El natural proceso de morir

¿Por qué nos sentimos tristes cuándo perdemos a un ser querido? Puede que el dolor por las pérdidas sea un fenómeno que los seres gregarios como nosotros poseemos para garantizar nuestra supervivencia, sin embargo entra en conflicto directamente contra el propio flujo de la naturaleza. La muerte no es algo malo. El sufrimiento lo es, pero la muerte es nada y la nada tiene un cariz insustancial ajeno a los juicios de valor. Sin embargo la muerte siempre permanece oculta tras un halo de misterio y nuestra ignorancia acerca de su naturaleza nos aterroriza, porque el Hombre tiene muchos temores pero ninguno mayor que a lo que desconoce.

Esa es la razón primordial de la existencia de la espiritualidad. Las religiones nos traen un compendio de conocimientos que se atreven a llenar los huecos que la razón nos deja. Si algo nos da miedo, creamos un relato entorno a ello y lo repetimos hasta que nos lo creemos.

Pero si hacemos un gran esfuerzo nos damos cuenta que podemos explicar la muerte a partir de su necesidad en la naturaleza. Nuestro universo está en permanente cambio muy probablemente gracias al tiempo. En un lugar donde se cumple que todo lo que era es diferente a lo que es y cuyas estructuras fundamentales parecen ser finitas, la única forma de cambio es la transformación.

Y ese es precisamente el tipo de proceso que es la muerte. La muerte es el paso de un estado más ordenado a otro más caótico, en el que el conjunto de estructuras que conocemos como ser vivo (y que en base a nuestros propios criterios nos atrevemos a llamarlo tal). Cuando la decadencia de sus complejos sistemas llevan a un punto insostenible, el ser vivo se derrumba como un castillo de naipes y devuelve al mismo lugar de donde los obtuvo los bloques fundamentales que lo constituían con la pérdida de información.

Esto es quizá lo que más nos preocupa, más allá de que nuestra existencia puramente material. Poco se sabe de nuestra conciencia, pero parece que emerge inevitablemente de la complejidad de nuestras estructuras. Al final la naturaleza no es más que la eterna lucha entre el artificial orden provocado por el azar y la evolución natural del todo hacia un estado más caótico y dominado por la entropía absoluta.

Seguramente la vida surgió de una sopa de elementos en un estado de gran equilibrio que se vio alterado por algún acontecimiento casual. Así que retornar a esa sopa a la que llamamos naturaleza no es tan malo, pues el ciclo de la vida sirve a un propósito contemplado en la evolución: eliminar lo viejo y usar sus estructuras fundamentales para crear algo diferente y con la esperanza de que sea más complejo y ordenado que lo anterior.

Así que cuando fallezca algún ser querido ten siempre en mente que ha regresado a al mismo estado que ese polvo de estrella del que provenimos.

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