Va corriendo

Corre rápido, como desesperado.
Corre como si su vida depende de ello.
Como si un taxista de Managua lo tiro en algún barrio desolado, a media noche, después de quitarle hasta el último centavo.

Preguntale adónde corre, o porqué va como desesperado.
Preguntale qué lo espera, quién lo espera, o si acaso de verdad lo esperan.

Le tiemblan las manos; confunde palabras, gramática, idiomas y oraciones.
Es como un junkie que perdió todas sus venas.

Pero él no lo nota.
Desde su perspectiva él no corre: el mundo va demasiado lento.
“No estoy nervioso, nada me pasa. Cállense por amor a Dios, que estoy bien”.

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