Relato del Sábado 0.1

Cuando chiquito comencé a vender lilas porque el mercado de betas estaba saturado. Las lilas tenían varias ventajas: se vendían al mismo precio de los betas, no se morían si las dejabas de alimentar, crecían como verdolaga, el capital inicial era un viaje a cualquier cañada (que mi primo Jeremy bien me sabía orientar al respecto) y nadie sabia que las quería hasta que se las ofrecías.

Las Lilas siempre me gustaron. Ese verano gané dinero suficiente para convencer a mi mamá que me ayudara a completar las boletas para ver a Harry Potter y el Prisionero de Azkaban, que era muy fan y nunca había visto a Harry en el cine. Al final mi mamá me pagó la boleta completa, creo que gasté el dinero en un viaje escolar.

La temporada de betas acabó y pasaron a las canicas, que era un mercado poco saturado y al que le sacaba el doble de ganancias. Tocaba secar las lilas y pensar como diablos iba a ganar suficientes canicas para comenzar a vender sin tener que comprar.

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