¿Qué sigue Venezuela?

La crisis no es nueva. Ello no resta choque a lo rápido que se ha descompuesto la situación durante el último año. En mi última visita al país, hace apenas dos meses, la amenaza del llamado ‘constituyente’ de Nicolás Maduro ya era muy clara. En el camino, la oposición al régimen intentó varias estrategias –sin éxito– para llegar a donde estamos hoy. Henos aquí, ¿y ahora?

Gústele a quien le guste, el viernes pasado se inauguró la llamada “Asamblea Constituyente Nacional”. Aunque seguramente incómodo por un par de voces críticas que a Maduro le importan — el Papa y la representación de Uruguay en el MERCOSUR — el resto de la oposición internacional parece tenerlo sin perder el sueño.

El gobierno usurpado por Michel Temer en Brasil, a través de vendettas políticas tiene poca cara para la crítica. De los mandatarios neo-liberales como Pedro Pablo Kuczynski en Perú y Mauricio Macri en Argentina no se esperaba otra cosa. Ecuador -ya sin Rafael Correa- se ha entibiecido, prefiere mantenerse con la cabeza baja y calladito.

Después del fiasco de Luis Videgaray en la Asamblea General de la OEA en Cancún hace unas semanas, queda claro que el canciller sigue en ‘curva de aprendizaje’. Estados Unidos no tiene tampoco mucho que reclamar. ¿Qué va a decirle el constante irruptor de la gobernanza constitucional, Donald Trump, a Venezuela sobre libertad de expresión y de prensa? En Europa las izquierdas de Jeremy Corbyn, Pablo Iglesias y Jean-Luc Mélechon han hecho también mutis durante la última semana.

Apenas un día después de instalado, el constituyente votó exprofeso para remover a la fiscal Luisa Ortega Díaz de su puesto, desde donde la primero lealista se había convertido en una feroz crítica. En su lugar poniendo a Tarek William Saab, antes ombudsman y partidario del gobierno, y que recientemente fue sancionado por Estados Unidos por no hacer lo suficiente para evitar abuso de las fuerzas de seguridad durante las manifestaciones.

Durante la primera sesión de la flamante asamblea, el político y militar Diosdado Cabello propuso que el cuerpo legislativo gobierne durante dos años antes de presentar una nueva constitución que permita elecciones en el país. A diferencia del constituyente de Chávez en 1999, por ejemplo, que estuvo en sesión por tan solo seis meses.

Si bien existía el temor de que ‘el constituyente’ supliera las funciones de la Asamblea actualmente controlada por la oposición, se decidió que el nuevo cuerpo se reúna en una sala conjunta al edificio del Capitolio. Con ello indicando la posibilidad de co-existencia de ambos aparatos. Sin embargo, los discursos de varios constituyentes culpando al sector privado por la híper-inflación parecen indicar que dicho sector será el primer objetivo del nuevo cuerpo.

Las oposiciones a todo lo anterior sólo pueden incrementar y radicalizar su actuar. Para el domingo, 20 hombres habían ya atacado exitosamente una base militar con el objetivo de suplirse de armamento. Si bien estas pequeñas rebeliones seguirán sucediendo, el apoyo militar hacia el gobierno mantiene su lealtad con el régimen actual gracias a prebendas, cargos públicos y facilidades para ser corrompidos por las organizaciones criminales de tráfico de drogas.

Irónicamente, aunque hoy parece todo perdido, la oposición a los regímenes Chávez-Maduro nunca habían sido tan reconocidos como ahora. Qué mejor momento que este de éxito para la auto-crítica dirigida a la calibración de la estrategia política. Para ello, la oposición política gestada en los círculos de clase media producto de la renta del petróleo debe asumir su responsabilidad.

El constante ataque a la legitimidad de Chávez, incluso tras continuas victorias electorales a principios de la década pasada, fueron profundamente antidemocráticos. Como recuerda The Guardian, así lo fue también el apoyo –lícito e ilícito– recibido de Washington, dramáticamente culminando en el fallido golpe de estado aprobado por Estados Unidos en el 2002.

Además, es necesario reconocer que aunque nos parezca desconcertante, millones de venezolanos siguen apoyando a Nicolás Maduro. Para la gente que genuinamente se emocionó de votar por ‘el constituyente’ –aunque muchos probablemente no entendieran de qué se trataba– la oposición debe construir nuevos relatos. Asumiendo su rol en el extremismo del péndulo y construyendo nuevos escenarios de gobernanza política.

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