La idea de libertad como algo comerciable

Uno de los valores más preciados en la actualidad es la libertad. No es de sorprenderse ya que hacer lo que una quiera se nos ha presentado como el estado más anhelable posible. Actualmente las ideas de ‘poder’ y ‘libertad’ están intrínsecamente relacionadas ya que la libertad se ve como el poder de hacer cosas: moverse, decir, hacer, ejercer, etcétera. Antes, en cambio, la idea de libertad estaba ligada con la de ‘responsabilidad’, la libertad y la responsabilidad eran dos caras de la misma moneda: la responsabilidad moral depende de la libertad, si soy coercionada a hacer algo, no soy moralmente responsable de ello. En este texto mostraré cómo la idea de la libertad como aquella donde no se enfatice la responsabilidad que ella conlleva, diluye y vacía de significado a la libertad misma.

Empecemos con la idea de poder hacer lo que se quiera. Obviamente, esta idea choca con limitaciones físicas, biológicas, etcétera. No es necesario mencionar que si la libertad se toma como ‘hacer lo que desees’ después de un minuto de reflexión me daré cuenta de que no lo soy: no puedo volar, no puedo levantar 1000 kilos con una mano, respirar abajo del agua, caminar a la Luna, etcétera. Sin embargo, si se pretende delimitar la libertad como algo ‘dentro de lo humanamente posible’ entramos en problemas. Si la libertad se acota dentro de lo biológicamente posible, fácilmente se puede argumentar que a cierto grupo de personas no se les puede declarar libres porque su biología no lo permite. Es muy fácil limitar la libertad a la humanidad y luego argumentar para deshumanizar a un grupo. Para muestra falta un botón: mucho se argumentaba en círculos de frenología que no dejar estudiar a las mujeres y gente no blanca no era coercionar su libertad ya que biológicamente no estaban hechos para estudiar. La ciencia racial estaba basada en axiomas similares. Por otra parte, cuando la libertad se toma como un eslógan tan simple como ‘Tú puedes hacerlo” sin tomar en cuenta limitantes sociales que sobrepasan al sujeto, también se cae en culpar a la persona por cosas que no dependen de ella misma: o sea, el discurso derechista de que la gente es pobre porque quiere.

Es fácil engatusarnos con promesas vacías de libertad. Uno de los miedos infundados contra el comunismo es que ‘no te deja comprar lo que quieras’, ‘no te deja acumular riquezas’ o ‘te obliga a vivir con X cantidad de dinero’. Se asocia el comunismo a un régimen fascista tipo 1984. Este texto no es el lugar para debatir tales exageraciones propagandísticas. Sin embargo, la idea de libertad que subyace tras esos miedos es la de ‘No te van a dejar a hacer lo que quieras’ presuponiendo que actualmente bajo el sistema económico presente sí se pueda. De hecho, yo no puedo comprar lo que quiera por una simple razón: no tengo dinero. Tampoco puedo acumular riquezas porque no las tengo. La gente que repite esas frases tampoco tiene la libertad para comprar lo que quiera porque seamos sinceras, si lo tuvieran no estarían en contacto conmigo. La gente súper rica vive en un mundo al cual yo de hecho no tengo acceso. No puedo viajar a ver la Mona Lisa porque no tengo dinero ni para el boleto ni para el hospedaje. La libertad tal y como la pregona la actualidad es una mera posibilidad, no un hecho. Es un ‘si tuvieras dinero, podrías’ que a fin de cuentas es igual a un ‘si tuvieras alas, podrías volar’.

La idea de libertad como algo de lo cual podemos hacernos responsables es más cercana. Sería libre sólo de las cosas de las cuales puedo responsabilizarme y esta idea de libertad de hecho ayuda más. Por ejemplo: la libertad de expresión vendría ligada con la responsabilidad que un discurso público tiene, podría decir estupidez y media si y sólo pudiera responsabilizarme de las consecuencias directas de ese discurso. La libertad de expresión como un retogo que nos dan los trolls de internet no sirve de nada y muchas veces se utiliza como escudo para esconder ideas dañinas. Obviamente conforme crece la influencia que alguien tiene, crecería su responsabilidad pero porque también su libertad es distinta. Una figura pública, un ídolo, no ‘tendría’ la libertad en el sentido antiguo de decir lo que quiera, pero en este nuevo sentido, tendría una libertad diferente, una libertad más cargada de responsabilidad que por ejemplo, yo, que tengo como 15 lectores, y aún así mi libertad al momento de escribir esto es distinto de cuando lo platico en privado, sobre todo porque digo (y pretendo sostener) que mi discurso viene una reflexión profunda.

La idea es que una libertad de ‘haz lo que quieras’ es una libertad diluída. Una libertad de adolescente gritándole a su papá que le deje ir al toquín del viernes. Un ‘déjame vivir mi vida’ que muchas veces se utiliza para justificar -ismos patológicos: ‘déjalo criar a su hija como quiera, es libre’ y pocas veces se utiliza para una causa que mejore el planeta porque las acciones que mejoraran el estatus quo vienen pegadas con una acción, un sacrificio intrínseco de la responsabilidad. Y casi nadie quiere hacerse responsable de sus acciones. De hecho, se ha ligado la libertad a estar ‘libre’ (valga la redundancia) de consecuencias. La libertad de expresión se confunde con libertad de consecuencias porque la libertad se vende como un ‘haz lo que quieras’. Todo mundo sabe lo que un ‘haría lo que desee’ viene implicando: ‘sin consecuencias’.

Si se enfatiza la responsabilidad sobre la libertad, además se tomarían en cuenta factores sociales que nos limitan: yo no soy responsable de vivir en México, del tráfico en la mañana, etcétera pero sí del margen de acción dependiendo del contexto, si bien no soy responsable del tráfico, sí de tomarlo en cuenta para no llegar tarde. Si bien no soy responsable de la crisis de agua sí podría organizarme con los vecinos para juntar agua, ahorrar o hablarle a los representantes y exigirles, por ejemplo. Además, me regresaría la esperanza en mis acciones, una libertad simplona me genera impotencia porque de hecho no puedo hacer lo que deseo. Una libertad responsable me regresa mi poder porque me dice lo que puedo hacer y lo que no.

Otro factor importante a tomar en cuenta es que la libertad simplona es sumamente individualista. Mientras que la responsable está enlazada a la responsabilidad que tengo para con los demás. Las consecuencias mayormente son hacia terceras personas y a mayores consecuencias, mayor gente beneficiada o afectada. Una libertad individualista es vacua y tiende al egoísmo. Además de que una libertad ready made es más propensa a discursos fatalistas donde se puede ‘quitar’. No digo que no se pueda coercionar a las personas pero si se habla de la libertad como el sentido simplón a criticar, es más fácil convencer a la gente de que su libertad está en peligro o de que es un recurso finito que disminuye cuando se legitima y se legalizan los derechos humanos de otros grupos.

En conclusión, la idea de libertad como un ‘just do it’ está más cercana a una campaña publicitaria que preda de una sensación de individualismo y satisfacción de deseos que a una libertad responsable, auténtica y satisfactoria en un sentido más trascendental. La libertad responsable no se queda en un deseo satisfecho si no que pretende mejorar la calidad moral de quien es libre, pretende una comunicación constante entre esa persona y la comunidad que le rodea, en un proceso dialéctico donde la libertad se construye, no se toma.