‘’Las Brujas’’ volvieron a rodar

Pese a que estaba citado a las 23 del pasado sábado, diez minutos antes estuve ahí, en la estación Perú de la línea A, donde iniciaba el viaje de ida hasta Acoyte y vuelta. El panorama en la estación era inusual para quienes la solemos frecuentar: desde mesas con lunch y gaseosas hasta equipos de sonido pasando música. Era algo así como una fiesta.

El chapa 16, uno de los ‘’La Brugeoise’’ restaurados. (Foto: Sección Ciudad)

Cerca de la medianoche, se estacionaron sobre el andén los tres
coches ‘‘La Brugeoise’’ restaurados, esos que prestaron servicio durante un siglo, hasta que dejaron de hacerlo en 2013 y fueron declarados Monumento Histórico Nacional. Allí esperábamos, ansiosos y nostálgicos, un tercio de los 270 ganadores del concurso organizado por el Ministerio de Desarrollo Urbano y Transporte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, del que participaron 6400 personas.

Pasadas las 23.40 y tras la orden de personal de Metrovías, subimos a la formación. Llamativamente me tocó en el chapa 124, el único de los tres de origen argentino que, según contó un maquinista que nos acompañaba, fue construido en el taller ‘‘El Polvorín’’, en Emilio Mitre y Avenida Directorio, en el barrio porteño de Caballito.

Durante el viaje, hasta la Acoyte, con una parada de 5 minutos en Plaza Miserere para observar algunas particularidades de la estación, un guía turístico nos contó la historia de ‘‘Las Brujas’’, como se conoce popularmente a los legendarios coches ‘‘La Brugeoise’’, cuyo nombre remite a la fábrica belga La Brugeoise et Nicaise et Delcuve, encargada de su construcción a principios del siglo pasado. Ahí nos enteramos de que el primer tramo de la línea A, construido entre 1911 y 1913, llegaba desde Plaza de Mayo hasta Plaza Miserere (estación Once, en esos años), y que, un año más tarde, llegó hasta Primera Junta.

El roble, madera fuerte. (Foto: Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires)

El guía turísticó narró varias ‘‘perlitas’’, al menos desconocidas por mi. Una de ellas fue que, hasta 1926, la línea A prestaba servicio mixto, es decir, era subterráneo y tranvía. Entre las estaciones Primera Junta y San José de Flores, las formaciones hacían su recorrido en la superficie.

Otro dato interesante fue que la tierra que sacaban para construir el túnel que albergaría al ramal se usó, en mayor cantidad, para rellenar el terreno del cementerio de Flores, y también que debieron achicar las ventanas de los coches para disminuir el impacto en sus estructuras debido a las numerosas y pronunciadas curvas del recorrido.

Durante el viaje, las caras dejaban al descubierto un sentimiento de emoción y nostalgia recíproco entre los presentes que, en algunos casos, soltaron alguna lágrima. Había jóvenes y sexagenarios, que aplaudieron fervorosos y agradecidos a quienes trabajaron en la restauración de ‘‘Las Brujas’’, el orfebre Juan Carlos Pallarols y la arquitecta Maria Elena Mazzantini, presentes en el lugar.

Al volver a la estación Perú, muchos se resistían a abandonar el coche y se quedaban atentos a los detalles de la madera o las tulipas lumínicas del techo. Con el paso de algunos minutos y varias advertencias de los metrodelegados, la gente bajó. Con sandwichs de miga y vasos de gaseosa de por mediom muchos grupos sacaban sus conclusiones del viaje, recuerdos y alguna que otra curiosidad mientras que, nuevamente, la formación partió. ‘‘Las Brujas’’ entraron otra vez en acción, fieles a su estilo. Y si, fue una fiesta para quienes estuvimos ahí.

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