Por qué es importante el propósito de tu compañía

Existe un momento en la historia de Pixar que pocos conocen pero que terminó siendo gran parte del éxito de todas sus películas desde Toy Story I.

Al comienzo, Pixar estaba lejos de ser una productora de películas animadas. Durante la década de los 70, Edwin Catmull (co-fundador de la compañía) trabajaba en el Instituto Tecnológico de Nueva York mientras realizaba sus estudios en la Universidad de Utah, donde contribuyó en la creación de la primera animación generada por computadora de la historia. Fue en ese entonces donde decidió que no pararía hasta crear el primer largometraje producido íntegramente por computadora.

En 1979, Ed fue contratado por un joven realizador audiovisual llamado George Lucas quién había alcanzado cierta fama por su largometraje Star Wars. Durante su estadía en Lucas Film, Catmull encabezó el departamento que desarrolló un complejo hardware para ayudar a crear imágenes animadas que luego se proyectarían en la gran pantalla. El resultado de este experimento fue una revolucionaria computadora especializada en escaneo de imágenes al que hicieron llamar Pixar Image Computer.

P-II Pixar Image Computer

Por su excesivo precio en el mercado. el producto no se vendió bien y sumado a los problemas financieros que afrontaba Lucas Films en esa época, la división estuvo al borde de la quiebra y desaparición. Fue entonces que en 1986 Steve Jobs, atraído por los avances tecnológicos del equipo, decidió adquirir la división y transformarla en una compañía independiente de animación llamada “Pixar”.

Cinco años más tarde, la productora llega a un acuerdo con Disney para crear y distribuir “al menos una película animada y generada por computadora”. El sueño de Ed estaba a punto de hacerse realidad y la compañía dejaría de producir publicidades y cortometrajes para dedicarse a lo que siempre aspiraron. Podemos considerar 1991 como el año en donde se gestó Toy Story.

Woody diseñado por Bud Luckey. Fuente

En 1995 Toy Story es proyectada en todos los cines del mundo, recaudó alrededor de $362 millones de dólares a nivel mundial y gracias a un inteligente movimiento de Steve Jobs la compañía salió a la bolsa. El resto es historia.

Para entonces pensarán que Ed estaba transitando los mejores años de su vida. Sin embargo había caído en una profunda crisis existencial que lo desmotivó por completo. Al haber alcanzado el horizonte que se marcó 25 años atrás donde decidió producir el primer largometraje por computadora de la historia, Catmull había perdido todo el sentido de su carrera y no encontraba razones para continuar con Pixar. Literalmente.

Le llevó un año descubrir cuál iba a ser el nuevo motor de su carrera profesional y la razón para continuar en la compañía. Había sido testigo de muchas empresas que habían alcanzado el éxito como lo había hecho Pixar y luego quebraban. ¿Cómo iba a hacer para evitar que le suceda lo mismo?

Y un día el corazón le dio la respuesta:

Dedicaría su vida a construir una cultura basada en la creatividad y que sea sostenible en el tiempo.

Los japoneses tienen una palabra para definir este hallazgo al que llegó el co-fundador de Pixar. En su cultura, utilizan el término “Ikigai” (pronunciado como Ick-ee-guy) para referirse a la “razón de vivir” o “la razón para levantarse de la cama todos los días”.

Así como la búsqueda del propósito es uno de los grandes enigmas y desafíos de nuestra vida, lo mismo sucede con las empresas.

En un mundo en donde las posibilidades están a una aplicación o click de distancia y combatimos constantemente con el ruido vacío de contenido, las compañías basadas en un propósito son aquellas que mayor atención y respuesta reciben del mercado.

Repasemos los siguientes ejemplos:

El propósito de Amazon es el de posibilitar la libertad de elección.

El de IBM es construir soluciones para un mundo cada vez más inteligente.

El de Coca-Cola inspirar momentos de felicidad.

Estamos presenciando un nuevo modelo económico en donde las organizaciones tienen éxito en la medida en que contribuyen a la realización profesional de sus equipos, buscan impactar positivamente en el planeta y trabajan en construir relaciones a largo plazo con sus clientes. En la práctica, las compañías guiadas por un propósito son más propensas a:

Tener empleados más satisfechos

Como concluyó este estudio de la Universidad de Harvard, los empleados que trabajan con un sentido claro poseen el doble de satisfacción y son tres veces más propensos a permanecer en la compañía para ayudarla a alcanzar el éxito.

Clientes más leales y satisfechos

En un mundo atestado de información y marcas, una compañía con un propósito claro tiene más posibilidades de resaltar en el mercado que su competencia. El reconocido autor Simon Mainwaring, afirma que 91% de los consumidores está dispuesto a cambiar de marca si esta es guiada por un propósito y tiene un precio y calidad similar a la competencia.

Mayores ingresos

En el libro Corporate Culture and Performance, los autores John Kotter y James Heskett resaltaron que en 10 años las compañías guiadas por un propósito superaron en ventas a su competencia hasta doce veces en el precio de stock.

La compañías que se enfocan únicamente en obtener retornos de inversión sin buscar generar un impacto significativo en su público tiene una gran chance de pasar desapercibida en una economía cada vez más compleja y competitiva. Hoy las personas buscan construir relaciones con productos que comprendan sus necesidades y se identifiquen con los valores y creencias que guían su vida. A diferencia de las organizaciones basadas en retornos, aquellas que se basan en un propósito son capaces de construir una identidad propia y sostenerse mejor en el tiempo al contar con un horizonte claro que los oriente con el correr de los años.

Aunque resulta sencillo imaginar la tarea de definir el propósito para nuestra empresa, en la práctica es uno de los desafíos más complejos y necesarios que debe transitar cualquier emprendedor. De nada sirve tener en claro un propósito si el producto, servicio o cualquier actividad realizada no es un reflejo de la profunda necesidad de la compañía por materializar esas intenciones.

Cualquiera que haya emprendido algo con perspectivas a largo plazo ha sido testigo de ese momento de completa desorientación y pérdida de sentido sobre lo que hace. Déjenme decirles esto: esa sensación es más común de lo que parece.

Es en los momentos de mayor oscuridad en dónde se desactiva nuestro modo automático y debemos detenernos a reflexionar: ¿Realmente creo en esto que estoy haciendo? ¿De qué está hecho el motor que hace mover este proyecto? ¿Cómo lo que hacemos puede impactar positivamente en las personas?

Cualquier proyecto sin propósito es como una hoja que se desplaza en el viento sin un rumbo claro. En el momento en que comenzamos a depositar intenciones humanas y deseos de mejorar la vida de las personas a través de nuestros productos o servicios, se nos abre todo un abanico de posibilidades que trascienden las fronteras de lo existente.

A veces la verdadera satisfacción llega no solo trabajando de lo que disfrutamos sino también cuando servimos a un propósito más grande que puede impactar positivamente en la vida de las personas. Hoy más que nunca las personas están poniendo su dinero en donde se encuentran sus corazones y como creadores tenemos la profunda responsabilidad social y empresarial de dirigir todos nuestros esfuerzos hacia el desarrollo de ideas que transformen y redefinan nuestra manera de comportarnos y percibir el mundo que nos rodea.


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