La historia de Grisel

Entre dedos secos y hojas por doquier, está Grisel.

Dueña y ama de una máquina de sacar copias, que le pertenece por 8 horas en las que trabaja arduamente por llevar la comida a su hogar.

Cuenta que tiene dos hijas, una que ya le dio una hermosa nieta, y otra que la espera todas las noches para sentarse junto a ella a ver un programa de moda.

Está soltera, a pesar de que yo creo que está embarazada, pero preguntarle sería un riesgo que no deseo enfrentar.

Sus manos son rápidas al pasar las hojas, es diligente. Siempre me pregunta algo sobre mi trabajo, parece que desea aprender, que quiso estudiar y las malas decisiones la llevaron a ver expedientes legales de lejos. Imagino que les da una ojeada y se queda asombrada viendo los casos de homicidios -más cuando se adjuntan imágenes sangrientas- o delitos sexuales.

Es simpática, joven. Calculo tiene 42 años. Así como calculo que su vida ha sido difícil, llena de sacrificios y ausencia de oportunidades.

Empero preguntarle un día si no quiere que le explique algo sobre el Derecho en general, estoy segura que muy atenta se dispondrá a escucharme por el tiempo necesario con tal de aprender y llegar a casa a contarle a sus hijas lo mucho que sabe.

Imagino su casa, su familia, y siento profunda admiración por ella.

Su salario no supera el mínimo a pesar de las extenuantes jornadas, y eso no le impide tener disposición con sonrisa incluída para hacer su trabajo.

Una mujer normal, como cualquier otra. Como cualquier otra mujer con una historia de vida sin cirugías plásticas, sin botox, sin extensiones en su cabello.

¡Tan linda la gente real, tan linda Grisel y su aparente amor eterno por la vida!