Sábado

Muchas veces me he sentido feliz en una mañana de sábado, una felicidad asociada al futuro inmediato de un día lleno de horas y vacío de planes. El destello de calma surge entre café con leche y las migas de un bollo de hojaldre que saben a premio de sobra merecido. Cierras los ojos y sientes el sol. Una brisa suave empuja tu pelo, que acaricia tu cara y, durante unos segundos, dejas de pensar en nada y te concentras en estar. La vida es esto, me dice una voz interior amodorrada, antes de girarse y seguir durmiendo. Qué difícil es a veces detenerse y dejarse mecer por esa sensación de plenitud individual de la que, irónicamente, se disfruta con especial fruición cuando se comparte con alguien cuyo silencio te aporta esa misma paz.

Joan Manuel Serrat — La Mort de L’avi

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