Volver
“Why do you go away? So that you can come back. So that you can see the place you came from with new eyes and extra colors. And the people there see you differently, too. Coming back to where you started is not the same as never leaving.” ― T Pratchett, A Hat Full of Sky
Casi mes y medio. Es decir, 43 días. Cuarenta y tres días desde que volví, volví de ese lugar que logré transformar en mi segunda casa, donde no encontré una familia, pero sí donde construimos una. Leía mis notas de esos primeros días, creí no haberme sentido nunca tan sola y asustada, era todo tan grande y lejano a mi realidad hasta ese momento. Y así fue pasando, aprendiendo a caminar, a preguntar, a hablar con un acento que ponía a todos los tuyos a jugar de adivinar de donde venía la extraña que tenían al frente…En aquellos días escribía algo así como “extrañar”, pero ahora puedo ver que el extrañar cambia, ahora yo extraño con nostalgia, extraño con un anhelo por volver.
Volver a sentirme ahí, sola, libre, despreocupada…
Volver a caminarte, caminarte de día, caminarte de noche, caminarte con frío y mucha ropa encima, o caminarte reluciente porque ya lograba atrapar un poquito de calor de primavera.
Volver a perderme en tus calles, en esas que me sentí tan perdida un jueves por la noche, en esas en las que di vueltas buscando la tienda que nunca encontraba.
Yo te siento cerca de mí, en ocasiones cierro los ojos y me permito perderme en mis pensamientos, y me siento allá, al lado del puerto, caminando en contra del viento. Me siento allá en aquellas graditas donde no me senté más de dos veces, pero siento que he pasado una vida. Me siento allá leyendo en el parque camino a Cezanne o siento el aire fresquísimo que daba contra mi cara porque andábamos en bicicleta.
Sentir de eso se trata la vida.
Y entonces aquí rodeada de personas, de personas queridas, me he sentido sola. Sentimiento de soledad extraño y diferente. Porque hacen falta esas semanas, esas cenas y esas personas. Porque va más allá del cambio de horario, de moneda y el modo de vida. Yo no me siento extranjera en mi hogar, no, pero tampoco pretendo esconder algo que no sé asimilar, ni tampoco explicar, porque no todo se puede minimizar. Adaptarse a algo puede tomar su tiempo y readaptarse aún más.
Este es mi rincón del mundo, donde he nacido, crecido y sido, yo lo sé, pero he logrado descifrar que “mi rincón del mundo”, es transformable en “mis rincones del mundo” porque una siempre podrá imaginarse en esos lugares donde ha sabido ser feliz, una siempre tiene la ilusión de abrir los ojos y verse, encontrarse en esos lugares, y quizás algunos comprenderán lo que es despertar y pensar con nostalgia “a vos te estaba soñando”.
Efectivamente, estas letras están llenas de nostalgia, están llenas de eso que sentí cuando te caminé por última vez, de esa vez cuando un extraño se acercó a preguntar: “¿Está usted perdida? ¿La puedo ayudar? Y yo supe responder, con una sonrisa y una tristeza melancólica, un: “No gracias, ya conozco bien esta pequeña ciudad”, “Cette ville, elle est déjà à moi”.
Junio, 2014



