René Descartes y la salsa de tomate

Si le preguntásemos a la mayoría de las personas que nos rodean si han vivido a solas, sin roomies, sin familia ni pareja, no nos sorprendería encontrar que es la minoría la que lo ha hecho. Al responder a la pregunta podría ser que confesasen con vergüenza que de hecho no, nunca han vivido así. Pero ¿por qué nos avergüenza no tener esa experiencia? Similarmente con el hecho de viajar sin compañía, es casi como si toda nuestra vida apuntara al vivir a solas, a viajar a solas, a estar sola. Cada que alguien se queja de no tener pareja, lo primero que le responden es: ‘tienes que aprender a estar sola(o)’ como si fuera un pre-requisito en un formulario.

Anoche, mientras veía cómo hacían de cenar, me encontré con un post de Facebook donde un conocido mostraba cómo hacer sopa eslava de verduras. No parecía difícil, sólo laboriosa. Me entró la duda y comencé a buscar en Internet cómo preparar diversas cosas: salsa de tomate, mayonesa, mermelada incluso cátsup… La mayoría de esas cosas se hacen comprando los ingredientes, licuando y calentando en un sartén. ¿Por qué, entonces, tenía la idea de que eran mucho más complicadas de elaborar? Sólo necesitaba tiempo y hacerlas era muchísimo más barato que comprarlas. 
Recordé, también, un post de alguna red social que decía que en realidad, hacer pan de caja tampoco era tan difícil como se pensaba sólo que en este mundo nos hacen creen o más bien, nadie nos muestra que las cosas que compramos con tanta facilidad, se pueden hacer con más facilidad aún. ¿Por qué hacen eso? Pues para venderlas, obviamente. La autosustentabilidad es el peor enemigo del consumismo. Por el precio de 2 kg de jitomate haces aproximadamente un kilo de salsa de tomate (se rebaja porque te deshaces del bagazo al licuarlo o de lo que se evapora) cuando la cajita con 200 g te cuesta lo mismo, o poco más o poco menos. Estamos usando mal el internet si lo utilizamos para comprar en línea y no para aprender cómo se hacen esas mismas cosas en casa.

¿Cómo se unen las dos ideas anteriores? ¿La idea de la vida solitaria y la de la auto-sustentabilidad? Fácil, no se pueden hacer las dos al mismo tiempo.

Seamos realistas, para poder vivir en esta ciudad se necesita un trabajo de oficina con un horario adecuado a él y teniendo esa cantidad de tiempo ocupado es muy difícil querer llegar a casa a licuar 2kg de tomate para hacer salsa de tomate, lo más fácil es ir a comprarla. La facilidad, la comodidad es la prima fatal del placer. Además de que no toda la gente tiene las ganas de chutarse las horas previas que conlleva aprender a cocinar decentemente. A solas se depende más de los comercios que nos ahorran tiempo y esfuerzo. Sin embargo, cuando vivimos con más gente (responsable y acomedida), esas labores se distribuyen y nos da tiempo de hacerlas, ahorramos más dinero a largo plazo comprando en mayor cantidad las materias primas y no se echan a perder las cosas. Pareciera como si los humanos estuvieran condicionados a vivir en conjunto…
Alguien puede lavar, otra persona, cocinar, etcétera. Y si le añadimos que se pudiera tener un lugar donde cultivar los dichosos tomates para la salsa, jaquemate, básicamente lo que se tiene que comprar es lo de menos. No obstante, para hacer todo esto se necesita tiempo y es lo que menos tenemos.

Sin contar con la dificultad de estar con otras personas.

Nunca falta quien orgullosamente se autoproclame misántropo. Quien diga con una sonrisa de superioridad que prefiere a los animales que a la gente. (Ojo: no me refiero a la gente con ansiedad social ni a la gente tímida, si no a la gente que podría ser agradable y simpática y elige no serlo para ir de acuerdo a su filosofía de adolescente de 14 años y odiar a todos). Ese es un lado del espectro, pero también es más común que la gente simplemente, y con razón, diga que convivir con los demás es muy difícil, pero en vez de aceptar esa realidad, se queda en la dificultad y decide no hacerlo, aislarse y seguir con su vida. No digo que esté mal y sinceramente, las razones individuales no me interesan. Es la popularidad de esta visión de la gente la que me intriga.

Aristóteles había dicho que el humano es un animal político, y en la Antigua Grecia (corríjanme si estoy mal, mi historia de la filosofía está muy oxidada) participar de la comunidad era obligatorio, no en el sentido de que te castigaban si no lo hacías, si no en el sentido de ¿quién demonios eres que no convives con nadie? ¿cómo puedes saber cómo eres en realidad si no hay otra persona con la que te relacionas en comunidad? (Por eso, estar fuera del ágora, o espacio público, era peor que la muerte, era la inexistencia, de ahí que las mujeres no tuviéramos alma, no participábamos del ágora y eso era como no ser humanas, y de ahí que Sócrates eligiera la muerte al exilio y la violenta otredad de los bárbaros, quienes por definición no participaban; pero de la armamentización de las comunidades hablaré en otro post) 
Llegó Descartes y con su cogito, o su hallazgo del yo a través de la introspección; y todo se vino abajo. Ahora era posible saber quiénes éramos sin necesidad de alguien más, es más, sin necesidad de salir de nuestro cuarto. La identidad la podíamos construir en solitaria jornada. Descartes no sólo inauguró el racionalismo si no toda una idea del yo que sigue plagándonos.

No sé cómo hablar del capitalismo sin sonar a que escribí esto con un sombrero de aluminio en la cabeza. Pero sí que resulta conveniente hacer que un animal social desee estar siempre a solas y ese vacío que resulta de negar su propia necesidad de comunidad, lo quiera llenar con x cosa: inserte una necesidad cualquiera. Peor aún si idealizamos esa extraña fantasía de hacerlo todo con las propias manos. Sería muy fácil si esa necesidad de compañía estuviera ahí, prístina sin ser alterada y que inevitablemente nos juntásemos en el momento que nos dejaran hacerlo. Las cosas no son tan sencillas y nos han criado con una eterna paranoia de desconfianza y esa desconfianza sólo genera inseguridad, en el sentido de que los individuos no están seguros en ese estado. Hobbes le llamaba ‘estado de naturaleza’ y ahí ‘el humano es el lobo del humano’, bueno, mi visión es más rousseaniana y creo que es la crianza la que nos impide generar comunidades sanas. La socialización masculina en la que impera el no bajar la guardia, que no se les enseñe labores domésticas, lo que hace a la mitad de la población inútil para una comuna, y la patologización general de la vulnerabilidad: llorar es malo, necesitar de alguien es malo, llamar la atención es malo. ¡Qué mejor manera de evitar comunidades si nos crían para nunca confiar en alguien!

Mi problema no es que dentro de una comunidad haya pleitos, porque son inevitables y necesarios, ya que enseñan a los miembros a resolver problemas y a mejorar la comunicación. Si no que la gente no quiera hacer comunidad en un primer lugar: la desconfianza, la paranoia, la glorificación del lobo solitario. La eterna vigilancia a que se equivoque el de al lado, a señalarle sus errores, a regodearse en su ignorancia.
Por eso es tan difícil hacer las cosas a solas porque un kilo es mucho y estoy cansada y mejor la compro. A solas no dan ganas de hacer platillos para 5 personas. A solas, como el cogito de Descartes, no tiene sentido hacer tanta salsa de tomate.