Fumar sin filtro

Soy mujer y reconozco mis debilidades.

No me intimida un hombre musculoso, ni me conquista un “te quiero” genérico.

No me gustan las rosas ni los peluches. Detesto que me dediquen canciones de amor.

Me gusta comer, llenarme los dedos de salsa barbacoa y tomarme una jarra de cerveza a medio día o a media noche sin temor a engordarme.

Disfruto de ir al cine sola, sentarme en la barra de un bar y sin temor, pedirme un trago brindando en mis adentros por lo que me dé la gana.

Caminar por San José es de mi agrado, acompañada de cientos de personas a mi lado pero con mis dos manos sueltas, sintiendo el aire y esquivando gente.

Me hago historias en la cabeza. Constantemente me traslado en alma a lugares alejados de mi realidad geográfica. Sueño despierta mientras me baño o en las mañanas cuando orinar se vuelve en una extensión de la cama y me quedo ahí sentada media hora, ya no leyendo las etiquetas de los champues ni la biblia azul que regalaban en la escuela, sino cabeceando y pensando en situaciones reales que me preocupan y me ocupan.

Tengo problemas, me asustan muchas cosas. Hay días que sólo toca sonreír y fingir que se escucha mientras en la cabeza intento como resolver lo que sucede o hacer cuentas de lo que debo pagar y esta quincena no me va a alcanzar.

Le temo al embarazo, no concibo mi vida de esa forma aunque respeto a quién ha tenido hijos, pero en mis planes a mediano plazo no son una opción.

Vivo con mis papás, y esta situación me resulta más cómoda que “buscar vida”, admito que es más fácil llegar a la casa sin pensar que toca limpiar, hacer comida y ver cómo pago el alquiler del apartamento sin que me corten el agua. Posiblemente esto se lea detestable, pero prometo retribuirle a mis padres todo el esfuerzo cuando empiece a ejercer mi profesión.

No veo televisión y detesto las aplicaciones de juegos móviles. Considero absurda la idea de pasar horas tratando de hacer coincidir confites de colores, ayudar a un pollo a cruzar la calle o hacer fincas a través de una pantalla. Eso le lucía a los chiquitos cuando tenían Tamaguchi, que hasta eso me parecía un insulto al intelecto humano.

Juego de culta pero en realidad no sé nada. Me falta aprender más de música, de arte, de cine y de teatro (aunque me dé miedo). Confieso que muchísimas veces en medio de una conquista o por querer parecer muy educada, he buscado en Google contenido del cuál no tengo conocimiento pero finjo que sí. He buscado también letras de canciones en inglés antes de publicarlas en Facebook, sin saber ninguno de ustedes que primero tuve que consultarla.

Amo muchas cosas y deseo el doble de esas. Mi vida está llena de proyectos inconclusos, besos pedidos otros inacabados, ligues frustados, espejos distorsionados y frases de olvido para mi pasado al cuál no le doy F5 por miedo.

Ya no temo a quemarme con mi futuro, ya muchas veces la he cagado. Estoy convencida que la vida no es más que ponerse tacones todos los días y tratar de bajar una cuesta con ellos: duele en puta caminar, pero sentarse luego con las piernas temblorosas sabe mejor que haberse puesto chancletas.

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