Discusiones digitales

Desacuerdos y discordias en tiempos de likes

Acto uno: alguien publica un post en Facebook. Casi siempre son columnas polémicas, opiniones adversas y contraindicaciones a lo “políticamente correcto”. Acto dos: otro-alguien, seguramente yo, tú, cualquiera de nosotros alguna vez en un día normal, comentamos el enlace diciendo que no estamos de acuerdo, o que sí pero… Acto 3: el autor del post (que a veces también es el autor de la columna por ejemplo) te contestará justificando su opinión que ya fue justificada. Acto 4. Esto será un loop infinito hasta que el debate termine en un “En fin”, “Pero yo qué sé” y el clásico “Saludos cordiales”.

La cosa es que nunca sé cómo terminar una discusión en las redes sociales. Así, directo y sin rodeos. Yo aplico la de darle like y hacerse el weon, como dice un amigo.

En Twitter la cosa no es muy diferente. Les cuento (*se afina la garganta*): algún tema se pone en boca de todos. En el caso del microbloggin; los dedos, teclados y pantallas de los usuarios se atascan del llamado hype (o mame) y todos nos sentimos expertos en política internacional, economía, ingeniería petroquímica y el tema favorito: muertos célebres, escritores, cantantes, actores, mandatarios y personajes mediáticos. La dinámica consistirá en estar de acuerdo o desacuerdo con su obra y vida y discutir a tuitazos un punto de vista personal sacando las mejores armas; si la filosofía ayuda que ayude, si la sociología destruye, pues que lo haga, si el estudioso de los medios sabe algo que lo diga, si el diseñador hace memes que los comparta…

Hablo de Twitter y Facebook porque son las redes sociales que más utilizo y con las que trabajo. Lo sé, vaya mierda no poder tuitcidarse o desaparecer del Caralibro a mi antojo. Por eso es que conozco el tren del mame diario y los temas feisbukeros así como los típicos usuarios, clichés, lugares comunes y hasta aseguraría que puedo predecir los distintos tipos de discusiones a las que uno llega “nomás pa’ ver los comentarios”.

[Aquí va una imagen de Michael Jackson comiendo palomitas]

En la filosofía antigua había dos formas de conceptualizar las opiniones. Doxa y Episteme, o sea la opinión burda y reproducible y la opinión “verdadera” y sustentada. Quisiera decirle a Platón y Aristóteles que sus categorías en el mundo de las redes han valido para pura chingada pues la doxa muchas veces se confunde con la espisteme y viceversa. En la era del like y te comento, te comento si compartes, te comento porque compartiste, te comparto mi comentario, le doy like a tu comentario y déjame compartir tus comentarios para que les den like y pueda comentarte después, lo doxaepistémico no tiene ningún sentido. Lo que yo diga vale igual que lo que deje de decir.

Traigo el tema porque esta mañana estuve “peleando” con un escritor en Facebook. No fue algo grande. Incluso podría decir que me dieron ganas de enviarle una solicitud de amistad y retomar la discusión en vivo, a todo color, y sin el valorcito que agarramos cuando estamos tras una computadora. La gente suele reservarse su sincera opinión cuando está frente a frente y saca a relucir la mejor torpeza humana. Lo auténtico de una conversación es escuchar más que hablar; es contestar preguntas más que lanzar respuestas. Quisiera discutir más con estas personas, sin caer en los eufemismos amables, los elogios fríamente calculados y con la posibilidad de decir “no hay pedo, la vida sigue”.

Pero no. Porque no sé concluir discusiones cibernéticas y las evito a toda costa. Los años me han enseñado a contener los dedos y pensar mejor mis comentarios. Desconozco hasta qué punto mi estrategia ha sido efectiva y si sigo siendo intenso o “arenoso”, aunque según yo, ya no sea esto un logro del cual haya que sentirse orgulloso.

Termino este texto deseando lo mejor para sus discusiones en la red. No lo hagan en Twitter, les aconsejo. Ahí somos más anónimos en la de por sí posibilidad del incógnito que otorga el Internet. Pero si ya van a discutir contra otros usuarios, en Facebook o Twitter, traten de concluir lo más pronto posible. Si son amigos, suspendan el tema para el tiempo de las cervezas y el café. Si son desconocidos no llegarán a ningún lado. Tal vez al desperdicio de datos y tiempo y no más. Pero si son necios y se creen esos cuentos de Platón y Aristóteles adelante. Les aseguro que tendrán la razón, porque un like y el silencio, es el premio al que se cree esos cuentos.