Cuando leo Boff en Costa Rica
Por: Arlette Pichardo Muñiz
Cuando leo Boff en Costa Rica, de inmediato rememoro los finales de la década de 1980 y principios de 1990 y pienso en Pedro Casaldáliga, en el Obispo Pagura, en el poeta Raúl Macín. Y, en Costa Rica, en el obispo Wilson, en mi amigo Edmundo Deseuza, en la Congregación de las Hermanas de Sión y en un montón de personas más, metodistas, luteranas, protestantes que formaban parte en aquel entonces del movimiento ecuménico.
Boff, conocido como Leonardo Boff, cuyo nombre original es Genésio Darci Boff, sacerdote franciscano en su juventud y edad madura, profesor universitario y reconocido como uno de los fundadores de la Teología de la Liberación. Castigado por su iglesia al silencio, luego ahorcó los hábitos y además de continuar ejerciendo su liderazgo espiritual desde las bases, se ha convertido en un defensor planetario.
Cuando leo su interesante y denso libro “Ecología: Grito de la Tierra, Grito de los Pobres”, cuya primera edición en portugués es de 1996, pienso que es posible rescatar un sin número de provocaciones que incitan a la reflexión.
El contraste entre la Teología de la Liberación y la Ecología, el llamado de los pobres y el llamado de la tierra que, justamente, da origen al título del libro, argumentación asumida desde la complejidad: característica del nuevo paradigma y de la lógica no-lineal.
La intención de “ir más allá” de la visión meramente ambientalista de la ecología, todavía dominante en las discusiones mundiales. Así dice en forma tajante, no existe medio ambiente, lo que hay es el ambiente entero.
La ecología integral, parte de la ecología ambiental, se sustenta en la ecología social y se abre a la ecología mental.
La ecología es un saber acerca de las relaciones, interconexiones, interdependencia e intercambios de todo con todo, en todos los puntos y en todos los momentos …la ecología no puede definirse por sí misma, al margen de sus implicaciones con otros saberes. Ella no es un saber que atañe a objetos de conocimiento, sino a las relaciones entre los objetos de conocimiento. Es un saber de saberes, relacionados entre sí…un gran sistema homeostático…un gran sistema equilibrado y autoregulado. Ella no sustituye a los saberes particulares con sus paradigmas específicos, sus métodos y sus resultados… La singularidad del saber ecológico reside en su transversalidad, es decir, en el relacionar hacia los lados (comunidad ecológica), hacia atrás (pasado) y hacia adentro (complejidad) todas las experiencias y todas las formas de comprensión como complementarias y útiles para nuestro conocimiento del universo…la ecología da cuerpo a una preocupación ética” .
El espíritu humano como fuerza de síntesis y creación de unidad” y sus dimensiones: el éxtasis (irradiación del ser que se abre totalmente hacia fuera y hacia los demás); el entusiasmo (sentirse poseído por una energía extraordinaria que convierte en pequeñas las mayores dificultades y que lleva a tomar iniciativas de envergadura); la inspiración (posesión de una fuerza mayor que lleva a la actuación); la comunicación (salir de sí, romper el círculo cerrado de la propia identidad y entregarse al otro); la racionalidad y de orden en el universo.
En fin Cuando leo “Ecología: Grito de la Tierra, Grito de los Pobres”, me regocijo con Boff al pensar en la ecoespiritualidad, ese sentir, amar y pensar; ese dialogar con la propia interioridad; ese ver la religión como expresión cultural de la experiencia del encuentro con el misterio divino; ese entender la espiritualidad unida al espíritu de su tiempo; en fin, ese encontrar en el amor una fuerza unificadora e integradora del universo.
