Zapi

Tenía que llegar a horario. Veintidós diez y contando.

Sentía el golpe profundo de la aguja del reloj pulsera sacudiendo mi brazo cada segundo que pasaba. Se sacudía y temblaba.
Un temblor que nacía en la palma de mi mano y subía lentamente hasta mi hombro, rebotaba y regresaba hasta la yema de cada uno de mis dedos. Temblaba con disimulo pero con ímpetu, intentando pasar desapercibidos, escondidos en la oscuridad que me daba el rescoldo de la puerta del auto, tiempo de invierno con cielo nublado donde el sol se suicida bien temprano, avergonzado al no cumplir su misión, de no ser estrella de rock sino estrella y nada más, exhausto y derrotado frente al poder de la noche por llegar. Era el ratón viejo que se sumergía en la oscuridad para no ser visto ante el demonio que le daba caza, y a pesar de ya conocer todos sus trucos, era siempre historia conocida. La guillotina en la nuca, el cañón en la sien, la navaja en la garganta, las pastillas en la mano, la cuchilla en las venas. Los ojos en el brillo de la pantalla.
No importa en absoluto cuando quisiera evitarlo, caía siempre en la misma trampa.
Como vos. Como yo.

-No vayas tan rápido — me dijo con la mueca pesada de antemano en la balanza para poner partes iguales de miedo y preocupación
-No te preocupes, estoy bien— le dije. O lo pensé por dentro mío, espero haber abierto la boca y haberlo dicho realmente. Habría sido lo correcto.
- ¿Estás bien?¿Porqué sacudís el brazo? 
- Me molesta el reloj — y pisé con más ganas el acelerador. Los ingenieros deberían diseñar un sistema que detecte cuando se está acelerando por el mero gusto de hundir el pie contra el piso y limite a las 6mil rpm. Recuento de Pelotudeces por Minuto.

Hacía ya tiempo que olvidado mi reloj bastante lejos de casa. Costa sur de las aguas mas hermosas que mis ojos pudieran merecer. Encerradas entre antiguas montañas y verdes pinos. Un privilegio para algunos, un secreto escondido bajo siete llaves, celado por aquellos que lo habían experimentado, guardado y protegido por la ira de dios mismo! Sólo al alcance de aquellos que fueran dignos.
O de los que tuvieran unos mangos ahorrados y unos días libres.
No digo que había perdido el reloj porque sabía exactamente donde lo dejé por ultima vez, pero tampoco lo quise recuperar. Estaba cerca pero mucho más arriba, y sabía que no iba a poder bajar y subir nuevamente.
No lo necesitaba, por algún motivo tengo el don de saber siempre que hora exacta es. A veces me da miedo. 
No tenía ni reloj ni nada parecido en mi brazo, pero temblaba, estrujaba el volante con el puño, apretaba la mandíbula.

-¿Porqué temblás así?¿Qué te pasa?
- Tengo que llegar a horario. Dijo que en treinta minutos. Van treinta y cinco.
Y cuarenta desde que me tomé otro analgésico. Efectos secundarios zumbidos de oidos, visión borrosa, parestesias, desorientación, irritabilidad, temblor. Por unos pesos mas quizá podía agrandar el combo con unas fritas.

Al llegar me despegué del cinturón de seguridad que me sofocaba, acomodé mi pierna como pude y con gran esfuerzo pude sacarme de adentro del auto. Entré y miré todas las caras. Algunas me devolvieron la gentileza. Una incluso me hizo el gesto ese al saludar. Se lo devolví. Me arrimé con cuidado a donde tenía que dejar el dinero, tomé lo mío y salí rápido de ahí. Con la dificultad que todo acarrea, pero pisando firme. 
Me quemaba en las manos, hirviendo por dentro.