Nosotros, los otros

Somos los raros.

Los amargados, los excéntricos.

Particulares y peculiares.

Desadaptados y rebeldes con causa, algunos dicen que sin ella.

Fantaseosos.

No queremos casarnos. No queremos hijos.

Nuestra realización personal no corresponde a la concepción familiar.

Odiamos los estigmas, los perjuicios y los juicios de valor.

La burla, la humillación y la exaltación de nuestros pares en un deseo superior de sobresalir y ser idealizados, es asqueroso.

Nos gusta lo sencillo. Lo que no pesa. Trabajar a nuestro ritmo, pensar según el tiempo de las corcheas blancas y no negras.

Odiamos dar explicaciones. Justificar nuestra apatía. Solemos inventar historias para no quedar mal socialmente, aunque la mayoría del tiempo no nos importa y sólo decimos que no.

No buscamos una pareja que nos complete. Nos agradan más los compañeros de vida, a los que se puede querer profundamente, con los que se puede viajar y tener sexo ilimitadamente.

No nos gustan los molotes. Consideramos las fiestas demasiado juveniles para nuestras almas señoriles en cuerpos veinteañeros.

Tenemos ideales que constantemente se ven disminuidos ante la realidad social que nos aqueja. Miles de proyectos inacabados por las limitaciones de recepción de terceros.

Estamos frente al mundo, solos. Con concepciones de mundo diferentes a nuestra conservadora familia y amigos.

No buscamos luchar. No queremos ganar la batalla. Tampoco queremos ser clasificados en un grupo social.

Sabemos que en cada calle hay uno como nosotros. Que busca integración, que desea ver más personas apoderarse de los espacios públicos, disfrutar de la música y tener conversaciones aburridas de la vida y la política.

Somos gente que se cuestiona. Que piensa y sobretodo que construye, aunque sea en la limitada área de tierra que ocupa, pero que decide generar más acciones que opiniones.

Somos nosotros, somos cada uno de los granos de café que se salieron del canasto.