y consumo de marihuana, y el uso médico de la planta y sus derivados. En torno a lo segundo incluso se dio a conocer el caso de Grace Elizalde, una niña que este año cumple 10 años y cuyo derecho a la salud tuvo que ser protegido a través de una demanda de amparo.

La descriminalización del consumo de marihuana que nunca fue

A pesar de que en teoría el consumo de marihuana no es un delito, tan sólo en 2014 la Procuraduría General de la República inició 4 mil 856 averiguaciones previas por esa misma actividad y 4 mil 19 por posesión, es decir el 65% del total de las detenciones por drogas en el fueron federales. Entre 2006 y 2014, a nivel federal, se iniciaron 175 mil 993 averiguaciones previas por posesión de drogas ilícitas y 156 mil 189 por consumo.

Aunque el fallo de la Corte dio permiso a cuatro individuos para cosechar, poseer y consumir marihuana, sin importar el fin, hoy cuatro de cada diez presos federales fueron procesados por esas mismas actividades relacionadas a drogas ilícitas con un valor inferior a los 500 pesos. Es decir, hoy México mantiene una política de drogas que criminaliza al consumidor y los eslabones más pequeños del mercado de las drogas, principalmente jóvenes y personas de escasos recursos. Además, gasta ineficientemente en perseguir pequeños delitos y mantiene tasas de impunidad altísimas para delitos graves como el homicidio o el secuestro.

Sin terminar de hacer la tarea, los legisladores abandonaron las iniciativas de descriminalización efectiva y excarcelación y se volcaron a una acalorada discusión sobre “seguridad interior”, un término que en el resto de la región estaba en desuso por, según el Sistema Interamericano, propiciar violaciones graves a los derechos humanos. O en otras palabras, sin terminar de desarmar la guerra contra los consumidores de drogas (que no contra las organizaciones criminales), los legisladores se concentraron en perpetuar el estado de excepción bajo el que actúan las fuerzas militares el día de hoy.

El alivio del dolor y la investigación científica sobre la marihuana

El caso de Grace Elizalde cautivó a México y el mundo cuando, en un esfuerzo desesperado por aliviar el dolor síndrome de una epilepsia refractaria, los padres de la niña tuvieron que acudir a los juzgados para acceder a un medicamento hoy accesible en los Estados Unidos. La discusión legislativa se convirtió entonces en una genuina batalla de la evidencia empírica contra las buenas costumbres de los políticos más conservadores.

Decenas de científicos e investigadores acercaron pilas de evidencia a los tomadores de decisión y, al final, el Senado aprobó una versión blandengue de ley que apenas abría la puerta a la importación. En la Cámara de Diputados, la minuta aún espera a ser votada. Lejos quedaron las altas miras de reformar la ley para convertir a México en punta de lanza en investigación sobre marihuana. El día hoy, Colombia, Argentina y hasta Canadá han rebasado por mucho esa propuesta en torno a marihuana médica.

En México hay aproximadamente dos millones de personas que padecen epilepsia. Aunque no todas ellas son candidatas a tratamiento con aceite de CBD (un derivado no psicoactivo de la marihuana), la Comisión Federal de Prevención contar Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) de la Secretaría de Salud ha entregado apenas 205 permisos de importación de un producto de los varios disponibles en el mercado. Más que una política de salud, el ejercicio del gobierno parece un tímido programa piloto para atender al menor número posible de pacientes.

Después de largos procesos de demandas de amparo, debates legislativos públicos y abiertos al escrutinio de la opinión pública, los diputados se debaten esta semana si aprobar o no lo poco que quedó de toda la discusión. En los debates entre los grupos parlamentarios y las comisiones dictaminadoras se considera incluso diluir la propuesta aún más.

Su mal viaje les impide ver que tienen en sus manos la posibilidad de transformar la vida de cientos de miles de mexicanos: aquellos que buscan desesperadamente una salida al sistema de justicia penal y aquellos que sufren sin encontrar terapia paliativa para la enfermedad que les aqueja.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.