El mundo al revés

En el reino del revés todo está invertido, donde lo blanco es negro y lo negro es blanco, lo bueno es malo y lo malo, bueno. Pareciera que una parte de la oposición ecuatoriana se quedó viviendo aquí. Luego de 9 años de Socialismo del Siglo XXI, de Buen Vivir, de Revolución Ciudadana, de Rafael Correa, resulta que, ¡oh sorpresa!, Mashi Rafael es un capitalista empedernido vendido a la derecha. Al parecer nunca fue de izquierda, dicen.

Qué extraña esa postura. De verdad. ¿Cómo pueden negar el izquierdismo omnipotente?. Vivimos con un estatismo crónico que controla la economía, que controla las decisiones personales, que controla los poderes del Estado, que controla la comunicación, que controla el comercio, que controla cómo se “crea” la riqueza”, que controla precios, básicamente, que controla todo lo que se mueve. Sin mencionar que existen proyectos de ley cuyo fin es la redistribución de la riqueza. No se puede negar que el socialismo es el principio ideológico de la Revolución. Aunque también ha tenido tintes mercantilistas. En este tiempo, se incubaron “empresarios” parásitos al gobierno que lucraron cínicamente del erario público a costa del ciudadano — vulgarmente conocidos como “nuevos ricos”, tal y como sucedió durante el temido “neoliberalismo” (que de liberal nada tiene).

Es cierto, la Revolución traicionó algunos postulados con el que se ganó el apoyo de los sectores de izquierda (que en 2007 lo llevaron al poder) entre esos: la explotación del Yasuní y el Plan Familia, solo por mencionar algunos. Sin embargo, eso no descarta que sigamos por el sendero zurdo. También es cierto, que no resultaron “manos limpias y de corazones de ardientes”, otra prosa ganadora para el ala izquierda. Eso es verdad, en el tema de la corrupción el país no ha mejorado pero este aspecto es transversal en todo el espectro ideológico y sin duda es parte del dilema pero no es lo único. Es muy simplista afirmar que la delicada situación del país se debe únicamente al peculado. El problema va mucho más allá y es de raíz: el modelo socialista, que en lugar de apuntar a ser una sociedad abierta, nos encierra en el estatismo.

Otro aspecto que desencantó a ciertos grupos fue la reelección indefinida. Aquí es importante aclarar que el síndrome de la adicción del poder, no tiene ideología. Actores de distintos extremos del espectro como: Álvaro Uribe, Alberto Fujimori, Carlos Menem, Hugo Chávez y recientemente Evo Morales, han planteado manosear la Constitución para alargar su estadía. Así que, la gesta por la postulación eterna tampoco descarta que seguimos transitando por la izquierda.

En 2017 hay que saber a qué nos oponemos, no vaya a ser que terminemos eligiendo a otro caudillo con las mismas ideas para luego de un par de años estar nuevamente en las calles exigiendo su renuncia. Porque el socialismo –en cualquiera de sus variantes- tienen el mismo fin: una sociedad empobrecida. Vivimos un Estatismo crónico y eso hay que cambiarlo. Al contrario de lo que piensan algunos, los problemas que tenemos hoy no se solucionan con más Estado sino con un Gobierno limitado y buenas instituciones. Sí, lo que necesitamos es menos Estado y más libertad para nosotros.

Para eso, hay que dejar los complejos a un lado y empezar a plantearnos nuevas alternativas para construir el Ecuador próspero que todos queremos ver. Tenemos que debatir, sin vendas en los ojos, sobre la necesidad de liberar el comercio, de crear zonas francas, de atraer inversión extranjera, de cambiar integralmente el sistema de salud como educación. Tenemos que apuntar a ser una sociedad libre, abierta, próspera y responsable.

Las recetas del pasado no han servido y es momento de aplicar soluciones prácticas que sí han funcionado en otros países. Hay que hacerlo sin miedo y dejando los mitos a un lado.

Cuando el socialismo fracasa la salida fácil es culpar al capitalismo, a pesar de que en Ecuador no hemos tenido la oportunidad de experimentar las bondades del libre comercio ( y no, no insistan con la “larga noche neoliberal”). Satanizan una sociedad libre y abierta, sin reconocer que el capitalismo nos ha pacificado, nos ha permitido ser una sociedad más civilizada y sobretodo, ha mejorado los estándares de vida. Esto no es mi opinión, hay datos que lo respaldan.

Quizás Rafael no es lo suficientemente de izquierda para el gusto de algunos sectores, pero nadie puede negar que luego de 9 años el régimen ha creado un Estado frankenstein con retazos de la social democracia, de la izquierda estalinista, del Socialismo del Siglo XXI, del mercantilismo. La moraleja que nos deja el ala izquierda de la oposición es la siguiente: voten por propuestas no por candidatos, no traicionen sus principios por el presidenciable más carismático.

Los experimentos socialistas siguen fallando pero sus adeptos continúan pensando en la segunda venida del verdadero socialismo. Les toca reconocer que simplemente no funciona, porque esta doctrina es la negación del ser humano.

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