Si nos encontramos

En esta ciudad tan grande mil lugares fueron escenario de nuestros momentos, pero no alcanza el tamaño para evitar que un día nos encontremos después de la amarga despedida.

En algún tiempo vamos a coincidir. Estaremos tú y yo frente a frente como la última vez que estuvimos juntos. Dónde sea ¿qué pasará en ese momento?

La única certeza que tengo es que ese momento será incómodo.

Tal vez tú me vas a ver primero o yo a ti, o chocaremos accidentalmente porque ninguno se dio cuenta que estábamos ahí.

No será una señal del destino, tampoco será una coincidencia, solamente seremos tú y yo compartiendo otro momento, como hace mucho no pasaba.

Casi puedo adivinar cómo será. Lo primero que habrá será una mirada, luego una sonrisa de reconocimiento. Después de eso hay dos posibilidades.

La primera posibilidad es que sigamos cada uno como si nada, guardando ese cruce en el baúl donde está todo lo que pasamos, preguntándonos en silencio ¿cómo estará? ¿qué hace aquí? ¿con quién estaba? ¿por qué tuvimos que encontrarnos? quedándonos sin respuestas, porque fue tan sorpresivo que de un golpe se vinieron muchas emociones, tantas que juntas son una contradicción.

La segunda posibilidad es que después de sonreír tímidamente salga el “¿cómo estás?” de uno de los dos, el otro contestará y hará otra pregunta, y así por 1 minuto que parecerán cinco. En esos 60 segundos por la cabeza pasarán muchos recuerdos y obtendremos respuestas a todo lo que hemos pensado este tiempo. Luego de la despedida nos iremos creyendo que estamos mejor lejos y soltaremos cualquier pensamiento para alimentar nuestro ego.

En cualquier caso no habrá nada más que eso, unos segundos que revivirán por un instante lo que juntos sentimos y se extinguirá para siempre. Esa pequeña explosión de emociones será un recordatorio de lo que fue y no será.

Ese va a ser nuestro último momento juntos, el primero desde la última vez que hablamos; el último que nos unirá.