Cosas que permanecen

Mi vida sin la gente no sería nada. No sería nada sin el humor y las risas, sin los consejos y los oídos de los que me aman, sin los regaños de quienes me hacen crecer. No sería nada mi vida sin el amor, sin la esperanza de lo infinito, sin la ilusión que me da el crear.

Mi vida estaría vacía sin las tormentas, sin las lágrimas y sin las grandes lecciones, sin los retos o las paredes que se levantan frente a mi. Sin los muros, no habría entendido que no he de ser ladrillo, que prefiero convertirme en planta o en ave para dejarme florecer y volar.

Quiero llegar a mis 90 y mantener fuerte la duda y no pensar que lo he vivido todo. No quiero resolver el gran misterio. Quiero pasar por aquí estrechando bien las manos, cerquita de la gente, abrazada de las letras, aferrada a la locura y poseída por la música. Sólo quiero más risas y largas caminatas, muchos paisajes verdes con azul, muchos sonidos de animales y atardeceres en playas, montones de abrazos largos y besos apasionados.

Quiero admirar los árboles y mirar las estrellas, sentir la presencia del sol aunque esté nublado. Que la lluvia acompañe todas mis nostalgias y que la luna me mueva como lo hace con el mar. Mantener fuerte todo aquello que me llene y que en la vida me quede, aunque la muerte me lleve.

Ensenada, 2015.

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