‘Come along with me’: la importancia de Hora de Aventura
El pasado 3 de septiembre, se transmitió el catorceavo episodio de la décima temporada de ‘Hora de Aventura’ con el nombre de ‘Come along with me’, título sacado de la cortinilla de salida de la serie, llamada ‘Island Song’. Desde que ‘Hora de Aventura’ se estrenó en Cartoon Network en el año 2010, una oleada de animaciones con estilo minimalista, de trazos gruesos y colores sólidos pero con arcos argumentales de gran escala (una temporada aproximadamente) y con temática fuerte. Series como ‘Steven Universe’, ‘Gravity Falls’, ‘Star vs the Forces of Evil’ e incluso como ‘Bojack Horseman’ son de las animaciones occidentales que no hubiesen existido sin ‘Hora de Aventura’.
A pesar de que hubo un decline en los niveles de rating de la serie al finalizar su sexta temporada, a mi parecer la mejor pero sin duda la más mística y filosófica, ‘Hora de Aventura’ fue trending topic debido a que su final muestra un beso entre la Dulce Princesa, regente del Dulce Reino (Princess Bubblegum) y su novia, la reina de los vampiros, Marceline Abadeer, quienes desde las primeras temporadas habían tenido un arco argumental romántico. Fue en ‘Stakes’, mini-serie dentro de la serie enfocada en la obtención de los poderes vampíricos de Marceline y el trauma que sufrió al perder a su figura paterna así como su humanidad, cuando se hizo mucho más evidente la tensión romántica entre ellas, y Pendleton Ward había sugerido que la previa animosidad entre las dos personajes, era debido a que eran ex-novias. Rebecca Sugar, quien antes había trabajado en el storyboard de ‘Hora de Aventura’ pero quien se salió del proyecto para seguir con el suyo propio: ‘Steven Universe’, hizo lo mismo mostrando la boda entre Rubí y Zafiro, dos gemas alienígenas de identidad femenina quienes fusionadas crean a Garnet, una de los personajes principales de la serie. ‘Steven Universe’ no escatima en mostrar amor sáfico, ya que es canónico el enamoramiento de Perla con la madre difunta del protagonista, Rose Quartz, así como la ya mencionada relación entre Rubí y Zafiro.

Si bien la representación LGBT+ en la animación actual está cobrando fuerza, no es lo único en lo que ‘Hora de Aventura’ destaca como de las animaciones pioneras. En las primeras temporadas, de la primera a la tercera, los episodios eran auto-conclusivos y no tenían una especial continuidad, prevalecía la fantasía y un ambiente jovial y a momentos, sin sentido, parecido a las historias que inventan los niños cuando juegan con sus juguetes y se enfocaba en un modelo tradicional de narrativas fantásticas: el protagonista, Finn, era el héroe quien junto son su compinche y hermano adoptivo, el perro mágico Jake, se encargaban de salvar a la Dulce Princesa de los constantes raptos del Rey Helado. Sin embargo, fue con la introducción del personaje de Simon Petrikov, la personalidad original del Rey Helado, cuando las cosas se empezaron a poner pesadas. El capítulo ‘Holly Jolly Secrets’ revela que el Rey Helado fue originalmente un arqueólogo famoso el que, investigando una misteriosa corona, perdió la razón después de usarla, ya que ésta lo corrompió y lo hizo perder tanto la razón como sus recuerdos, volviéndolo una parodia de sí mismo. Debido al trauma de perder a su prometida, Betty a quien llamaba ‘princesa’, después de asustarla con sus poderes de hielo y conducta errática, el Rey Helado se obsesionó con recuperar a su ‘princesa’ aunque eso significara raptar a cualquiera que tuviera el título o se refieran a ella con esa palabra. También fue revelado en esa temporada que la vampiresa, Marceline Abadeer, había sido hija adoptiva de Simon Petrikov, quienes trataban de sobrevivir en un mundo post-apocalíptico causado por una guerra nuclear, la llamada ‘Guerra de los Champiñones’, pero que se separaron debido a la creciente demencia de Petrikov.

Conforme pasaron los capítulos, la serie se enfocaba más en un desarrollo de personajes con personalidades bien definidas y profundas, que en tramas alocadas; eso sí, sin perder lo fantasioso e imaginativo que siempre caracterizó a la serie. Un capítulo típico podría tener como trama recuperar el tesoro escondido en un calabozo mágico pero como mensaje de fondo, la transición de la adolescencia a la adultez y lo que significa madurar (‘Hall of Egress’). Así, la Dulce Princesa dejó de ser la Helena de Troya, premio a pelear entre Finn y el rey Helado, a ser una personificación de los peligros de la ciencia sin limitaciones éticas ni sociales. Finn dejó de ser el inocente héroe quien piensa que todo se resuelve a golpes para ser un pacifista con una conexión espiritual que lo liga a vidas pasadas, conocimiento trascendental que obtiene mediante viajes astrales, y en general, un personaje que sabe que es más importante lidiar con las emociones de manera sana y prudente, a evadirse en la violencia. El Rey Helado, de ser un personaje patético y desesperado por conseguir amor y atención, a un ser humano completo, quien acepta la pérdida y la separación como parte del proceso de amar a alguien.
En general, podemos decir que el núcleo de la serie está enfocado en el cambio, la maduración y la pérdida. Centrada en los años adolescentes de Finn, empieza cuando él tiene 11 años y termina a sus 17, justo antes de ser un adulto. Finn pierde su inocencia al perder su brazo, experimentar sus primeras decepciones amorosas y enfrentar el abandono de su padre, pero gana su madurez al aceptar al cambio como parte de la vida, e incluso rechaza ascender de plano de existencia diciendo que ‘está disfrutando su existencia de carne’.

Fue a partir de la sexta temporada cuando la serie comenzó a bajar en ratings debido a que las temáticas se estaban volviendo ‘demasiado filosóficas’ de acuerdo con cierto sector de fans. Esto se nota en capítulos como ‘You Forgot your Floaties’ que tiene imágenes alusivas a Baphomet, arcanos del Tarot, así como guiños a la práctica de la magia, ligada con el subconsciente, así como ‘The Comet’ que habla sobre diferentes planos de existencia, y otros más que tratan el sentimiento de soledad existencial derivado de la incapacidad de relacionarse profundamente con nuestros allegados.
Debido a esto, a partir de la séptima temporada se volvió al formato auto-conclusivo de las primeras temporadas, como el ambiente mucho menos esotérico y más de acción, pero la marca ya había quedado, a pesar de que las tramas eran más ligeras filosóficamente hablando, temas como el ‘síndrome del nido vacío’, la búsqueda de un trabajo que satisfaga nuestras necesidades creativas, la apatía generada al ser un nini, así como la brecha emocional que puede existir entre padres e hijos, seguían siendo recurrentes.
En Marzo del 2018 se anunció que la décima temporada iba a ser la última, lo que personalmente me pareció muy desafortunado ya que había muchísimas tramas que no habían quedado resueltas y que fueron apresuradas a un final no muy satisfactorio a mi parecer. ‘Stakes’, ‘Islands’, y ‘Elements’, mini-series dentro de la serie, trataron de atar la mayor cantidad de cabos sueltos que quedaban, pero todo el gravitas generado por la densidad de la sexta temporada quedaba inconcluso. La encarnación del caos, Golb quien parecía ser el Jefe Final o el Gran Malo a vencer, fue derrotada en los últimos cinco minutos del último episodio, siendo esa su tercera aparición en la serie. El capítulo final no fue de mi agrado debido a que se sintió demasiado apresurado y con una trama muy simplona.
Las tramas de multiversos, viajes astrales, magia y espiritualidad fueron hechas a un lado para contar historias más enfocadas en la acción y la fantasía, así como problemas más mundanos, pero adultos al fin y al cabo. Todo esto contado de tal forma que todos los integrantes de la familia pudieran entender pero también divertirse. ‘Steven Universe’ tomó la batuta y con sus episodios como ‘Mindful Education’ o ‘Alone at Sea’ , habla sobre temas como ansiedad, técnicas de relajación ante crisis de pánico, relaciones abusivas, dinámicas de poder y las secuelas que deja el abuso emocional en las personas, de una forma que los niños pueden entender perfectamente.

Después de ocho años finalizó ‘Hora de Aventura’ con un capítulo de 45 minutos en contraste con los usuales episodios de 10 minutos. A pesar de que despectivamente se le llame a esas animaciones, ‘estilo CalArts’ (término acuñado por el pederasta y animador J.Kricfalusi, creador de Ren y Stimpy, para desdeñar el trabajo de Brad Bird en ‘The Iron Giant’) es innegable el impacto que tuvo Pendleton Ward en esta década en cuanto a caricaturas se refiere. Nos dio no sólo paisajes coloridos, personajes profundos y con quienes te encariñas y te identificas, una gran gama de emociones y además, representación sexodiversa. ‘Hora de Aventura’ pasará a la historia como la caricatura que mostró que la animación era un medio lo suficientemente sólido para contar historias conmovedoras, oscuras pero que gracias a su carácter infinito (se pueden dibujar cosas que no se pueden actuar) divierten y son un festín visual, cosa que los japoneses llevan décadas haciendo, y no es gratuito ya que ‘Hora de Aventura’ fue influenciado por el anime y el manga de las décadas pasadas y contemporáneo. No soy la única que nota una similitud en narrativa entre HdA y Full Metal Alchemist.
Gracias, Hora de Aventura, fuiste una animación que marcó mi adultez temprana y me ayudó a aceptar el cambio y la pérdida, pero como dice tu canción de inicio ‘The fun will never end’.
