Un lugar de ambiente, donde todo es diferente (ideas sobre la paz)

En 1971, el año en el que nació Juan Gabriel, la policía francesa intentó confiscar de los puestos de venta del país el mayor número posible de una edición de la revista Tout. ¿La razón? El editor, Jean-Paul Sartre, llamaba a la liberación sexual, completa, incluyendo el derecho de cualquier persona a ser libre y abiertamente homosexual, lo que al gobierno le parecía que contradecía la moral pública.

Mientras tanto, del otro lado del Atlántico, el departamento de asuntos del consumidor de la ciudad de Nueva York (City Department of Consumer Affairs), hacía una recomendación para derogar una ley local que prohibía a homosexuales trabajar o acudir a un bar. Esto al mismo tiempo que Frank Kameny se convertía en el primer candidato abiertamente gay en postularse al Congreso estadunidense.

Cuando pensamos en la época en la que vivió El Divo de Juárez, no resulta extraño que ante el cuestionamiento sobre su sexualidad, Alberto Aguilera haya decidido responder: “lo que se ve no se pregunta”. Su falta de posición política pública es, por tanto, hasta predecible. Y si bien los derechos sexuales y reproductivos han evolucionado en casi 50 años de forma extraordinaria, la muerte de Juan Gabriel nos recuerda que aún quedan importantes obstáculos para quienes defendemos el derecho a amar, sin persignas.

El día de ayer fue el primer día oficial del alto al fuego bilateral entre el gobierno de Colombia y las FARC. Con ello comienza, legalmente, el final del último conflicto armado de América Latina. Un nuevo diálogo sobre lo que significa vivir pacíficamente es, por tanto, necesario en el continente. Desde que nació Juan Gabriel y hasta ayer, la región atravesó por un sinnúmero de dictaduras y guerrillas que han empapado en sangre a generaciones enteras. No por nada la escritora Laura Restrepo asegura que

en Colombia hay una generación que no sabe que es posible morirse de viejo en una cama”.

Con el acuerdo de Colombia, la ideología de guerra que ha infectado gobiernos conservadores en toda la región llega a su añorado final. Como en el campo de los derechos sexuales, el amor ganó por sobre la guerra. La paz ganó por sobre el odio.

Pero no todo es miel sobre hojuelas: Mientras México llora la muerte uno de sus principales ídolos, uno que logró el respeto popular a pesar de la cándida expresión de su identidad sexual, los conservadores fraguan un nuevo atentado contra el amor. A punta de mentiras, como hizo ayer el Vocero del Frente Nacional por la Familia en radio nacional, los conservadores buscan reforzar un discurso de discriminación y odio. Porque para ellos, la iniciativa de ley de Peña Nieto para la diversidad sexual atenta contra sus prejuicios.

El término despectivo en boga entre quienes fomentan este discurso de odio es la ideología de género. Con la expresión, los grupos conservadores pretenden desconfigurar el mensaje feminista (“¿pero qué necesidad?”). Con ello promueven un discurso de odio, homofobia y muerte (“¿para qué tanto problema?”). Parece que poco aprendieron de la pregunta de Juan Gabriel en 1994, cuando alegremente nos cantaba que:

No hay como la libertad de ser, de estar, de ir / De amar, de hacer, de hablar / De andar así sin penas”.

La estrategia no es novedosa. De hecho, hace apenas dos semanas el ex presidente Álvaro Uribe hizo gala su perversidad en el Senado de Colombia. Con una ágil grandilocuencia, el político convirtió un discurso en contra de la educación sexual en uno de homofobia como la que provocó que Sergio Urrego se suicidara en 2014. Este mismo discurso de exclusión es el que perpetúa la violencia y, ultimadamente, busca promover el voto por el no en el referéndum de paz que sucederá el 2 de octubre. Lo de Uribe es, por tanto, una verdadera ideología de guerra.

La muerte de Juan Gabriel es un duro golpe a la cultura popular mexicana. No conformes, los más conservadores del país saldrán la próxima semana a echarle sal a la herida. A través de una serie de demostraciones, algunos grupos promoverán que el amor que Juanga se dedicó a promover en su lírica, es peligroso. Ese discurso es el mismo que dice que los derechos humanos son una forma de proteger a ladrones y asesinos, aunque lo único que en verdad promueven es que este mundo sea un lugar de ambiente, donde todo sea diferente…

Artículo publicado originalemnte en Mexican Times.

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