Ezkaba. Espacio “natural”.

Hoy, prácticamente, como cada día, he salido a pasear por Ezkaba. Estos espacios los suelo compartir con el perro que vive con nosotras en casa, Kobu. Digo que vive con nosotras puesto que no nos sentimos sus dueños. Queremos y tratamos de vivir en un espacio libre.

La última semana paseando por Ezkaba me han sucedido dos historias que no me suceden, por lo menos a mí, todos los días. Un día me he topado con un tejón y en otra he visto un par de corzos jóvenes. Dos situaciones distintas pero que me han generado una reflexión y sentimientos parecidos.

El tejón estaba con un alambre rodeado al pecho, atrapado en una trampa. Los corzos, en cambio, estaban pastando tranquilamente en un campo junto a la variante a las tres y media de la tarde.

Uno, el tejón, atrapado en una jaula preparada por un ser humano. Los otros, los corzos, limitados por una “barrera” de movilidad humana. En los dos casos, los seres humanos de por medio.

A mí como ser humano me surge la siguiente reflexión. La fauna que tenemos a nuestro alrededor es bella. Tenemos que cuidar, mantener y alimentar un valor que tenemos tan cerca. Pero como mantener nuestra fauna. De modo natural o naturalmente. Esto es, controlando la proliferación y desarrollo de la fauna (Modo natural) o respetando su forma de ser, adaptarnos las personas con flexibilidad a la fauna (Naturalmente).

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