¡Incalculable valor!

Uno de los retos más grandes en mi vida es el aprender a cocinar. La verdad es que yo amo comer, pero el proceso de cocinar es, para mí, una tortura. Puedo decir que han habido momentos en donde me tiraba en el sofá frustrada, ya que mi mente me llevaba a las frases que alguna vez escuché mientras iba creciendo.

“Si no cocinas, no podrás casarte”

“Nadie ama a una mujer que no sabe cocinar”

“Al hombre se le conquista por el estómago”

O el más fuerte

“Si no cocinas, no sirves”

En esos momentos de mi adolescencia en el campo de la supervivencia culinaria, puedo recordar las lágrimas correr por mi rostro. Según la idea de la gente es, por decirlo así, si una mujer no cocina no puede hacer nada.

Deje la cocina por largo tiempo en frustración y me dije a mi misma jamás volver a tocar la cocina hasta que… me fui a vivir sola.

Y ahí estaba otra vez: la cocina. Esta vez no había una madre amante de la cocina cerca mío, solo una cocina que me miraba como si estuviese diciendo “estoy más que lista para quemar tu comida”

Otra vez en medio de este campo culinario me di cuenta que mi mayor lucha no era que saliese bien, era el hecho de que estaba poniendo mi valor como mujer en lo que si yo no podía cocinar, mi capacidad cero, mis habilidades que obviamente no estaban conmigo. Sentí otra vez la frustración al punto de las lágrimas.

Me di cuenta que la presión por aprender a cocinar no era para evitar morir de hambre, era por definir mi valor como mujer, mi utilidad, y me di cuenta que muchos pasamos por esto.

Quizá tú no estés siendo definido por la cocina, pero quizá por lo que el mundo este dictando. Sea el tipo de ropa que uses, sea de Zara o H&M, o tus zapatos, o si estudias en tal universidad, o el carro que no tienes pero deseas, o incluso por si estas soltero/a. La verdad son tantas cosas que pueden llevarnos a “definir” quienes somos pero la verdad es que lo temporal jamás podrá definir el valor eterno que tienes en tu corazón. Ese valor que solo la sangre de Jesús te marcó de por vida como un Hijo e Hija del Rey, una persona tan única, tan llena de valor, de vida, de alegría y de autenticidad.

Quizá no puedes tener ropa de H&M pero… ¿Y que si mañana H&M no existe más?

No estudias en esa universidad que tanto deseas pero… ¿Y que si no existe más?

¿Dónde quedará tu valor si estas cosas desaparecen?

No sé cocinar. Hoy quemé camotes sancochándolos y… fue la mejor oportunidad de reír con mis amigas.

Quizá un día sea una maestra cocinando, o quizá nunca lo sea y viva del menú diario pero algo que he aprendido durante mi tiempo en la cocina es que esto no define mi valor como mujer. Así como la universidad en la que estudias, ni la ropa que usas: Nada de estas cosas te definen.

Solo la sangre de Jesús y sabes… ¡ese valor es altísimo!

Recuerda: Que la verdad de la palabra sea llenando tu corazón, para que cada día puedas verte como Dios te ve

Love,

Ari.

Publicado en El Sicomoro Secreto