¿Al chile respetás?

El otro día me dirigía en autobús hacia la universidad, y en el transcurso de mi casa a la universidad me topé con un hecho algo curioso. Una de las tantas veces que el bus se detuvo, en una de las tantas paradas, se subió al bus una persona transgénero, y me llevé una no tan grata sorpresa: muchas de las personas que iban en el autobús se corrieron con la intención de no tener ningún contacto físico ni visual con esta persona. Algunos de los pasajeros incluso soltaron bromas pasadas de tono y claramente ofensivas (sin conocer la orientación sexual de esta persona, porque independientemente de que encontremos un hombre vestido de mujer o viceversa esto no quiere decir que los mismos sean “gais” o “lesbianas”). Desde ese día me cuestiono lo siguiente: ¿Sabemos o no lo que es ser homofóbico? ¿Sabemos realmente lo que son los prejuicios?

Generalmente escuchamos en la calle comentarios como: “Yo no soy homofóbico pero que no se metan conmigo”, o “no es que yo sea homofóbico pero…”. Y si el concepto de homo-lesbo-trans- fobia no está claro, me permito aclararlo: se refiere al odio, temor y RECHAZO sentido por algunas personas hacia los sujetos gais, lesbianas o transexuales y travestis, generando la posibilidad de atentar contra sus derechos. Y cada vez que leo y releo la definición de homofobia me queda clarísimo que vivimos en una sociedad cada vez más homofóbica.

Una sociedad costarricense que le encanta gritarle al mundo lo pacífica que es, que se llena la boca diciendo que es el país más feliz del mundo, una sociedad que respeta y aboga por los derechos humanos, pero detengámonos ahí, ¿realmente aboga por derechos humanos?

Una sociedad que, en su mayoría, estaba a favor de un referendo para decidir sobre la vida de una minoría, una minoría que se expone a la violencia de insulto, a miradas amenazantes, miradas reprobatorias, a la burla cotidiana, a la repulsión de sus familiares, una sociedad en la cual un 3.2% de estudiantes universitarios creen que la homosexualidad es falta de espiritualidad y otro 3% cree que la homosexualidad es una enfermedad mental1.

Una sociedad que ignora que un gran porcentaje de los gais y lesbianas viven una situación de invisibilidad, de desprecio, de conformismo, de auto rechazo. Una sociedad costarricense que en su mayoría apoya la prohibición de las manifestaciones de afecto en público entre personas de un mismo sexo2.

Una Costa Rica en manos de una Presidenta que le resta importancia a la declaración de despenalización de homosexualidad promulgada por la ONU porque no es un punto relevante en su agenda de gobierno. Lo grave del asunto es que olvida y deja de lado el hecho de que han muerto miles de hombres y mujeres debido a su orientación sexual, y especialmente lo que un día pudo significar un triángulo rosa.

Ese día en el autobús, me sentí avergonzada y no por mi conducta, sino por la actitud de todas esas personas que soltaron chistes, burlas e incluso por aquellas que no las soltaron pero que miraban con recelo o repudio a esa persona, a ese ser humano. Me sentí avergonzada porque mi país -un país de paz- le da la espalda a todas esas personas que pueden ser castigadas debido a prohibiciones absurdas y tabúes. ¿Esa persona no es un ser humano como todos nosotros que merece respeto? ¿Esa persona se convierte en una mala persona por tener diferente orientación sexual? ¿Es que acaso el no seguir el mandato heterosexual es motivo de inferioridad en una sociedad como la nuestra?

Octubre 2011

1 Madrigal Ballestero Francisco, Suárez Rehaag Daria “Percepción de estudiantes universitarios sobre homo/lesbo fobia en Costa Rica, Nicaragua y Honduras 2008” Estudio de CIPAC (Centro de Investigación y Promoción para América Central de Derechos Humanos).

2 Fournier Marco, “Actitudes y estereotipos del personal de los ebais hacia la diversidad sexual en el valle central de Costa Rica 2009”. Estudio de CIPAC.