Lo que nunca te dijeron del proceso de enseñanza-aprendizaje

Recuerdo que en la prepa, una compañera me dijo lo que quería estudiar, pero que temía terminar como una mediocre y, por tanto, como profesora en una escuela. No le respondí, pero me quedé pensando en lo equivocada que está.


“Those who can, do. Those who can’t, teach.”

Esta frase nos ha pasado por la mente, especialmente pensando en los profesores (buenos o malos) que nos hemos encontrado durante nuestra vida en las aulas. Que no importa que en el salón sea buenísimo enseñando (o si no, al menos buena onda), si es profesor es mediocre porque no pudo sobresalir en su área de trabajo.

No creo en esa mierda.

“Those who can, do. Those who can do more, teach.”

Yo soy más creyente de la frase anterior. No soy profesor, pero me encanta compartir lo poco que sé, con mi familia, con mis amigos, con mis compañeros del trabajo.

Enseñar es una de mis actividades favoritas, porque enseñando se aprende aún más, ya sea reforzando el conocimiento adquirido impartiendo la clase, o en la retroalimentación con el estudiante. Es una relación fundamental, no existe la enseñanza sin el aprendizaje.

¿Cómo sería el mundo si el conocimiento no se compartiera?

Posiblemente no estaría aquí escribiendo esta publicación, ni mi ex compañera estudiando una carrera.

El conocimiento es útil no sólo al aplicarlo, sino al enseñarlo. Y así como hay que enseñar, hay que aprender, porque es esa hambre de querer saber más es lo que logra los (pequeños) grandes descubrimientos.

Hay que seguir aprendiendo/enseñando, porque sólo los peces muertos dejan de nadar.

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