la fluidez del capital

“Así como a los poseedores de mercancías el valor de uso de las mismas sólo les interesa en cuanto depositario de su valor de cambio, a los capitalistas sólo les interesa el proceso laboral en cuanto vehículo y medio del proceso de valorización. Dentro incluso del proceso de producción — en la medida en que es un proceso de valorización — los medios de producción continúan siendo un simple valor monetario, sin que importe cuál es la forma material particular, el particular valor de uso en que este valor de cambio se representa; exactamente al igual que dentro de ese proceso el trabajo mismo cuenta no como actividad productiva que tiene un carácter útil determinado, sino como sustancia creadora de valor, como trabajo social en general que se objetiva y en el cual únicamente interesa un elemento: su cantidad. Para el capital, pues, cada rama particular de la producción no es más que una esfera particular donde se invierte dinero para convertirlo en más dinero, para conservar y aumentar el valor existente o para apropiarse de plustrabajo. En cada esfera particular de la producción es diferente el proceso de trabajo, y también lo son, por tanto, los factores de ese proceso. Con husos, algodón e hilanderos no se hacen botas. Pero la inversión de capital en esta o aquella rama de la producción; las cantidades en que el capital total de la sociedad se distribuye entre las diferentes esferas de la producción, y por último la proporción en que emigra de una esfera a otra, todo ello está determinado por la proporción variable en que la sociedad necesita los productos de esas ramas particulares de la producción, esto es, de los valores de uso de las mercancías creadas por aquéllas; aun cuando, en efecto, únicamente se paga el valor de cambio de una mercancía, se la compra exclusivamente por su valor de uso. (Como el producto inmediato del proceso de producción es mercancía, el capitalista sólo puede realizar el capital que al término del proceso exista bajo la forma de mercancía, y por tanto sólo puede realizar la plusvalía contenida [en] el mismo, en la medida en que encuentre compradores para sus mercancías). El capital empero, en sí y para sí es indiferente respecto a la particularidad de cada esfera de producción, y sólo la mayor o menor dificultad en la venta de las mercancías de esta o aquella rama productiva determinará dónde se invierte aquél, cómo se invierte y en qué medida pasará de una esfera a otra de la producción o se modificará su distribución entre las diversas ramas productivas. En la realidad esta fluidez del capital tropieza con fricciones, que no es del caso examinar aquí en detalle. Pero corno veremos más adelante, por un lado se procura los medios para superar esas fricciones, en cuanto derivan únicamente de la naturaleza inherente a la relación de producción; por otra parte, con el desarrollo del modo de producción que le es característico, el capital echa a un lado todos los impedimentos legales y extraeconómicos que dificultan su libertad de movimientos entre las diversas esferas de la producción. Ante todo, abate todas las barreras legales o tradicionales que le impiden adquirir a su arbitrio tal o cual tipo de capacidad de trabajo, o apropiarse a voluntad de este o aquel género de trabajo. Por lo demás, aunque la capacidad de trabajo posee una forma peculiar en cada esfera particular de producción — como capacidad para hilar, hacer calzado, forjar, etc. — y por consiguiente para cada esfera particular de la producción se requiere una capacidad de trabajo que se ha desarrollado unilateralmente, una capacidad de trabajo especial, esa misma fluidez del capital implica su indiferencia con respecto al carácter particular del proceso laboral del que se apropia, la misma fluidez o versatilidad en el trabajo, y en consecuencia en la aptitud que tiene el obrero de emplear su capacidad de trabajo. Veremos que el mismo modo de producción capitalista crea esos obstáculos económicos que se oponen a su propia tendencia, pero que quita de en medio todas las trabas legales y extraeconómicas que se alzan contra esa versatilidad. Así como al capital, en cuanto valor que se valoriza a sí mismo, le es indiferente la forma material particular que reviste en el proceso laboral — trátese de una máquina de vapor, un montón de estiércol o seda — , al obrero le es igualmente indiferente el contenido particular de su trabajo. Su trabajo pertenece al capital, no es más que el valor de uso de la mercancía que el obrero ha vendido, y la ha vendido únicamente para apropiarse de dinero y, mediante éste, de medios de subsistencia. El cambio en el género de trabajo sólo le interesa por cuanto todo tipo particular de trabajo exige un desarrollo distinto de la capacidad laboral. Cuando su indiferencia respecto al contenido particular del trabajo no le proporciona la facultad de cambiar sin más ni más su capacidad laboral, manifiesta esta indiferencia lanzando a sus reemplazantes, a la generación subsiguiente, de un ramo a otro del trabajo, conforme a las exigencias del mercado. Cuanto más desarrollada está la producción capitalista en un país, tanto mayor es la versatilidad en la capacidad de trabajo, tanto más indiferente el obrero con respecto al contenido particular de su trabajo y tanto más fluido el movimiento del capital, que pasa de una esfera productiva a la otra. La economía clásica presupone como axiomas la versatilidad en la capacidad de trabajo y la fluidez del capital, y tiene razón en la medida en que es ésta la tendencia del modo capitalista de producción, la cual se impone inexorablemente pese a todos los obstáculos que en gran parte él mismo se crea. Para exponer en su pureza las leyes de la economía política se prescinde de las fricciones, así como en la mecánica pura se dejan de lado las fricciones particulares que en cada caso particular de su aplicación es necesario superar”

(Karl Marx en EL CAPITAL, LIBRO I, CAPÍTULO VI INÉDITO)

[vía pablo lovizio]

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