Mi 1era vez: Buscando un trabajo después de 2 años de emprender.

Fue uno de mis primeros miedos antes de renunciar al trabajo formal, entiéndase corporativo. Recuerdo que pensaba ¿y si no funciona? ¿y si en algún momento tuviera que volver a buscar trabajo? ¿qué dirían los equipos de Recursos Humanos de que estuve “x” número de meses/años fuera del campo laboral tradicional, sin hacer “años de experiencia” en un área/puesto específico? Bueno, llegó el día en que tuve que descubrirlo.

Hace 2 años decidí renunciar a mi trabajo en una consultora de comunicación y marketing para dedicarme a desarrollar mi proyecto personal sobre el rediseño del trabajo para incentivar la creatividad y la innovación en las personas.

Hoy, mi proyecto ha llegado a un punto en que requiere de más capital para poder crecer y convertirse en un modelo escalable y de mayor impacto. No me encuentro en la fase de pedir capital semilla, así que decidí que lo mejor sería buscar un trabajo tradicional que me permitiera ahorrar, ganar otro poco de experiencia y seguir desarrollando mi proyecto mientras averiguo cuál sería la mejor estrategia para hacerlo funcionar.

Inicié buscando vacantes de innovación, pues decidí que si tendría un trabajo nuevamente, lo mejor que podía hacer era buscar uno que, no sólo no me desviara demasiado del nuevo carril que elegí, la innovación, sino que además pudiera sumarle a mi proyecto, es decir, permitirme ganar más experiencia y destreza en ese rubro, entender más a profundidad la industria, seguir encontrando huecos o necesidades no satisfechas, entre otras cosas.

Debo decir que, ingenuamente, supuse que las áreas de innovación serían más abiertas y empáticas al analizar a los candidatos para integrarse a sus equipos. Ya saben, la clásica historia: “no estudió nada parecido, pero era su pasión, le dieron una oportunidad, ¡y pum! se hizo la luz.” Con la diferencia de que sí estudié (me certifiqué) innovación y sí he estado trabajando con ello desde hace 2 años.

Pero a México, país tradicionalista, le cuesta trabajo salirse del carril. La respuesta más común que he obtenido es “no tienes experiencia trabajando en el área de Innovación de una empresa”. Claro, porque tener 2 años trabajando en el área de Innovación de mi empresa, es mucho menos meritorio (wtf?!).

Al principio estaba enojada por cuestiones personales, sólo veía cómo me afectaba a mí directamente este tipo de respuestas y lo que me impedía lograr. Pero después de estarle dando vueltas al asunto en mi cabeza, me di cuenta que era algo mucho peor de lo que pensaba, y mucho menos personal.

Las falacias del campo laboral de innovación

Los innovadores se jactan de ser empáticos y de tener facilidad para ver las cosas de manera fresca y diferente. Sin embargo, en mi experiencia, se rigen bajo las mismas reglas retrógradas y decadentes de contratación: “Disculpe, usted no cumple con los requisitos de 25 años de edad y 15 años de experiencia en el ámbito”. (Disculpen la exageración, intento enfatizar un punto. Pero seamos honestos, tampoco está tan alejado de la realidad…)

¿Qué está mal con estos requisitos?

La innovación es un campo relativamente nuevo, no sólo para el mundo, en particular para México. Aún muy pocas empresas destinan los recursos suficientes para tener un área de innovación como tal, que haga investigación y desarrollo. Las probabilidades de encontrar muchas personas con 4 o 5 años de experiencia en áreas de innovación, son tan bajas como el nivel de aprobación de nuestro señor presidente.

Seamos realistas, y sobre todo empáticos, (ese término les encanta a los innovadores, ¿cierto?):

Estamos en una época de transición, ponerle demasiadas reglas y trabas de la antigua usanza, sólo logrará el objetivo contrario a lo que requieren nuestras circunstancias: hacer de la transición un proceso sumamente complejo, doloroso y lento, lentísimo. Y ni hablemos de lo desmotivante. Dicho en otras palabras, llegaremos tarde al cambio. Impuntualidad, como también es costumbre de nuestro querido país.

El mundo se encuentra en un punto en que requiere de muchísimas ideas, enfoques frescos y rutas ingeniosas para superar esta época de escasez, desigualdad y conflictos, es decir, URGE INNOVACIÓN.

Ahora, pensemos por un momento en el proceso “tradicional” para cambiar de área o especializarse:

  1. Estudios: 2 años para una maestría o de 4 meses a 1 año para un diplomado.
  2. Búsqueda: Encontrar una oferta de trabajo (rango, empresa o área) que le permita a la persona aplicar lo aprendido tarda aproximadamente de 3 a 6 meses (a veces más) de búsqueda, entrevistas y procesos de reclutamiento.
  3. Experiencia: Cuando por fin llegó la tan esperada oportunidad de aplicar lo aprendido, hay que poner la alarma en unos 4 o 5 años, para saber que el tiempo, y no los resultados, han avalado nuestros conocimientos y habilidades. ¡Yeii!
Evaluar a un profesionista por sus años laborales de experiencia es el equivalente a la antiquísima, poco efectiva y muy criticada, métrica para evaluar los conocimientos de los niños mediante un examen de opción múltiple que lo único que logra evaluar es su memoria a corto plazo.

Tal vez cuando hayamos logrado todo lo anterior para poder llegar al puesto/área deseada, la inteligencia artificial, el cambio climático, o las reestructuras políticas y sociales ya habrán cambiado tanto nuestros sistemas, que nuestros tan preciados y sacrificados conocimientos y experiencia, ya se habrán vuelto obsoletos, y nos encontraremos de vuelta en el punto de inicio, con cero conocimientos y experiencia sobre las nuevas habilidades requeridas. (*Inserte suspiro desesperanzado aquí*)

Ojalá que para cuando eso suceda las personas con la capacidad de ingerir en este tipo de procesos, hayan hecho algo para agilizar el cambio.

Cuando se hablan de temas como éste, las nuevas profesiones, habilidades del siglo XXI, etc, la academia suele llevarse los golpes más duros. Hoy empiezo a dudar que sean los únicos responsables de que los muchachos recién egresados no logren colocarse en el mercado laboral con las habilidades y conocimientos suficientes.

El ambiente laboral, no sólo el de la innovación, no ha logrado cambiar junto con los sistemas académicos. Y hoy en día, son ellos quienes tienen un nuevo y enorme reto sobre sus hombros para facilitar esta época de transición laboral: Crear las condiciones necesarias para que los profesonistas puedan aprender más fácil y rápido las nuevas metodologías y habilidades del siglo XXI.

  • Crear espacios y tiempos de experimentación, donde las personas puedan empezar a poner en práctica lo aprendido, sin poner en riesgo la operación y ritmo de la empresa.
  • Asignar mentores, personas con amplia experiencia sobre dichos temas, que puedan guiar y asesorar a los nuevos integrantes del equipo para facilitar y acelerar su aprendizaje.
  • Romper las reglas (POR FAVOR RÓMPANLAS), hagan análisis de equivalencias. No nos guiemos por los parámetros más rígidos y tradicionales, no son épocas para hacer las cosas by the book. Una persona puede no tener “x” número de años de experiencia en la misma área para la cual hay una vacante, pero, ¿la persona usó habilidades similares/equivalentes a las que estaría usando en esta nueva área? ¿Podríamos trasladar su experiencia a un nuevo contexto y hacerla útil adaptándola a esta nueva área? ¡Seguramente sí! La clave está en ser observador, saber adaptarnos, y saber ayudarle a otros a adaptarse.
  • Utilicen sus propias metodologías de innovación para crear casos prácticos y citar a sus postulantes a resolver un tema designado. ¿Qué mejor que ver en acción las habilidades de las personas en vez de leerlas en un PDF, cierto? Un Creative Jam al rescate.

Creo que el caso es similar para los Community y Digital Media Managers, UX y UI Designers. Para los cuales no hay una escolaridad formal, no se diga una carrera, la gente se vale de talleres y cursos de expertos (individuos o empresas) en el tema para aprender de su experiencia. Sin embargo, esto podría aplicar para cualquier cambio de área, profesión o especialización, pero creo que el caso de los emprendedores será uno de los más recurrentes. Como hoy sabemos, la gran mayoría de las PYMES (80%) suelen fracasar a los 2 años. En el discurso nos invitan a apostar por las ideas, a tomar riesgos, incluso a FRACASAR, textualmente, pero ¿qué opciones prácticas (fuera del discurso) tienen estas personas para recuperarse de este proceso, para volver a ahorrar y quizás volver a empezar una nueva idea? o simplemente ¿para incorporarse al trabajo tradicional en búsqueda de más capital?

Creo que la visión “estuviste fuera del ámbito laboral por x años” no le hace ninguna justicia a la labor de un emprendedor. ¿Qué hay que apreciar de un emprendedor? Primero que nada, eres todólogo, te las ingenias para aprender de planeación estratégica, finanzas, marketing, ventas, producción, manejo de personal, y aunque no seas un erudito en todas las áreas, ¡por lo menos eres capaz de arreglar las piezas del juego para sistematizar y arrancar una empresa de cero!. Y ni hablemos de habilidades como la autogestión, autoaprendizaje, etc, etc, etc. Integrarse a un sistema ya estructurado, aprender procesos ya estandarizados, y desempeñar una tarea muchas veces constreñida a una sola área, ciertamente es un reto algo diferente. Versatilidad y autodirección serían los puntos a favor de los emprendedores.

Hablando de versatilidad y sumando argumentos paradójicos de esta situación, uno de los consejos más recurrentes al construir un equipo de trabajo para generar soluciones creativas es D-I-V-E-R-S-I-F-I-C-A-R. Cualquier proyecto se verá enriquecido al contar con un equipo de trabajo compuesto por perfiles diferentes, que aporten diversas perspectivas, que vean los puntos ciegos de otros, que conozcan y contribuyan con otras áreas de conocimiento distintas a las aparentemente necesarias/básicas para el tema en cuestión. Quizás uno de los puntos más fuertes de construir un equipo versatil es que se genera un ecosistema de constante aprendizaje e intercambio de experiencias, al no tener todos un mismo bagaje cultural y laboral (o por lo menos sumamente similar). Por el contrario, con frecuencia votamos por la homogeneidad en los equipos de trabajo. Otro golpe bajo a la creatividad.

Por otra parte, los pronósticos dicen que si hoy sentimos que las cosas están cambiando muy rápido, en 10 o 20 años, el velocímetro del cambio probablemente haya sobrepasado (por mucho) su tope máximo. Las cosas están y seguirán cambiando muy rápido y no tenemos tanto tiempo como creemos para adaptarnos…

Si vemos este problema con visión estratégica, lograremos entender que, al flexibilizar los procesos de contratación, no sólo estaremos dando más oportunidades a que las personas se actualicen profesionalmente y puedan aspirar a nuevas y mejores oportunidades laborales.

Sino que también estaremos empezando a pavimentar el camino para facilitar futuros cambios. Cada vez habrá más profesiones diferentes y tendremos menos tiempo para adaptarnos a ellas, antes de que salgan otras nuevas.

La lista de requisitos en una vacante en LinkedIn, OCC, o cualquiera de las plataformas de ofertas laborales, suelen ser bastante largas y demandantes, pero, ¿y qué ofrecen las empresas por su parte? ¿o es que sólo se trata de pedir?

¿Quieren gente que se adapte con facilidad al cambio? Podrían empezar haciéndolo ustedes, siendo flexibles y abiertos a nuevos perfiles de empleados.

¿Quieren gente muy hábil y con mucha experiencia? Podrían empezar instruyéndose ustedes en los nuevos, más ágiles y certeros procesos de evaluación y contratación.

¿Quieren gente sumamente creativa e innovadora? Sean los primeros en poner el ejemplo, ofreciendo nuevas formas de evaluar y contratar a su personal.

¿Quieren gente que aprenda rápido (fast learners)? Sean maestros ágiles y dispuestos a compartir sus conocimientos y expertise.

Me da hasta risa pensar que volví al punto de donde partí para arrancar mi negocio, esto fue cuando tomé la certificación en Innovación y Design Thinking. Compartí el salón de clases con ingenieros, psicólogos, diseñadores gráficos, mercadólogos, diseñadores industriales, entre otros, un grupo muy diverso y sumamente rico en perspectivas y conocimientos. Sin embargo, era evidente que para algunos con experiencia en rubros más alejados del diseño, les resultaba más complejo correr los procesos o extraer ciertas conclusiones o soluciones. Ahí fue cuando tuve mi primer insight para desarrollar mi proyecto: Una metodología de innovación, y toda su teoría, no hacen innovadora a una persona. Son cosas distintas, aunque suene complejo. Una persona debe desarrollar sus habilidades creativas, analíticas y empáticas ANTES de enfrentarse a estas metodologías, si es que desea sacarles el mayor provecho posible.

Y aquí me encuentro hoy, siendo evaluada, no por mis habilidades (en cualquier área que hayan sido usadas o desarrolladas), sino por las metodologías y teoría que conozco y el número de años que las haya usado. ¡Joder!

Trato de no generalizar, porque sé que hay de todo en este mundo, pero hablo desde mi experiencia y la mayoría de las opiniones que me ha tocado escuchar y compartir con mis círculos cercanos.

Creo que en este caso para las empresas, no se trata sólo de pedir, sino también de cooperar con la fuerza laboral, con oportunidades, flexibilidad y confianza. Ciertamente las empresas necesitan del talento del capital humano para seguir operando (y mantenerse vigentes en el mercado) y nosotros también necesitamos de ellos para hacer funcionar nuestros propios sistemas (vida, familia, otros negocios, etc).

El cambio requiere de ritmo, en lo particular este maratón del cambio que ya empezó hace un buen rato, y nosotros apenas estamos pensando si nos ponemos a calentar…

Hasta aquí mi primera vez de escribir un post sobre primeras veces.

Espero tenerles nuevas y mejores noticias pronto. :)