Cómo pasar de Ricardo Anaya a “Riqui Riquín Canayín” en 5 sencillos pasos

La historia sobre cómo la narrativa clasista de la política mexicana neoliberal, fue aplastada por la narrativa nacionalista de López Obrador, tiene que ver mucho con un personaje del que ya casi te estás olvidando, su nombre es Ricardo Anaya, y lo que representa para mí, a su vez tiene que ver con algo que traigo dentro, y que estoy intentando matar desde hace tiempo, algo que vi convalecer cuando unas semanas antes del fin de la elección en México, Jorge Castañeda le dijo al periódico New York Times que Ricardo Anaya “Se jodió a todos para llegar hasta aquí” “Por otro lado, muchas personas joden a muchas otras personas y no llegan hasta aquí” “En México se supone que tienes que ser despiadado sin que nadie lo note” “Él neutralizó a personas de manera espectacular. Y obviamente hay un costo”. Cabe destacar que Jorge Castañeda, era en ese momento el coordinador de campaña del mismo Ricardo Anaya, sin embargo a nadie le importó tal detalle, porque a decir verdad ya era irrelevante lo que pasara para este punto de la elección, en México ya sabíamos que de una o de otra manera, Riqui no llegaría a la presidencia.
“He screwed everybody over in order to get there,” “On the other hand, a lot of people try to screw a lot of other people over and don’t get there.”
“In Mexico, you’re supposed to be ruthless without anybody noticing,” Mr. Castañeda continued. “He neutralized people in a spectacular way. There’s obviously a cost to that.”
Extracto de entrevista de Castañeda al NYT.
Jorge Castañeda tuvo entonces que salir a dar la cara para aclarar que “joder” no fue la traducción que más le agradó, por lo que le pidió al NYT que en su versión en español lo tradujeran como “desplazar”, o sea que en la versión oficial de su coordinador estratégico, Ricardo Anaya sólo “desplazó” a gente en su camino, no la jodió, porque obvio desplazar es súper lindo y nada tiene que ver con joderse a alguien. Luego en la misma declaración, Castañeda minimiza la actitud rampante del candidato, justificando que en la política mexicana, está mal visto ser ambicioso y protagónico, porque obviamente si quieres ser alguien en la vida no debes tener misericordia, es obvio, vives en México güey, capta. Así es ser estratega — o verdugo, según algunos de sus críticos — de un candidato muy quemado y a la deriva, que estuvo toda la elección alejado por diez puntos del puntero, y que aún con un presupuesto monstruoso de campaña, no subió mucho, ¿Cómo fue que un candidato con tantas características “ganadoras” para el público mexicano aspiracional, terminó con una trágica caída del 22% en las preferencias en electorado? ¿Cómo le hizo un joven tan hábil, para volverse este personaje en decadencia que ahora se encuentra como gato panza arriba a punto de perder el poder que había ganado durante su carrera? Te lo voy a resumir en una sola frase: lo que le faltó a Ricardo Anaya, para ganar en las elecciones más importantes de su vida, fue simplemente empatía.
PASO 1 PARA NO GANAR LA PRESIDENCIA: No tener empatía hacia tus aliados.

No es difícil notar que al igual que en muchos círculos artísticos de México, escalar dentro de la estructura política que nos gobierna, es algo que en la mayoría de los casos lleva muchos años de lo que coloquialmente se le conoce como “lamer huevos”, una verdadera herramienta de consenso que se usa para sumar fuerzas en tu camino a la cima, ya que si le lames los huevos a alguien, es normal que esa persona te reconozca y te apoye. Como una moneda que se gasta, o se guarda para usarse en el momento en donde más beneficio se le puede sacar. Sin embargo, también es algo que a juzgar por sus movimientos políticos, Ricardo Anaya no puede darle por mucho tiempo a la misma persona, al menos es de lo que lo han acusado diferentes personalidades de la política, que lo apoyaron durante su carrera en ascenso, la cual fue fulminante y lo llevó de ser un mero Coordinador de Desarrollo Humano en Querétaro, a realizarse como presidente del Pan, antes de terminar siendo el candidato presidencial blanquiazul menos votado en 22 años (12,610,120 votos), por debajo de Josefina Vázquez Mota en 2012 (12,786,647 votos) y por encima de Diego Fernández de Cevallos en 1996 (9,146,841 votos). Para que entiendas la gravedad del asunto, la débil candidatura de Ricardo Anaya, no sólo perdió frente al fenómeno sobrenatural de AMLO en 2018 (30,113,483 votos), sino que en teoría también habría perdido contra el AMLO calla chachalacas de 2006 (14,756,350 votos) y contra el AMLO del mundo del revés en 2012 (15,896,999 votos), o sea que prácticamente el “lord de los malls queretanos” es el peor candidato del PAN desde los tiempos en que el PAN todavía no demostraba que podía ganar presidencias. Por si fuera poco, con su fracaso, Riqui from Atlanta, llevó a su partido a una división que fue alimentada por su falta de consenso (o de lamer huevos, como lo quieras ver), justo como cuando crees que eres más verga que todos, y todos te mandan a la verga por ser un culero individualista, que sólo piensa en sí mismo y no en la necesidades de la gente que lo rodea. Sólo hace falta darle un vistazo a la página del INE, para notar que Anaya perdió en bastiones del PAN y en estados gobernados actualmente por el PAN, cosa que simboliza que muchos panistas de alto calibre, como los candidatos de Puebla, no movieron las estructuras a su favor, provocando el abandono del voto duro del partido color ballena, el cual actualmente se encuentra en una pelea interna feroz por quitarle la hegemonía al herido pero aún dominante, grupo de Anaya.

Por su puesto que este estilo aliarse, y luego “desplazar” a sus aliados en el camino hacia la cima, no le parece nada grave a Jorge Castañeda, y a ese sector del electorado, que dice saber “cómo funciona el mundo” y que te explica que en la política las alianzas existen hasta que te estorban. Yo también pensaba como ellos, pero como te dije llevo varios años intentando matar esa visión aprendida que tengo del mundo, y que al parecer fue el mantra de Ricardo durante su ascenso. Según este artículo y muchos otros que han publicado diversos medios, Anaya tiene una carrera llena de traiciones: un día era apoyado por el ex presidente del PAN, Gustavo Madero, para ser su sucesor, a cambio de darle la coordinación de la bancada, y al otro, no cumplia su palabra poniendo a uno de sus hombres, para después mandar al congelador a Madero. Un día apoyaba el pacto por México tomado de la mano con Peña Nieto, y al otro lo criticaba para posicionarse como candidato. Un día se mostraba como un presidente de partido muy democrático y amplio, pero al otro impedía la candidatura de Margarita Zavala, provocando la salida de la misma. Como respuesta a cuentos como los anteriores, muchos podrán decir que estos son simplemente hechos retorcidos, mismos que obedecen a una sola versión de la historia, pero aún así, no podemos negar que se nos pegaron a la cabeza durante la campaña, y que de ellos creció una narrativa que provocó que nadie confiara en Anaya dentro los círculos políticos, ni en gran parte del electorado panista, haciendo que su apodo de “el cerillo” (gracias a la idea popular de que Anaya incendia lo que toca) tomara más sustento, frente al débil discurso de su coalición política, lo cual fue como un letrero de “cuidado con este culero”, para todos sus posibles aliados, quienes ya tenían implantada la idea de que cualquiera que confíe en Riqui, es traicionado por Riqui.
PASO 2 PARA NO GANAR LA PRESIDENCIA: No tener empatía hacia tus votantes.

Una exigencia común entre muchos votantes panistas, es conservar su supuesto bienestar económico y social, así como una sociedad con libre mercado, para tener más crecimiento económico, y por lo tanto empleos y mejor pagados, es decir, un buen punto de partida para ganarse las cosas por su propia mano sin ser “mantenidos”. Por mucho tiempo estos intereses estuvieron alineados narrativamente al cuento de que la inversión extranjera sin limitaciones en el país, promovida por la propaganda del neoliberalismo mexicano, era la llave para el desarrollo. Cosa que en el caso del TLCAN, fue cierta sólo para una parte privilegiada de la sociedad mexicana, más específicamente para algunos sectores de la población de la parte centro (como siempre) y en este caso, el norte de nuestro país, siendo estos últimos los más beneficiados, debido a que la región es estratégica para el comercio libre con los norteamericanos, lo que provocó la apertura de mucha industria en los estados del norte del país, dejando olvidado al mismo tiempo al sur, tan olvidado, que actualmente hay mexicanos del norte, que creen que sus votos no deberían valer tanto como los de la gente del sur, cuando la verdad es que actualmente las entidades que más dinero aportan al país son La Ciudad de México y el Estado de México, ya que aunque es indiscutible que en los últimos años el crecimiento en el norte ha sido mayor, México no va a dejar de ser de la noche a la mañana, un país que ha sido asquerosamente centralista durante toda su historia.
Aunado a esto, hay otras personas que también fueron jodidas, ah no, perdón Jorge Castañeda, “desplazadas” por el TLCAN, y no son mexicanas, sino que viven más allá del río bravo, justo en la Norteamérica profunda, donde hubo tantos cierres de fábricas, las cuales también se fueron para reabrir en el “beneficiado” norte de México, y en otras regiones del mundo, dejando a un grupo gigantesco de personas en la pobreza, rezagando ciudades y borrando pueblos. Cabe destacar que muchos de estos norteamericanos olvidados son blancos y precisamente son los que pusieron a Donald Trump en el poder, gracias a que fueron seducidos con una narrativa nacionalista de ultraderecha, que no los veía para abajo como basura blanca racista, y que al mismo tiempo, criticaba y desgastaba constantemente la narrativa que los llevó a la ruina: que la inversión extranjera y los tratados de libre comercio son la clave de su prosperidad.
En un escenario como este, en donde el neoliberalismo comienza a ser castigado por los votantes en los procesos democráticos alrededor del mundo, lo mejor que podía hacer el PAN en 2018, era copiar en los aspectos que se pudiera copiar de la narrativa de Trump, y hacer su versión mexicana de extrema derecha nacionalista, resaltando los valores tradicionales como respuesta ante la violencia y la desdicha mexicana milenaria, quizás por eso antes de la elección, algunas encuestas reflejaban que Margarita Zavala estaba a la cabeza del proceso, así que existía terreno para una narrativa conservadora, una narrativa que me caga, y que creo que no habría sido suficiente para su victoria, contando todos los defectos que tiene Margarita como candidata, pero sin duda creo que ella con una odiosa narrativa de extrema derecha tipo Mikel Arreola, habría sacado a las urnas a los mllones de mexicanos conservadoras machistas, clasistas, y racistas, que desean en el poder a alguien defienda sus creencias en medio de esta ola de progresismo internacional.

Sin embargo al PAN le tocó estar a merced de un ambicioso personaje de cabeza rapada, y sonrisa atemorizante, muy alejado del nacionalismo, tan alejado que muchos medios reportaron que su familia directa ni siquiera vivía en México, por lo que pasaba gran parte de su tiempo en Estados Unidos. Además decidió aliarse con el PRD, el enemigo histórico de los conservadores, lo que provocó una crisis profunda en el votante tradicional del partido azul, que vio sus esperanzas de más trabajos y mejor pagados, rotas en cuando Anaya anunció esa idea de pagarte sólo por existir a la gente, llamada renta básica universal, conocida por tu pariente panista de hueso azulado como: “el paraíso de los mantenidos”. Es claro que esta idea de “asistencialismo mata pasiones derechistas” fue pensada para ese sector de la izquierda al que le caga el dinero y quiere vivir fuera del sistema de competencia capitalista actual (como yo), pero la verdad no fue lo suficientemente atractiva como para que me dieran ganas de votar por el PAN, ni para la gente “huevona” como yo, así que no sirvió de mucho, y al mismo tiempo fue veneno para el votante tradicional del partido, quien huyó hacia otras opciones, cayendo inclusive en esa que prometía mochar manos.
En mi opinión lo que tenía que hacer el candidato, era irse lo más a la derecha mocha-intolerante-posible, y al mismo tiempo ser lo más nacionalista posible. Pero en lugar de eso, no con conforme con su perfil cero patriota, cero cercano a la gente, se fue a visitar a Merkel, arrancó su campaña en Santa Fe, y nombró como asesor a Jorge Castañeda un personaje desconectado del contexto mexicano, quien se ensañó en aplicar la misma “neoliberaliña” del voto útil aspiracional que le salió con Fox, aunque ya habían pasado 18 años y México fuera otro. Ninguno de esos movimientos, por obvias razones, ayudó a Riqui llegar a los Pinos, en un país sumido en la ola de hartazgo ante la promesa rota del neoliberalismo de mejores empleos y prosperidad.
PASO 3 PARA NO GANAR LA PRESIDENCIA: No tener empatía con tu principal adversario político.

A principio de la campaña algunos personajes señalaron lo peligroso que era López Obrador en 2018, simplemente porque sus rivales llevaban mucho tiempo confiados de que se tropezara como siempre “le pasa” (NOTA: Yo creo que esto no “le pasa”, sino que se lo hacen, que en política mexicana, es lo mismo a que te pase, ningún político va a decir en público que le puso el pie al otro, así que siempre dirán que simplemente “le pasa”).
Además, personajes pertenecientes al círculo cercano del ex estratéga de Anaya, como Leo Zuckerman, venían minimizando desde antes de la elección, la obvia experiencia del Tabasqueño en campañas presidenciales, promovieron la narrativa de que López Obrador, es el peor enemigo de López Obrador.
Yo por mucho tiempo también pensé que Andrés Manuel se dispararía en el pie, que algo le sacarían, que el PRI de Atlacomulco no le permitiría ganar ni la mitad de los votos que proyectaban las encuestas, pero hoy a un mes de su triunfo, puedo decir que el cambio era inevitable, su triunfo era inevitable. AMLO tiene una habilidad electoral sin precedentes en México, suficiente como para crear un partido, el cual en menos de 6 años se transformó en la primera fuerza política del país sin disparar una sola bala. Todo esto era evidente desde el inicio de la campaña. Si sus rivales hubieran aceptado los sondeos y las tendencias, en lugar de irse a ese lugar fantasioso en donde la totalidad de las encuestas no dicen que “vas a perder bien culero”, tal vez habría sido al menos, una campaña más competida. Pero no, en lugar de eso, el equipo de Anaya se sintió muy confiado de su triunfo, mientras el equipo de Amlo trabajaba como reloj para dominar la agenda mediática que Anaya, apenas rozó en algunos días de la campaña con todo y sus conferencias mañaneras fallidas. Aún así, escuché a varios votantes de Anaya decir hasta un día antes de la elección, argumentos como “No lo van a dejar pasar”, “¿Cómo crees que ese güey va a ser presidente? Antes lo matan” y frases por el estilo que me demostraron que después de tantos años de ver las cosas no cambiar, ellos también prefirieron vivir en ese lugar fantasioso, en donde las encuestas no estaban diciendo la verdad, y en donde ese tsunami electoral morenista, era una fantasía de los chairos pendejos que no captan que viven en México, y aquí nada cambia.

De manera irónica, escuché decir aún durante la noche del 30 de junio, a unas horas de la elección, que el tabasqueño obviamente tropezaría, cuando yo llevaba meses seguro de que ni Meade, ni Anaya, habían logrado tocarlo y que AMLO estaba en su mejor momento, cosa que narrativamente ninguno de sus contrincantes al parecer entendió a tiempo, arrancaron y permanecieron en una pose desde donde lo subestimaron, demostrando que no fueron lo suficientemente empáticos como para notar que AMLO, después de todas sus derrotas frente al sistema mexicano, era el contrincante más complicado que puedes tener en una elección, y que por supuesto no se tropezaría otra vez. Tampoco entendieron que si repites el mismo discurso de miedo de siempre, en algún momento deja de dar miedo, aunque tu creas que sigue siendo muy efectivo y que la gente está pendeja por no entender el peligro que representa. La gente no está pendeja, sólo no eres empático hacia ella y no sabes qué le preocupa. Aunque nos cague, los humanos somos esclavos de la condición que nos dio esta sociedad, y desde esa condición opinamos, sin intentar entender aunque sea un poco, lo complejo de la realidad que viven otras personas, sobre todo si son personas que consideramos inferiores por una cuestión sexual, racial, educativa, económica, religiosa o cultural.
PASO 4 PARA NO GANAR LA PRESIDENCIA: No tener empatía con el presidente.

A ningún criminal le gusta que le digan que lo van a meter a la cárcel, y aunque Peña Nieto, nuestro aún presidente no se le ha comprobado ningún crimen directamente, su relación directa con criminales de su mismo partido, lo hace presa fácil para la siguiente administración. Inclusive si se comprueba que él personalmente no es un criminal, el desprestigio que devendría de un proceso en su contra, e inclusive una captura, sería el último clavo del ataúd del PRI, aunque muchos de nosotros sigamos creyendo que el PRI, realmente no muere, sólo se transforma.
En ese aspecto, Peña Nieto, tenía tres opciones cuando vió que Meade, no la iba a armar.
1. Dejar pasar a AMLO, con lo que podría ser al menos por unos días, un presidente demócrata y perdonado.
2. Operar contra AMLO y apoyar a Anaya, un güey que le caga y así seguir con el bipartidismo sin fin de México.
El problema de todo esto, es que unos meses antes del fin de la elección, Anaya inicio un beef de raperos con el presidente, al decir que básicamente lo iba a meter a la cárcel por meterse al proceso electoral si llegaba a la presidencia. Riqui siendo el mismo Riqui de siempre. En fin, imagina por dos segundos que eres Peña Nieto y que te metiste al proceso electoral en contra un candidato y de pronto te cachan, ¿tú qué habrías hecho? ¿no sería la decisión de cualquier persona con cierto peligro de ser encarcelada, seguir hundiendo en su propia mierda al güey que juró encarcelarla? No te confundas, lo que estoy haciendo en este momento, no es darle la razón a Peña, sólo estoy siendo empático hacia la condición que imagino que tiene, para entender por qué el PRI y el PAN no llegaron al acuerdo al que siempre llegan aunque anden peleados. Sólo piénsalo, si tu muerte política estuviera cercana, ¿por quién te dejarías matar? ¿Por el Tabasqueño que ofrece redención pública si lo dejas ganar? ¿Por el malandro queretano que dice que si gana después de matarte va a usar tu piel como traje?
Yo creo que la respuesta es obvia para todos, menos para Ricardo, quién prefirió verse emprendedor, pensar fuera del cubo, antes que ser empático con el güey del partido tricolor, el cual maneja un sistema con el poder de impedir que llegues a la presidencia, y que sin duda estará en búsqueda del mayor beneficio en un escenario político adverso para su figura. Muchos analistas creen que ese fue el peor error de Anaya, destruir definitivamente con una declaración, la única posible alianza PRI-PAN que podría competirle a un AMLO en modo súper sayayin cuatro.
PASO 5 PARA NO GANAR LA PRESIDENCIA: No tener empatía con México.

“Pinche chairo ignorante” “Votar por López Obrador es de pobres” “Yo no hablo con pejezombies, yo hablo con pura gente bien”, son sólo tres ejemplos de los argumentos que tenían los escasos votantes del PAN en redes sociales, cuando recibían el rechazo por más usuarios de los que imaginaban que llegarían, después de sus ataques a López Obrador. Eran tan pocos que hasta se sentían una elite, como si de alguna manera, fueran tripulantes de un barco lleno de clasistas “woke” a punto de ser devorados por las olas de los nuevos e ignorantes tiempos. Creer que los movimientos sociales son de gente “ignorante”, obedece justo a una falta de empatía hacia las necesidades que tienen otras personas, mismas que las obligan a tomar decisiones políticas, que muchas veces, serán incomprensibles para ti, sobre todo si vives en una realidad económica y social alejada de la del votante que criticas. Por eso hay cierto tipo de políticos que durante la historia, han usado una narrativa más socialista y nacionalista, misma que formó al PRI y a México a través de sus conflictos, esa narrativa revolucionaria que apoya a las clases bajas y propone salvar al pueblo. La cosa es que cuando esa narrativa despierta, no hay chiste clasista, advertencia déspota, o recomendación cargada de palabras ofensivas, que detenga el mar de inconformidad capitalizado a través de recordar, los simbolismos patriotas con ecos de revolución que forman parte del ADN de los mexicanos, patrocinados por la estrategia de la SEP de volvernos fans de los héroes de México y de sus revolucionarios, sin entender el descague de traiciones y promesas rotas que fueron cada uno de esos procesos.
Hemos tenido antes en nuestra historia, caudillos que vencen a otros menos conectados con México, simplemente porque no son empáticos hacia lo que somos como país, y porque durante mucho tiempo los mexicanos, tampoco fuimos muy empáticos al dolor que hemos pasado. Nos ha costado entendernos, y eso ha sido usado como capital político para que la mayor cantidad de mexicanos apoyemos a estos personajes que se enfrentan al sistema representándonos, y siempre lo logran, aunque al final después de algunos cambios de rumbo, todo se vaya de nuevo a la mierda, pero tampoco por eso estamos condenados a que sea así eternamente, en la historia también hay momentos de anomalías. Además a los mexicanos, nunca se nos muere la esperanza, ni el humor, ni el amor a las frases simples, como esa que hirió de muerte a Anaya en el último debate: “Riqui Riquin Canayín”, una mágica combinación de palabras, que resume toda la narrativa de que “Anaya es un niño rico que hace fraudes con parques comerciales y es un Canayín traicionero que hace todo por poder”.
Todo esto no es coincidencia, es parte de la empatía que tiene López Obrador hacia lo que es México, lo que necesita escuchar. No me refiero únicamente en materia electoral, si recuerdas durante el proceso militantes de todos los partidos renunciaron para sumarse al movimiento morenista, incluso del PAN, y a muchos de ellos los recibieron dando una señal de empatía hacia facciones votantes de otras coaliciones. El tabasqueño ofrecía lo que fue tomado como una absolución, que resultó ser muy seductora para los políticos preocupados por el declive de los partidos tradicionales mexicanos. Así mismo López Obrador fue lo suficientemente empático como para entender que México es un país de conservadores, y uno se tiene que modular, así se ganó el voto moderado mexicano el cual es gigante, y huyó de un PAN que se quería ver muy fresco para los emprendedores mexicanos y de un PRI lleno de lodo y campañas que no se entienden. López Obrador fue empático sobre todo con los priistas, porque él fue priista, y entiende al partido desde adentro, entiende la historia de lo que es Peña Nieto y lo que representa, le queda claro que al sistema se le tiene que besar la mano antes de que te pasen el control del sistema, y jugó sus cartas aún con riesgo de perder a una facción de votantes que hoy en día están molestos con su actitud conciliadora, y con algunas decisiones que ha tomado para incluir y colaborar con personajes que consideramos nefastos, porque aunque nos cague y nos dé terror, López Obrador, para gobernar, tiene que ser empático con los villanos de las narrativas que tenemos en la cabeza, así fue como ganó la elección, y así es como va a ser en su mandato.
Ahora que es la primera vez en mi vida que el candidato por el que voté gana la presidencia, debo de confesar que me dieron muchas ganas de ser un culero burlándose de los panistas y la derrota de un candidato que representa mucho del clasismo, individualismo y racismo que se me enseñó en México y del cual estoy harto. Sin duda lo fui en varios posteos, no lo voy a negar, pero creo que no puedo seguir cayendo en la misma pose elitista que tuvieron Priistas y Panistas en sus respectivas victorias, creo que más que volverme un prepotente de la izquierda, lo que tengo que hacer es entender, y ser empático, hacia ese grupo de gente que actualmente se sienten como los perdedores de la historia, no quiero caer en la misma actitud de la verga que tuvieron conmigo, no quiero seguir propiciando ni replicando esas partes de la cultura mexicana que nos hacen odiarnos, y que llevaron a la ruina al candidato del PAN. Hoy entiendo que la muerte política de Anaya, más que una victoria, fue el ocaso de esa parte que odio tanto de nuestra mexicaneidad, y que espero que se vaya apagando poco a poco dentro de mí, hasta extinguirse.

