El chico que quiso agarrar mi mano

Siempre fui reticente a lo social. Es tan incómodo para mi a veces enfrentar multitudes,aunque esa multitud sean 20 personas. Odio sonreír a cualquiera que me sonríe, a saludar a personas que no modifican en nada mi vida, a responder preguntas superficiales realizadas solo para luego reírse a mis espaldas o criticar mis pasiones. Lo sé.

Esa noche no fue la excepción, celebraban no recuerdo qué pero había que estar. Mis compañeros de trabajo estaban feliz, risas, cervezas todo iba bien, me sentía un 60% cómoda, cosa extraña porque mi vergüenza y paranoia cobran fuerzas de piedra y suben a niveles de 200%

Me empezó a doler la cabeza, tenía sueño, mis compañeros mas cercanos no habían asistido de modo que resolví que regresaría a casa. Estaba lejos. Saludé, abri la puerta y cuando estaba por bajar de la vereda a la calle escucho : HEY! me doy vuelta y ahí estaba, Leo.

Nunca había tenido toda la confianza del mundo pero nos saludábamos y a veces, charlamos mientras fumábamos un cigarrillo en el descanso. La verdad es que él me parecía aburrido, no de una manera negativa, sino que para su tipo de pasividad, estaba yo, por lo tanto no entraba en mi radar.

Naturalmente lo primero que pensé mientras Leo se metía al auto, lo encendía y me llamaba haciendo gestos con la mano fue: seguro me imaginó desnuda. Esto no es fruto de ninguna vanidad sino que siempre me lo imagino, trato de husmear en la mente del otro, sea hombre o mujer o trans o pan o perro.

Hacía frío y la verdad siempre prefiero regresar sola de los lugares a donde voy, porque no puedo volver sin escuchar mi música, siento que me ahogo. Pero estaba helando, era una noche de invierno y estaba a más de 30 cuadras de mi casa. Me subí, le pseudo sonreí. Me sonrió.

Arrancamos y yo tenía miedo de que me ponga una mano en la pierna, no se porque, nos imaginaba teniendo sexo pero no lo deseaba, ni un poco. El me charlaba, me contaba que le iba súper bien en la facultad y que el otro dia en el partido lo patearon tan fuerte que lo tuvieron que llevar al San Martín. Whatever. Yo asentía, ponía caras de asombro. Tienen que verme, casi que nací actriz.

De repente me encontré imaginándonos paseando en auto por el centro, yendo a tomar un helado, seguro encontraría novia rápido, era el perfecto para la perfecta. Not me.

Silencio, tomó un camino más largo, me di cuenta pero no tenia ganas de ponerlo en evidencia. Era y es un buen chico. Mis manos estaban congeladas, las puntitas de mis dedos no sentian nada pero de repente sintieron calor, miré y el chico en cuestión ahi estaba, siendo predecible, no fue la pierna pero fue la mano, mas sutil, mas esperable, no supe que decir pero mi mirada lo hizo por mi.

¡Perdón! me dice, y suelta mi mano — La verdad que siempre me pareciste divina…


No soy pretenciosa, simplemente soy tan inmadura y tan madura a la vez, tan simple y tan problemática, no creo ser mejor ni peor que alguna otra chica, somos todas diferentes pero nos acarician casi los mismos problemas, las mismas dualidades. Honestamente el me parecía un chico del que mis padres presumirían, que me trataría como a una reina por como me miraba, una mirada de adoración que la ultima vez que la vi, estuve de novia 4 años, pero no, yo sabia perfectamente que no fui ni soy la chica para el. Me aburre, hasta decir su nombre me hace bostezar, ¿nunca les pasó? es todo lo que esta bien pero a veces justamente no buscamos obtener perfección, si nada en la vida lo es, son casi todos los días toques amargos en el paladar, fricciones, y la gente que lo oculta, lo ignora, o lo niega me cae mal. Imposible. Toque cálido pero inútil.