En busca del nirvana revolucionario

Sobre las consecuencias del nihilismo correísta

Hoy en el “monólogo de la equidad” del Presidente, él dijo una frase que me impactó: “Lucharemos por la patria nueva”. Yo sé que esto lo dice siempre, pero esa afirmación es mucho más que una cursilería revolucionaría.

La idea del hombre nuevo, o en este caso la patria nueva, es una de las ideas más peligrosas de las doctrinas totalitaristas. ¿Qué es lo que nos quiere decir ? En otras palabras, destruir lo existente para construir un nuevo paraíso terrenal revolucionario, sin importar cómo se logre. En este lugar, no existen banqueros, ni opositores, ni gorditas horrorosas, ni el malvado neoliberalismo. Solo verdaderos fieles a la revolución.Todo es paz, amor y buen vivir.

El Presidente nos ha vendido a la Revolución Ciudadana como un oasis en un desierto, un ideal sublime. Tanto así, que es una de sus justificaciones para quedarse un ratito más en el sillón presidencial.El problema con idealizar revoluciones es que se convierte en una obsesión que ciega a los gobernantes. Ese modelo se vuelve inalcanzable para el hombre común, como tú y yo. Ellos quieren una sociedad perfecta con hombres de excelencia, entonces quieren moldear a las personas a su medida. Ésta utopía, se vuelve en una excusa para concebir a los ciudadanos como fichas en un tablero de ajedrez. Somos piezas que pueden ser manipuladas al gusto, reprimiendo libertades, para construir el paraíso utópico del buen vivir.

La historia nos enseñó las consecuencias de obsesionarnos con una sociedad impecable. La Alemania Nazi, proponía el Superhombre, el Che nos hablaba de los héroes socialistas, Stalin y Lenin pusieron en un pedestal a los bolcheviques. Y todos sabemos dónde terminaron los ciudadanos imperfectos, los supuestos traidores al proyecto. Unos en Auschwitz, otros en La Cabaña y algunos congelados en Siberia.

La idea de la patria nueva, es una propuesta de crear hombres distintos. De destruir al ser humano, con sus virtudes y defectos, por un verdadero ángel que sea digno de vivir en el edén terrenal del buen vivir. El problema con todo esto, es que en el proceso destruyen la libertad y la dignidad humana. La sociedad se convierte un experimento de burócratas que imponen su voluntad al resto. En realidad, no es un postulado cursi como pensaba. El nihilismo correísta es una tiranía de la bondad y los ciudadanos somos los corderos de sacrificio.

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