#JeSuisCharlie


Créanlo o no. Todos los seres humanos del planeta tenemos del derecho de opinar,dibujar y hasta decir estupideces . En Ecuador, tenemos este derecho constitucional para hablar tonterías (y también para ser serios). Sin embargo mucha gente se asusta cuando las personas se expresan libremente. Un ejemplo de eso el hashtag #JeNeSuisPasCharlie.

Ya todos conocemos lo que pasó la semana pasada en París. Hay muchos temas entrelazados en este episodio. Desde teología hasta derechos humanos. No conozco mucho sobre el Islam y no comentaré sobre eso. Pero si hay algo que defiendo a capa y espada es la libertad de expresión y me centraré en este aspecto.

¿Libertad o libertinaje? Libertad o libertinaje de expresión, da exactamente lo mismo. Eso es un falso dilema y un juego de palabras irrelevante. El problema de fondo consiste en que tendemos a refugiarnos en la honra o la reputación para coartar este derecho. Nosotros podemos hablar lo que nos da la gana sin temor a que nos maten, encarcelen o se inicien procesos legales. Y sí, incluso a decir cosas que ofenden al gobierno, vecinos, musulmanes, católicos, budistas, opositores, testigos de Jehová o ateos.

El principio es el mismo en Francia y en Ecuador. La honra no es motivo ni para matar ni para encarcelar a otro ser humano. En Ecuador, somos tan vanguardistas que fuimos los pioneros en el campo del análisis científico del humor. Específicamente cuando el Presidente inició procesos legales porque se sintió ofendido por una caricatura. En este caso se realizó un informe técnico sobre el dibujo para determinar que se atentó contra la honra de Rafael Correa.

Si utilizamos a la reputación como métrica para la libertad de expresión, probablemente queramos asesinar a medio mundo y a encarcelar a la otra mitad. No existe un método científico para definir cuando algo constituye una ofensa (Aunque Carlos Ochoa piense que sí). Lo que me ofende a mí no necesariamente va a ofender a alguien más. Por eso, es completamente ilógico basarnos en algo tan subjetivo para limitar este derecho.

El ataque a Charlie Hebdo nos muestra que los gobiernos no son la única amenaza para las sociedades libres. A veces nosotros mismos, los ciudadanos, atentamos contra nuestros derechos. Pensemos en Ecuador. Somos 15 millones de habitantes. Son 15 millones de opiniones distintas. Siempre va a existir alguien que se ofenda con lo que otros hacen o dicen. Es el precio de vivir en una sociedad plural.

Mauricio Rojas lo explica muy bien:

“Vivir en una sociedad abierta y libre exige que aceptemos lo que nos disgusta e incluso la expresión de ideas que nos provocan la más fuerte aversión. Esa tolerancia es justamente la que protege la libertad de todos, ya que en lo que cada uno de nosotros hace y piensa seguro que hay algo que otro ser humano considera profundamente erróneo, ofensivo y censurable.”



Querer limitar la libre expresión por motivos emocionales, es retroceder en la escala de evolución humana. Cuando escuchamos o leemos algo que no nos gusta, se nos sale el cavernícola que llevamos dentro. Nos da ganas de acudir al caudillo protector para que los bote de la tribu o los castigue. Por suerte vivimos una sociedad civilizada. Tenemos que ser racionales y tolerantes en un mar de intolerancia e irracionalidad. Esto es la clave para una sociedad libre y civilizada. Y a veces no es fácil. La libertad es exigente, riesgosa y cuesta bastante. Nos exige a nosotros mismos a renunciar al privilegio propio en beneficio de la justicia.

Por otro lado. La vía fácil es crear leyes de comunicación, informes técnicos de caricaturas, ministerios, superintendencias y un Estado Policial para que “nos proteja” de los comentarios. Pero la verdad es que no necesitamos un caudillo protector. Solo necesitamos tolerancia.

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