Aroma de amor

Cuando nos dan una flor queremos conservarla para siempre.

Deseamos que no se marchite, que sus pétalos sigan intactos y su aroma no se difumine entre el ambiente.

La colocamos en un lugar especial de la casa que resulte importante para nosotros.

Le cambiamos el agua para que no se ahogue ni se llene de maleza.

La contemplamos a diario y sentimos alegría cuando la miramos y recordamos el porqué nos fue brindada.

Ese simbolismo no significa más que amor. Amor que también debe ser cuidado, quitarle la maleza y cambiarle el agua a diario.

Deseamos que nunca se marchite ni pierda su aroma aunque eso sea inevitable y su compañía sea indefinida.

No queda más que valorarla, disfrutarla y sacarle el mayor provecho para que por el tiempo que decida estar viva nos haga felices.