Suprimir

He omitido contar su historia, me resulta más fácil bloquear su recuerdo que traerlo a colación a mi mente de la forma diaria como solía hacerlo.

Eso no quiere decir que desee olvidar el hecho de haberlo tenido ‘para siempre’ por unos instantes y de haber sido ‘el amor de mi vida’ por unos meses.

No puedo suprimir de mi memoria la sublevación de sus besos, ni ignorar con caricias de otros, las suyas.

Sin embargo, me ha resultado más fácil intentar eliminar de mi conciencia su existencia, no por cobardía sino por evitarme más caos.

La ilusión que usted me daba sin saberlo, resultó en un volcán de emociones que revolvían mi estómago en cada encuentro y me dejaban el corazón en la mano luego de cerrada esa puerta.

Admito llegar a mi casa, y de la forma más absurda acostarme en el sillón a realizar una recuento del encuentro, el cual me aprendía con cada detalle, para revivirlo en mi mente cuando el día estuviese triste.

Durante el tiempo que nos frecuentamos, existió un disco que me hacía pensar en usted cada vez que lo escuchaba. Aprendí todas las letras, filtrando las dos que me parecían más atinadas. Vibraba mi piel cuando las escuchaba y deseaba decirle expresamente que se las dedicaba.

Estuve mal al no poder decir lo que sentía, debí reprimir mis sentimientos a algo que era imposible y continuar la lucha interna para olvidarlo. Ha sido difícil, lo admito. Pero ahora sus mensajes los recibo sin importancia, ya no me resultan prioritarios porque comprendí mi papel en esta dualidad.

Supongo que al poner punto final a este texto, interiorizaré aún más la situación y me acostumbraré a la fraternidad de sus palabras. Posiblemente cuando lo vea me revuelque de nuevo la vida, pero ya sabré a qué atenerme.