Cuando leo Vote por…

Por: Arlette Pichardo Muñiz

El próximo domingo 7 de febrero, Costa Rica se apresta a elegir alcaldes o alcaldesas, vicealcaldes o vicealcaldesas, síndicos o síndicas, concejales o concejalas, intendentes o intendentas municipales, viceintendentes o viceintendentas, integrantes propietarios o propietarias y suplentes de los concejos municipales de distrito.

Costa Rica es un país con una tradición democrática consolidada e ininterrumpida. Sin embargo, el voto directo para la elección de autoridades municipales, se instaura por primera vez en el país en el 2002. Así que, esta será la quinta vez consecutiva que se convoca a dicha elección .

Cuando leo “vote por empleo”, “vote porque se acaben las presas” (forma en cómo se denomina en el país a los entrabamientos del tránsito vehicular) e incluso cuando oigo la propaganda del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) invitando a votar, “para que en las escuelas se tenga acceso al Internet”, me llama poderosamente la atención la necesidad de avanzar de mejor manera en clarificar las competencias propias, coordinadas y delegadas de las municipales, como se ha hecho en otros países.

Especialmente, teniendo en cuenta que, con el traslado del Gobierno Central a las Municipalidades, de la potestad en la recaudación y administración del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI), anteriormente Impuesto Territorial, a la par de la recaudación por concepto de permisos de construcción y patentes, se aumenta en forma poderosa el caudal de ingresos de las municipales. Especialmente las ubicadas en los principales económicos de la Gran Área Metropolitana (GAM) y las Zonas Marítimas Terrestre, cuyos cafetales y zonas de playas se han urbanizado, atrayendo bancos y comercios, particularmente el “boom” de los llamados Malles.

Preocupaciones. En las elecciones anteriores, hace casi seis años, a raíz del ensayo “Conversando con alcaldes y alcaldesas de Costa Rica”, de la autoría de quien suscribe, publicado por el Centro Internacional de Política Económica para el Desarrollo Sostenible (CINPE) de la Universidad Nacional (UNA), planteamos una serie de preocupaciones de cara a la gestión municipal que siguen teniendo vigencia.

El uso del territorio y el ordenamiento de la localización de las actividades y las tareas vinculadas a la gestión y regulación urbana, la inversión en desarrollo local, el ambiente y los recursos naturales en la agenda municipal, el presupuesto participativo municipal, los servicios públicos municipales, el manejo de las zonas marítimo-terrestres y de territorios particulares como las franjas periurbanas y las zonas de paso, la cultura como parte de la gestión municipal, el rescate y peatonización de los cascos urbanos, la preservación del patrimonio histórico-arquitectónico y el turismo urbano, entre muchos otros ámbitos de intervención.

Asumir esas y otras responsabilidades, implica redefinir la esencia de la gestión municipal, encaminándose hacia una clarificación de las competencias de las municipalidades, en un país históricamente centralizado en el gobierno central y en la capital de la república.

Una gestión articulada, con capacidad de concertación y armonización de intereses y propósitos, entendida y practicada en forma proactiva, bajo el reconocimiento de que el factor clave, más allá de la búsqueda del posicionamiento político-partidario, es la firmeza del compromiso para el desarrollo de capacidades constantes y permanentes de construcción colectiva de procesos de planificación participativa, seguimiento y evaluación como conducta institucional.

Amén de la importancia de la gestión humana, otro aspecto fundamental es el relacionamiento entre las instancias de toma de decisiones, en particular los mecanismos de comunicación y las vinculaciones respetuosas entre alcaldes y alcaldesas y sus concejos municipales.

La mejora en la efectividad de los mecanismos (vías y órganos) de la participación social en la gestión municipal, la creación y fortalecimiento de condiciones para una efectiva rendición de cuentas municipales y entender la importancia de la mancomunidad municipal para enfrentar iniciativas y proyectos de envergadura, por ejemplo, la seguridad ciudadana, el alcantarillado sanitario, intervenciones viales de envergadura que conlleven a la reorganización del transporte y el tránsito, pueden ser claves para la organización del territorio con base en la especialización productiva y la prestación de servicios a nivel local.

Cuando leo vote por … (y también cuando oigo vote por …) me gustaría que fuera posible votar por autoridades municipales que mínimamente entiendan las competencias de la Muni (como familiarmente se le llama en Costa Rica).