Exigirse demasiado
Tardás en comprenderlo, tardás aún más en interiorizarlo, pasás años intentando alcanzar todas esas falsas promesas que te has hecho, alcanzar esos roles que te han dado, esa imagen que quizás has generado, tardás en verlo, tardás en darte cuenta que te estás exigiendo demasiado…
Y es que no tiene nada de malo eso de ser exigente con vos misma, exigirte ser la mejor, exigirte dar lo máximo , exigirte cumplir con eso en lo que crees, exigirte levantarte, sacudirte de lo que no querés cerca, el único problema (que en realidad no es un problema estrictamente) es conocer lo suficientemente bien qué es eso que querés…
¿Qué podés esperar de vos? ¿Qué podés esperar del mundo? Reconstruirse o construirse por primera vez. Desaprender, y es que eso precisamente es lo más difícil de la jornada, desaprender lo que te han enseñado, lo que está ahí dentro, que vos misma sepás que está ahí y construirlo todo nuevamente desde una perspectiva sin dueño.
Y en este camino de reconstrucción, he desaprendido, he reconocido, he sentido. Puedo sentirme insegura, puedo sentir miedo, puedo no estar cumpliendo con lo que me gustaría cumplir, pero ahí estás… te tenés a vos contra vos. Es simple, no podés esperar que el mundo perciba las mismas sensaciones que las tuyas, respire los olores y el mismo aire, que observe los mismos paisajes, que actúe de la misma manera en que vos lo harías. Cuando comprendés que no hay que buscar nada desesperadamente, ni desear nada tan intensamente que te nuble la vista porque te estás exigiendo demasiado, es en ese momento, que encontrás equilibrio.
Aceptar lo que hubo, agradecer lo que hay y sorprenderse con lo que habrá…
Marzo, 2015