Cené conmigo…

Yo solía cenar conmigo, a veces acompañada, pero siempre conmigo. Después de mi trabajo (el cual disfrutaba muchísimo), entraba a mi apartamento, abría la ventana de mi cuarto (porque la calefacción hacía el calor de adentro un poquito exagerado para mí), me desestresaba y pensaba en qué quería cenar ese día. A veces ya lo tenía pensado, a veces solo me antojaba de algo de repente.

Segunda etapa. El repaso mental de si tenía o no todos los ingredientes que necesitaba, de no tenerlos tomaba la cartera y alguno de mis bolsos y me iba para el ¨Intermarché¨, llevaba siempre un bolso grande, porque siempre volvía con muchas cosas más de la que necesitaba. Eso sí, ese paso de lo que implicaba hacer la cena, solo se aplicaba si eran antes de las 7.30pm porque a esa hora me cerraban ¨el supermarché. En caso de que fuera más tardecito pues me la jugaba con lo que tuviese en la refri, si recién había ido a la feria era una persona muy creativa: fruta, verdura, vegetal, colores, olores, todo era cuestión de suerte.

Tercera etapa. Manos a la obra. (Obviamente antes de esta etapa, estaba en la que me lavaba las manos, pero a veces no es tan obvio jaja). Abrís la refri y la alacena también (en la refri mi sector de alimentos era el tercero de arriba para abajo, el segundo de abajo para arriba, en la alacena era el segundo también de arriba para abajo), volviendo, abría la refri sacaba lo de siempre: el chile, la cebolla y el ajo y comenzaba a picar, ese paso era y es uno de los que más disfruto, los olores, los colores y yo sacando de mi tiempo, solo para cocinar para una persona, para mí.

Cuarta etapa. Servir. A veces me sorprendía de mi tan mala táctica para medir cuánta comida preparar, a veces me sorprendía por mi habilidad de comer en grandes cantidades.

Quinta etapa. Saborear. Me sentaba sola a la mesa (cuando comía muy tarde), éramos el silencio y yo, por dicha soy una de esas personas que puede disfrutar de la soledad y el silencio, puedo disfrutar del sentirme ahí sola, independiente, que solo me tengo yo. Disfrutaba lo que había preparado, lo había preparado para mí, por antojo, por inercia, porque solo eso podía preparar, pero me sentía plena, yo cenaba conmigo, con nadie más, la necesidad de cocinarle a alguien no estaba, me cocinaba porque merecía que alguien me consintiera y nada más bonito que poder hacerlo una misma.

Y entonces hoy recordé lo que era eso, cenar conmigo, acompañarme, reírme, disfrutar del olor de la cebolla, el chile y el culantro al cocinarse, picar los ingredientes y degustar la salsa para saber si estaba bien de sal, recordé lo mucho que disfruto de mi soledad, recordé que la vainilla es mi sabor favorito de helado, recordé también que una misma está acompañándose y está ahí para consentirse. Quererse, quererse mucho, ese es el secreto. Y una lo puede descubrir cocinando. (:

Diciembre, 2014